<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322</id><updated>2012-01-22T04:38:34.021-08:00</updated><title type='text'>LA MIMLIOTECA DE MÉIBEL</title><subtitle type='html'>No estan todos los que son ni son todos los que están</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>28</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-3710162897468509393</id><published>2007-08-17T11:34:00.000-07:00</published><updated>2007-08-17T11:50:56.685-07:00</updated><title type='text'>NATHANIEL HAWTHORNE - EL ENTIERRO DE ROGER MALVIN</title><content type='html'>&lt;img src="http://www.librodot.com/illustration/author/hawthrne.jpg" height="150" /&gt;  &lt;b&gt;Hawthorne, Nathaniel&lt;/b&gt; (1804-1864)&lt;br /&gt;Novelista estadounidense. Nació el 4 de julio de 1804, en Salem (Massachussets). Cursó estudios en el Bowdoin College y al acabar se dedicó a la literatura. Al no gozar del reconocimiento del público, intentó destruir todas las copias de su novela Fanshawe (1828), cuya edición costeó. Además escribía artículos y cuentos breves para periódicos. Algunos de estos cuentos se recogieron en Historias dos veces contadas (1837). Cuentan que iba cada día a la biblioteca Athenaeum para investigar y escribir durante unas cuantas horas. En 1839 fue contratado para trabajar como tasador en la Aduana de Boston. Dos años más tarde publicó una serie de apuntes sobre la historia de Nueva Inglaterra, destinada al público infantil, que llevaba como título La silla del abuelo: relatos para los jóvenes (1841). Se une a la sociedad comunal de la Granja Brook, cerca de Boston. Al ser tan duro el trabajo en la granja y no encontrar tiempo para escribir, a los seis meses abandona la comunidad. En 1842 contrae matrimonio con Sophia Amelia Peabody estableciéndose en Concord (Massachussets). Durante los cuatro años siguientes escribió cuentos que, más tarde, fueron publicados bajo el título de Musgos de una vieja rectoría (1846). Entre ellos se encuentran El entierro de Roger Malvin, La hija de Rappacini y El joven Goodman Brown. En 1846, fue supervisor de la Casa de Aduanas de Boston y en 1849 fue despedido, por una reestructuración política. Por entonces ya había comenzado a escribir La letra escarlata (1850), historia sobre una puritana adúltera, Hester Prynne, que, dando muestras de gran lealtad, se niega a revelar el nombre de su amante. Considerada como su obra maestra. En 1850 se radica en Lenox (Massachussets) allí escribió La casa de los siete tejados (1851) y el Libro de las maravillas para chicas y chicos (1852). Durante una corta estancia en West Newton (Massachussets) escribió La estatua de nieve y otros cuentos contados dos veces (1852) y La granja de Blithedale (1852) inspirada en su estancia en la granja Brook. En 1852, regresó a Concord, donde escribió una biografía en compañía de su amigo, el también escritor Franklin Pierce, que llegaría a ser presidente de los Estados Unidos. Tras su elección, recompensó a Hawthorne con el cargo de cónsul en Liverpool. Durante los dos años siguientes, vivió en Italia, tomando anotaciones para El fauno de mármol (1860), obra simbólica. En 1860 regresó a su país. Murió el 19 de mayo de 1864 en Plymouth (New Hampshire) mientras se encontraba de viaje con Pierce, y esta enterrado en Concord.&lt;br /&gt;Publicados póstumamente son sus títulos: Septimius Felton o el elixir de la vida (1872), El romance de Dolliver (1876), El secreto del doctor Grimshawe (1883) y sus Cuadernos americanos (1868), Cuadernos ingleses (1870) y Cuadernos franceses e italianos (1871).&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size:14;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:20;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;EL ENTIERRO DE ROGER MALVIN&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size:20;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Uno de los pocos sucesos de las guerras contra los indios susceptibles de recibir la luz de luna de lo novelesco, fue la expedición emprendida en defensa de las fronteras en el año de 1725, que terminó con la célebre "batalla de Lovell". La imaginación, si tiene el juicio de dejar en la sombra ciertos incidentes, encuentra mucho que admirar en el heroísmo de la pequeña tropa que combatió en proporción de dos a uno en las entrañas del territorio enemigo. La evidente valentía desplegada por ambos bandos se ajustó a la concepción civilizada del coraje; y los propios anales de la caballería podrían sin bochorno registrar las hazañas de uno o dos individuos. La batalla, fatal para quienes lucharon, no tuvo consecuencias tan infortunadas para el país; pues dispersó las fuerzas de una tribu y condujo a la paz que reinó en los años siguientes. La historia y la tradición son extraordinariamente detalladas en sus recuentos de este suceso; y el capitán de una avanzada de colonizadores adquirió tanta fama militar como los victoriosos caudillos de legiones. Pese al empleo de nombres ficticios, algunos hechos contenidos en las páginas siguientes serán reconocidos por quienes han oído, de labios de los viejos, acerca de la suerte de los pocos combatientes que quedaron en condiciones de replegarse tras la "batalla de Lovell". &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;*************&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los primeros rayos del sol bañaban con su luz alegre las copas de los árboles, bajo los cuales se habían dejado caer aquella víspera un par de hombres heridos y agotados. Su lecho de hojas secas de roble se esparcía sobre el pequeño espacio llano al pie de una roca, situada cerca de la cima de uno de los suaves promontorios que moldean los contornos de esa parte del país. La mole de granito, que levantaba su lisa superficie unos seis u ocho metros sobre sus cabezas, no dejaba de asemejarse a una enorme lápida, sobre la cual las vetas parecían componer una inscripción en caracteres olvidados. En un trecho de varios acres a la redonda, los robles y otros árboles de madera dura tomaban el lugar de los pinos que poblaban aquella zona. Cerca de nuestros caminantes se erguía un robusto roblecillo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La grave herida del hombre mayor probablemente lo había privado de sueño, ya que se enderezó penosamente hasta quedar sentado tan pronto dio el primer rayo de sol en la copa del árbol más alto. Las hondas líneas de su rostro y sus cabellos entrecanos denotaban que había pasado de la edad madura; pero su musculatura, salvo por los efectos de la herida, habría sido tan capaz de soportar fatigas como en el vigor temprano de la vida. La debilidad y el agotamiento marcaban ahora sus rasgos; y la mirada desesperanzada que dirigió a las profundidades del bosque probaba su convencimiento de que se aproximaba el fin de su peregrinaje. A continuación volvió los ojos hacia el compañero recostado a su lado. El joven —pues escasamente era un hombre crecido—reposaba con la cabeza sobre el brazo, inmerso en un sueño agitado que a cada momento parecía estar a punto de romperse debido a las punzadas de sus heridas. Con la mano derecha agarraba un mosquete y, a juzgar por la violenta expresión de su semblante, en su sopor volvía a presenciar el conflicto del cual era uno de los pocos sobrevivientes. Un grito—potente y penetrante en el delirio de su sueño—se abrió camino como un murmullo imperfecto entre sus labios y, sobresaltándose hasta de oír el delgado sonido de su propia voz, despertó súbitamente. El primer acto de revivir recuerdos fue preguntar lleno de ansiedad por el estado del compañero herido. Este último sacudió la cabeza.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Reuben, mi chico—dijo—, la roca a cuya sombra nos sentamos será la lápida de un viejo cazador. Todavía nos faltan leguas y leguas de monte desolado; y de nada me serviría que el humo de mi propia chimenea estuviera al otro lado de aquel cerro. La bala india era más mortífera de lo que yo creía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Está cansado por estas tres jornadas—replicó el joven—, y otro poco de descanso lo recuperará. Quédese aquí sentado mientras busco en el bosque las hierbas y raíces que tienen que servirnos de sustento. Cuando hayamos comido se apoyará en mí y enderezaremos nuestras caras rumbo a casa. No dudo que con mi ayuda podrá aguantar hasta algún fuerte fronterizo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—No me quedan dos días de vida, Reuben—dijo con calma el otro—, y no pienso agobiarte más con mi inútil cuerpo, cuando a duras penas puedes con el tuyo. Tus heridas son hondas y vas con rapidez perdiendo fuerzas. Sin embargo, si te apresuras solo, puedes salvarte. Para mí no hay esperanza. Voy a aguardar la muerte aquí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Si ha de ser así, me quedo entonces a cuidarlo —dijo Reuben, resuelto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—No, hijo mío, no—objetó su compañero—. Deja que el deseo de un moribundo tenga influencia en ti. Dame una vez la mano y ándate. ¿Piensas que aliviará mis últimos momentos la idea de que te abandono a una muerte más lenta? Te he amado como un padre, Reuben; y en una ocasión como ésta debo tener algo de la autoridad de un padre. Te ordeno que te vayas, para poder morir en paz.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¿Y porque ha sido un padre para mí debo entonces dejarlo que perezca y quede sin enterrar en la espesura?—exclamó el joven—. No. Si es verdad que se acerca su fin, voy a cuidar de usted y voy a recibir sus últimas palabras. Cavaré cerca de esta roca una tumba en la que, si la debilidad me rinde, yaceremos los dos; o, si el cielo me da fuerzas, me abriré camino a casa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—En las ciudades y dondequiera que residen los hombres —respondió el otro—, entierran a los muertos; los esconden de la vista de los vivos. Pero aquí, donde quizás no va a oírse un paso en cien años, ¿por qué no descansar a cielo abierto, cubierto sólo por las hojas de roble cuando el viento de otoño las esparza? En cuanto a un monumento, aquí está esta roca gris, en la que labraré con mano moribunda el nombre de Roger Malvin; y el caminante en días futuros sabrá que duerme aquí un cazador y un guerrero. No tardes, pues, por este despropósito; y apresúrate, si no por tu bien, por el de la que se sentirá desconsolada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Malvin pronunció estas últimas palabras con voz quebrada y su efecto sobre el compañero fue más que evidente. Le recordaban que había otros deberes menos cuestionables que compartir la suerte de un hombre a quien de nada beneficiaría con su muerte. Tampoco puede aseverarse que ningún sentimiento egoísta pugnó por penetrar al corazón de Reuben, aunque la conciencia lo hacía resistirse con mayor ahínco a los ruegos de su compañero.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¡Qué horrible es esperar el lento paso de la muerte en estas soledades! exclamó—. El bravo no se acobarda en la batalla; y, cuando hay amigos alrededor del lecho, incluso una mujer puede morir sin perder el aplomo; pero aquí...&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—No voy a amilanarme, ni aun aquí, Reuben Bourne—lo interrumpió Malvin—. No soy un hombre de débil corazón y, si lo fuera, existe un soporte más seguro que el de los amigos terrenales. Eres joven y amas la vida. Vas a necesitar más consuelo que yo en tu lance postrero. Y cuando me hayas depositado en la tierra y estés solo, y la noche descienda sobre el bosque, vas a sentir toda la amargura de mi muerte, que ahora puedes esquivar. Pero no quiero incitar un motivo egoísta en tu naturaleza generosa. Déjame por mi bien, de modo que, tras rezar una oración por tu seguridad, me quede tiempo para rendir cuentas sin que me perturben las penas de este mundo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Y su hija, ¿cómo me atreveré a mirarla a los ojos?—inquirió Reuben—. Va a preguntarme por la suerte de su padre, cuya vida juré defender con la mía. ¿Debo decirle que marché con él tres días desde el campo de batalla y que lo abandoné para que pereciera en la espesura? ¿No sería mejor recostarme y morir a su lado que regresar a salvo y contarle esto a Dorcas?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Dile a mi hija —dijo Roger Malvin— que aunque tú mismo estabas gravemente herido, y débil, y agotado, por varias leguas dirigiste mis pasos vacilantes y que me abandonaste sólo a instancias de mis sinceras súplicas, porque yo no quería que tu sangre me manchara el alma. Dile que fuiste leal en el dolor y en el peligro y que si tu flujo vital hubiera podido salvarme, se habría derramado hasta la última gota. Y dile que serás algo más preciado que un padre, que mi bendición cae sobre ambos y que mis ojos moribundos columbran un camino largo y placentero que habrán de recorrer en compañía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Mientras hablaba, Malvin casi se levantó; y el vigor de sus palabras finales pareció colmar el bosque agreste y desolado con una visión de felicidad. Pero cuando se desplomó, exhausto, en el lecho de hojarasca, se extinguió la luz que se había encendido en los ojos de Reuben. Este sentía que era pecaminoso y era necio pensar en la felicidad en aquellos momentos. Su compañero observaba cómo cambiaba de expresión y trató, con generosa maña, de inducirlo a su propio bien.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Tal vez me equivoco respecto al tiempo que tengo por vivir—continuó—. Puede ser que, con pronta ayuda, me recupere de mi herida. Los fugitivos delanteros ya deben de haber llevado noticias del combate fatal a las fronteras y van a enviar partidas de socorro para quienes estamos en estas condiciones. Si te encuentras con una de éstas y los traes aquí, ¿quién quita que pueda sentarme otra vez frente a la chimenea?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Una sonrisa lastimera cruzó el rostro del moribundo al insinuar aquella esperanza infundada; la cual, empero, no dejó de producir efecto en Reuben. Ni el mero egoísmo ni la afligida situación de Dorcas lo habrían impelido a abandonar al compañero en esa coyuntura; pero sus deseos se apresuraron a adoptar la idea de que podía salvarse la vida de Malvin y su temperamento optimista elevó casi hasta ser certeza la remota posibilidad de conseguir ayuda humana.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Ciertamente hay razones, poderosas razones, para esperar que haya amigos no muy lejos—dijo a media voz—. A las primeras escaramuzas salió huyendo un cobarde, ileso y de seguro a muy buen paso. Todo hombre recto en las fronteras se terciaría el mosquete al oír la noticia; y, aunque ningún grupo va a adentrarse tanto en los bosques, tal vez me los encuentre a un día de camino.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Aconséjeme con sinceridad—dijo, dirigiéndose a Malvin, dudoso de sus propios motivos—. ¿Si se encontrara en mi lugar, me abandonaría mientras hubiera vida?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Hace ya veinte años—replicó Roger Malvin suspirando, pues era consciente de la gran diferencia entre ambos casos—, hace veinte años que escapé junto con un amigo del cautiverio de los indios cerca de Montreal. Caminamos muchos días por el bosque hasta que al fin, rendido por el hambre y el cansancio, mi amigo se echó al suelo y me rogó que lo dejara, pues sabía que si yo me quedaba ambos pereceríamos. Y, con pocas esperanzas de obtener socorro, hice una almohada de hojas secas bajo su cabeza y partí apretando el paso.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¿Y volvió a tiempo para salvarlo?—preguntó Reuben, pendiente de las palabras de Malvin como si fueran a profetizarle éxito.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Sí —respondió el otro—. Llegué al campamento de unos cazadores antes del anochecer de ese mismo día. Los conduje al lugar donde mi camarada esperaba la muerte; y ahora vive sano y vigoroso en su granja, en tierras colonizadas, mientras yo estoy herido aquí en las profundidades del territorio inexplorado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Este ejemplo, de mucho peso sobre la decisión de Reuben, venía robustecido, sin que él lo supiera, por la fuerza oculta de muchos otros motivos. Roger Malvin se daba cuenta de que estaba a punto de obtener la victoria.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Ahora vete, hijo mío, y que el cielo te ayude —dijo—. No te regreses con tus compañeros cuando te los encuentres, sino que manda aquí a tres o cuatro que estén disponibles para buscarme; y créeme, Reuben, mi corazón estará más alegre con cada paso que des con dirección a casa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero se dio, tal vez, un cambio en su expresión y en su voz mientras decía esto; puesto que, después de todo, era un sino espantoso quedarse agonizando en la espesura.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Reuben Bourne, apenas medio convencido de estar obrando correctamente, se levantó por fin y se dispuso a partir. Pero antes, contra la voluntad de Malvin, recogió una provisión de hierbas y raíces, lo único que habían comido en los dos últimos días.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Colocó estas inútiles raciones al alcance del moribundo, para quien igualmente apiló un lecho de hojas secas de roble. Luego, subiendo a la cima de la roca, que por un lado era áspera y escabrosa, arqueó el roblecillo y amarró su pañuelo de la rama más alta. Tal precaución no era innecesaria para guiar a quien viniera en busca de Malvin, pues ningún flanco de la roca, excepto el amplio y liso frente, se podía ver desde cierta distancia debido a la tupida broza del bosque. El pañuelo había servido para vendar una herida en el brazo de Reuben. Cuando lo ató al árbol juró por la sangre que lo manchaba que iba a regresar, bien a salvar la vida de su compañero, bien a depositar su cadáver en la tumba. Bajó después y esperó cabizbajo las palabras de despedida de Malvin.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La veteranía de este último le dictó prolijos consejos acerca del viaje del joven por el bosque no hollado. Hablaba sobre el tema con calmosa seriedad, como si enviara a Reuben al combate o de caza mientras él se quedaba en la seguridad del hogar, y no como si el rostro humano que pronto iba a desampararlo fuera el último que jamás contemplara. Pero antes de terminar flaqueó su entereza.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Lleva mi bendición a Dorcas y dile que mi última oración será por ella y por ti. Pídele que no guarde aversión porque me dejaste, pues la vida no te habría pesado si con su sacrificio me hubieras hecho un bien. Se casará contigo después de haber llorado un rato por su padre. ¡Que el cielo les conceda largos años felices y que los hijos de sus hijos estén al pie de su lecho mortuorio! Y, Reuben—añadió, mientras por fin se abría paso el desaliento de la mortalidad—, regresa, cuando hayan sanado tus heridas y otra vez tengas bríos, regresa a esta roca agreste, entierra mis huesos en una sepultura y reza una oración por ellos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los colonos de aquellas fronteras guardaban un respeto casi supersticioso por los ritos de entierro, proveniente tal vez de las costumbres de los indios, que guerreaban con los muertos igual que con los vivos. Y hay muchos casos de sacrificio de la vida en un intento por sepultar a quienes habían sido derribados por la "espada de la selva". Reuben, por tanto, reconocía la enorme importancia de la promesa que con toda solemnidad hizo de regresar y efectuar las exequias de Roger Malvin. Era patente que este último, al expresarse de todo corazón en el adiós, ya ni siquiera trataba de convencer al joven de que la ayuda más rápida serviría para preservar su vida. Reuben sabía en su fuero interno que nunca más vería la cara viva de Malvin. Su generosidad lo habría constreñido a demorarse, hasta pasar la escena de la muerte; pero las ganas de vivir y la esperanza de la dicha le habían animado el corazón y era incapaz de resistirlas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Es suficiente—dijo Roger Malvin tras escuchar la promesa de Reuben—. Andate, y que Dios te dé alas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin decir nada el joven le apretó la mano, dio media vuelta y se alejó. Empero, cuando con paso lento y vacilante había recorrido un corto trecho, lo hizo volver la voz de Malvin.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Reuben, Reuben—llamaba débilmente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Reuben se arrodilló junto al agonizante.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Levántame y recuéstame en la roca—fue su último ruego—. Así mi cara queda mirando a casa y podré verte por un momento más mientras te pierdes entre los árboles.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Habiendo hecho la deseada modificación en la postura de su compañero, Reuben reemprendió el solitario peregrinaje. Al principio caminó más rápido de lo que era compatible con sus fuerzas, pues una especie de sentimiento de culpa, que en ocasiones atormenta a los hombres en sus acciones más justificadas, lo impelía a ocultarse de los ojos de Malvin. Pero después de haber pisado un largo rato la crujiente hojarasca regresó a hurtadillas, movido por una curiosidad desenfrenada y lancinante y, escondido tras la raíz terrosa de un árbol descuajado, acechó atentamente al hombre abandonado. No se nublaba el sol de la mañana y árboles y arbustos inhalaban el dulce aire del mes de mayo. Sin embargo, la faz de la naturaleza parecía ensombrecida, como si se compadeciera de la agonía mortal y del dolor. Roger Malvin levantaba las manos en fervorosa oración, algunas de cuyas frases se deslizaban por la quietud del bosque y penetraban en el corazón de Reuben, atormentándolo con ramalazos indecibles. Pedían, con acentos quebrantados, por la felicidad de éste y la de Dorcas. Al oír esto el joven, la conciencia, ó algo parecido, lo urgía fuertemente a regresar y otra vez reclinarse al pie de la roca. Sentía cuán duro era el destino de aquel ser bueno y generoso que había abandonado en la adversidad. La muerte llegaría como un cadáver que se acercara lentamente, reptando por el bosque y asomando de árbol en árbol, cada vez más cerca, sus espantosos y congelados rasgos. Pero igual suerte habría corrido Reuben de haberse demorado otro crepúsculo. ¿Quién puede reprocharle que rehuyera tan inútil sacrificio? Mientras lanzaba una mirada de despedida, un soplo de brisa agitó el pequeño pendón que colgaba del roblecillo y le hizo recordar a Reuben su promesa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;***********&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Varias circunstancias se aunaron para retardar al caminante herido en su regreso a la frontera. Al segundo día las nubes, encapotando el cielo, le hicieron imposible ajustar el rumbo según la posición del sol. Sólo sabía que cada impulso de sus ya casi extintas fuerzas lo alejaba aún más del hogar que buscaba. Las bayas y otros frutos silvestres le suministraban el escaso sustento. Es cierto, a veces pasaban saltando frente a él manadas de venados y las perdices al oír sus pisadas batían las alas y volaban, pero había agotado sus municiones en la batalla y no tenía con qué derribarlos. Las heridas, inflamadas por el constante esfuerzo del que dependían sus esperanzas de sobrevivir, corroían su fibra y a ratos le confundían la razón. Pero, incluso en los extravíos de la mente, el joven corazón de Reuben se aferraba a la existencia; y sólo cuando por fin fue incapaz de dar un paso más, se desplomó bajo un árbol, obligado a esperar allí la muerte.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En esta situación fue descubierto por una partida que a las primeras nuevas del combate fue despachada a socorrer a los sobrevivientes. Lo condujeron a la colonia más cercana, que resultó ser su lugar de residencia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Dorcas, con la sencillez característica de antaño, veló al pie del lecho del pretendiente herido y administró ese bálsamo que es don exclusivo de la mano y del corazón de la mujer. Por varios días la memoria de Reuben vagó soñolienta entre los peligros y fatigas que había atravesado y no pudo dar respuestas claras a las preguntas con que muchos estuvieron prontos a importunarlo. No habían circulado detalles de primera mano sobre la batalla, ni tampoco sabían las madres, las esposas y los hijos si los seres queridos estaban retenidos en cautiverio o bajo la más firme cadena de la muerte. Dorcas abrigó sus temores en silencio, hasta una tarde en que Reuben despertó de un sueño agitado y pareció reconocerla más conscientemente que en ningún momento previo. Percibió ella que su mente se había aclarado y no pudo seguir reprimiendo la ansiedad filial.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¿Y mi padre, Reuben?—comenzó a decir; pero un cambio en la expresión de su enamorado la detuvo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El joven se crispó como por un dolor agudo y la sangre fluyó violentamente a sus mejillas macilentas. Su primer impulso fue cubrirse la cara; pero, al parecer con un esfuerzo extremo, se enderezó a medias y habló con vehemencia, defendiéndose de una acusación imaginaria.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Tu padre fue herido de gravedad en el combate, Dorcas; y me pidió que no cargara con él, únicamente que lo llevara a la orilla del lago para poder calmar la sed y allí morir. Pero yo no quería abandonarlo en ese trance y, aunque yo también sangraba, le dí apoyo. Le presté la mitad de mis fuerzas y partí con él. Caminamos juntos tres días y tu padre aguantó más de lo que yo esperaba; pero, cuando desperté al amanecer del cuarto día, lo encontré débil y agotado. No podía seguir. Su vida se escapaba rápidamente&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¡Murió!—gimió Dorcas desmayadamente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;A Reuben le pareció imposible admitir que su egoísta amor a la vida lo había hecho alzar el vuelo antes de que se consumara el destino del padre. No habló más. Se limitó a agachar la cabeza y, entre la vergüenza y el agotamiento, se recostó de nuevo y hundió la cara en la almohada. Dorcas lloró al ver confirmados sus temores; pero, habiéndolo previsto tanto tiempo, el golpe no fue tan violento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—¿Cavaste en la espesura una tumba para mi pobre padre, Reuben?—fue la pregunta con que manifestó su devoción filial.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;—Mis manos estaban débiles, pero hice lo que pude—contestó el joven con acento apagado—. Sobre su cabeza se levanta una noble lápida. ¡Quisiera el cielo que mi sueño fuera tan profundo como el suyo!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Dorcas, notando el extravío de las últimas palabras, por el momento no hizo más preguntas; pero su corazón encontró alivio pensando que a Roger Malvin no le faltaron los ritos funerales que fue posible conferirle. La historia del coraje y la lealtad de Reuben no perdió nada cuando ella la repitió a sus amigos; y el infeliz muchacho, cuando salía tambaleándose a tomar el aire, recibía de todas las bocas la miserable y humillante tortura del elogio inmerecido. Todos convenían en que se había ganado el derecho de pedir la mano de la doncella a cuyo padre le había sido "fiel hasta la muerte"; y, como mi relato no es de amor, baste decir que en unos pocos meses Reuben se convirtió en el esposo de Dorcas Malvin. Durante la boda la novia se cubría de rubores, pero el rostro del novio estaba pálido.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En el pecho de Reuben Bourne había ahora un reato inconfesable, algo que había de ocultar con suma cautela a la mujer que más quería y en quien más confiaba. Deploraba honda y amargamente la cobardía moral que había refrenado sus palabras cuando estuvo a punto de revelarle la verdad a Dorcas. Pero el orgullo, el temor de perder su cariño, el miedo del desprecio general, le prohibían enmendar su falsedad. No creía merecer censura alguna por haber abandonado a Roger Malvin. Su presencia, el vano sacrificio de su vida, sólo habría añadido otra agonía innecesaria a la hora final del moribundo; pero el encubrimiento le había impartido a un acto justificable muchos de los efectos de la culpa. Así, Reuben, mientras que la razón le decía que había obrado bien, padecía en alto grado los horrores mentales que castigan al autor de un crimen secreto. Ciertas asociaciones de ideas a veces lo llevaban a imaginarse casi que era un asesino. También, durante años, lo rondó un pensamiento que, aunque se daba cuenta de cuán insensato y extravagante era, no estaba en su poder desterrar de su mente. Era la obsesiva y atormentadora fantasía de que su suegro todavía esperaba, al pie de la roca, sobre las hojas secas, vivo, la ayuda prometida. Estos espejismos, sin embargo, se iban como venían y él nunca los tomaba por realidades; pero en los estados de ánimo más tranquilos y lúcidos era consciente de tener una promesa por cumplir y de que un cadáver insepulto lo llamaba desde la espesura. No obstante, las consecuencias de su engaño eran tales que le impedían obedecer aquel llamado. Ahora era demasiado tarde, no podía pedir la ayuda de los amigos de Roger Malvin para efectuar la postergada inhumación; y los temores supersticiosos, de los que nadie era más susceptible que las gentes de los poblados fronterizos, le impedían ir solo. Tampoco sabía cómo buscar en el ilimitado bosque virgen la piedra lisa y con una inscripción en cuya base reposaba el cadáver: los recuerdos de cada etapa de su trayectoria eran confusos y del último tramo no quedó en su mente impresión alguna. Había, sin embargo, un impulso continuo, una voz que sólo él oía, que le ordenaba ir a cumplir con su promesa; y tenía la impresión de que, en caso de decidirse a abrir trocha, sería conducido derecho hasta los huesos de Malvin. Pero año tras año, sin oírlo pero sí sintiéndolo, pasaba sin atender el llamamiento. Su obsesión secreta llegó a ser como una cadena que le agarrotaba el alma y como una serpiente que le roía el corazón. Se convirtió en un hombre triste, desalentado e irritable.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pasados unos años tras su boda, comenzaron a hacerse visibles ciertos cambios en la prosperidad material de Reuben y Dorcas. Las únicas riquezas del primero habían sido su recio corazón y su potente brazo; pero ella, única heredera de su padre, hizo a su marido amo de una granja, cultivada por más tiempo, más grande y más bien surtida que la mayoría de las de la frontera. Reuben Bourne, sin embargo, era un negligente labrador. Y mientras las tierras de los otros colonos cada año eran más productivas, las suyas se deterioraban al mismo ritmo. Los obstáculos para la agricultura habían disminuido grandemente con el cese de las hostilidades de los indios, durante las cuales los hombres sostenían el arado en una mano y el mosquete en la otra, y corrían con suerte si el salvaje enemigo no arruinaba, en el campo o en el granero, los frutos de su labor riesgosa. Pero Reuben no se benefició de la cambiada situación del país. Tampoco puede negarse que las ocasiones en que atendió con diligencia sus asuntos fueron recompensadas con muy poco éxito. La irritabilidad que últimamente lo había distinguido fue otra causa de la mengua de su prosperidad, pues daba pie a frecuentes disputas en el inevitable roce con los colonos vecinos. El resultado fueron incontables litigios, ya que las gentes de Nueva Inglaterra, en las primeras etapas y en las circunstancias más incivilizadas del país, recurrían, cuando podían, a las vías legales para dirimir sus pleitos. En resumen, el mundo no la iba bien con Reuben Bourne; y, aunque no fue sino muchos años después del matrimonio, por fin llegó a arruinarse. Contaba sólo con un último recurso contra el mal sino que lo perseguía. Desnudaría al sol algún rincón profundo de los bosques y buscaría la subsistencia en el regazo virgen de la tierra.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Reuben y Dorcas tenían un hijo único de quince años cumplidos, bello en la juventud y promesa de una espléndida hombría. Estaba especialmente dotado, y ya empezaba a sobresalir en ellas, para las bravías faenas de la vida de frontera. Su pie era ligero, su puntería certera, alerta su sentido, alegre y noble el corazón; y todos los que esperaban un regreso de las guerras de los indios hablaban de Cyrus Bourne como un futuro caudillo del país. Su padre lo quería con un fervor profundo y silencioso, como si todo lo que fuera bueno y dichoso en su persona hubiese sido traspasado al hijo, llevándose consigo su cariño. Incluso Dorcas, amorosa y amada, le era asaz menos querida; ya que los pensamientos secretos de Reuben y sus emociones retraídas lo habían ido convirtiendo en un hombre egoísta. Ya no podía amar intensamente, excepto cuando percibía o imaginaba un reflejo o parecido de su propia mente. Reconocía en Cyrus lo que él había sido en otros tiempos; y de vez en cuando parecía compartir el espíritu del muchacho y reanimarse con una vida lozana y festiva. Reuben partió en compañía de su hijo en una expedición que tenía el propósito de escoger una extensión de tierra y de talar y quemar la broza, condición necesaria para el trasteo le los enseres domésticos. En estas estuvieron dos meses de otoño, tras los cuales Reuben Bourne y el joven cazador regresaron para pasar el último invierno en el asentamiento.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a style="color: rgb(255, 0, 0); font-weight: bold;" href="http://rapidshare.com/files/49602928/Entierro_de_Roger_Malvin__El.zip"&gt;BAJAR AQUÍ TEXTO COMPLETO&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-3710162897468509393?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/3710162897468509393/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=3710162897468509393&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/3710162897468509393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/3710162897468509393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/08/nathaniel-hawthorne-el-entierro-de.html' title='NATHANIEL HAWTHORNE - EL ENTIERRO DE ROGER MALVIN'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-4705037635239405864</id><published>2007-08-17T11:23:00.000-07:00</published><updated>2007-08-17T11:31:24.051-07:00</updated><title type='text'>Marqués de Sade   - Agudeza Gascona</title><content type='html'>&lt;h1 class="firstHeading"&gt;Marqués de Sade&lt;/h1&gt;&lt;!-- start content --&gt;    &lt;div id="id-articulo-destacado" style="position: absolute; z-index: 100; right: 10px; top: 10px;"&gt;&lt;map name="ImageMap_1" id="ImageMap_1"&gt;&lt;area href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Art%C3%ADculos_destacados" shape="rect" coords="0,0,0,0" alt="Artículo destacado" title="Artículo destacado"&gt; &lt;/map&gt; &lt;div style="position: relative;"&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Art%C3%ADculos_destacados" title="Artículo destacado"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div class="thumb tright"&gt; &lt;div class="thumbinner" style="width: 192px;"&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Sade_%28van_Loo%29.png" class="internal" title="Retrato del Marqués de Sade por Charles-Amédée-Philippe van Loo (c. 1761)"&gt;&lt;img alt="Retrato del Marqués de Sade por Charles-Amédée-Philippe van Loo (c. 1761)" longdesc="/wiki/Imagen:Sade_%28van_Loo%29.png" class="thumbimage" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f8/Sade_%28van_Loo%29.png/190px-Sade_%28van_Loo%29.png" height="188" width="190" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="thumbcaption"&gt; &lt;div class="magnify" style="float: right;"&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Sade_%28van_Loo%29.png" class="internal" title="Aumentar"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt; &lt;i&gt;Retrato del Marqués de Sade&lt;/i&gt; por &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Charles-Am%C3%A9d%C3%A9e-Philippe_van_Loo" title="Charles-Amédée-Philippe van Loo"&gt;Charles-Amédée-Philippe van Loo&lt;/a&gt; (c. 1761)&lt;/div&gt; &lt;/div&gt; &lt;/div&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;Donatien Alphonse François de Sade&lt;/b&gt;, más conocido por su título de &lt;b&gt;Marqués de Sade&lt;/b&gt; y llamado por sus admiradores "el Divino Marqués" (&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Par%C3%ADs" title="París"&gt;París&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/2_de_junio" title="2 de junio"&gt;2 de junio&lt;/a&gt; de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1740" title="1740"&gt;1740&lt;/a&gt; – &lt;a href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Saint-Maurice%2C_Val-de-Marne&amp;action=edit" class="new" title="Saint-Maurice, Val-de-Marne"&gt;Charenton-Saint-Maurice&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Val-de-Marne" title="Val-de-Marne"&gt;Val-de-Marne&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/2_de_diciembre" title="2 de diciembre"&gt;2 de diciembre&lt;/a&gt; de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1814" title="1814"&gt;1814&lt;/a&gt;), fue un &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Aristocracia" title="Aristocracia"&gt;aristócrata&lt;/a&gt;, escritor y &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Filosof%C3%ADa" title="Filosofía"&gt;filósofo&lt;/a&gt; &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francia" title="Francia"&gt;francés&lt;/a&gt;, autor de varias novelas que aúnan los relatos &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pornograf%C3%ADa" title="Pornografía"&gt;pornográficos&lt;/a&gt; con la exposición de un sistema filosófico &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Materialismo" title="Materialismo"&gt;materialista&lt;/a&gt; y &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ate%C3%ADsmo" title="Ateísmo"&gt;ateo&lt;/a&gt;. Su filosofía es la de la &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Libertad" title="Libertad"&gt;libertad&lt;/a&gt; extrema, sin el freno de la &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89tica" title="Ética"&gt;ética&lt;/a&gt;, la &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Religi%C3%B3n" title="Religión"&gt;religión&lt;/a&gt; o las &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ley" title="Ley"&gt;leyes&lt;/a&gt;, con la búsqueda del placer personal como principio más elevado. Escribió la mayor parte de sus obras durante los 29 años de su vida que pasó en prisión. De su nombre procede la palabra &lt;i&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sadismo" title="Sadismo"&gt;sadismo&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Agudeza Gascona&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;Un oficial gascón había recibido de Luis XIV una gratificación de ciento cincuenta doblones y, recibo en mano, entra sin hacerse anunciar en casa del señor Colbert, que estaba sentado a la mesa con varios caballeros Señores, ¿cuál de vosotros pregunta con un acento que delataba su patria, quien, os lo ruego, es el señor Colbert?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;Yo, señor -le responde el ministro-. ¿En que puedo serviros?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;-Una fruslería, señor. Se trata tan sólo de una gratificación de ciento cincuenta doblones que es pre­ciso que me descontéis en seguida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;- El señor Colbert, que se da perfecta cuenta de que el personaje se prestaba a la burla, le pide permiso para acabar de cenar y, para que no se impaciente, le ruega que se siente a la mesa con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;- Con mucho gusto -contestó el gascón-, excelente idea, pues no he cenado todavía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;Terminada la comida, el ministro, que ha tenido tiempo de prevenir al encargado mayor, dice al oficial que ya puede subir al despacho, que su dinero le espera; el gascón sube.. pero no le entregan más que cien doblones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;- ¿Queréis bromear, señor? -dice al funcionario-. ¿O no véis que mi orden dice ciento cincuenta?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;- Señor -le contesta el escribiente-, veo perfec­tamente vuestra orden, pero os descuento cincuenta doblones por la cena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;-¡Pardiez, cincuenta doblones! Si en mi posada me cuesta sólo diez sueldos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;-Os creo, pero allí no tenéis el honor de cenar con un ministro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;- Perfectamente -replica el gascón- en eso caso, señor, guardároslo todo; mañana traeré a uno de mis amigos y estamos en paz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"&gt;La respuesta y la broma que le había provocado hicieron reír durante un rato a la corte; se añadieron los cincuenta doblones a la gratificación del gascón, que regresó triunfalmente a su tierra, hizo el elogio de las cenas del señor Colbert, de Versalles y de cómo era allí recompensado el ingenio del Garona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-4705037635239405864?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/4705037635239405864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=4705037635239405864&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/4705037635239405864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/4705037635239405864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/08/marqus-de-sade-agudeza-gascona.html' title='Marqués de Sade   - Agudeza Gascona'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-1196416739289216392</id><published>2007-08-03T09:27:00.001-07:00</published><updated>2007-08-03T09:53:15.867-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;table width="100%"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="left"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;Mansfield&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Katherine&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td align="left"&gt;&lt;b&gt;1888-1923&lt;/b&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" align="left"&gt;A pesar de que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;Katherine&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Mansfield&lt;/span&gt; nació en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;Wellington&lt;/span&gt;, Nueva Zelanda, en 1888, su nombre está incluido dentro de la literatura inglesa de las primeras décadas del siglo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;XX&lt;/span&gt;. Y se debe incluirla dentro de la literatura de ese país no sólo por las relaciones que tu&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.librodot.com/illustration/author/mamsfield_katherine.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.librodot.com/illustration/author/mamsfield_katherine.gif" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;vo con escritores de Inglaterra, sino también por su voluntad de conocer Londres y vivir en ella. Su primer viaje a Londres lo hizo cuando tenía trece a?os. Aún se llamaba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Kathleen&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Beauchamp&lt;/span&gt;. No pudo quedarse más tiempo en la ciudad europea, debido a que su familia le exigió el regreso. A los veinte a?os, luego de insistentes pedidos a su padre, retornó a Inglaterra. Su padre, quien era un afamado hombre de negocios de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Wellington&lt;/span&gt;, la ayudó a subsistir en la nueva ciudad, otorgándole una mensualidad. A esa ayuda económica se le sumaron las clases de violín que daba ella. Sin &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;em&lt;/span&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;bargo&lt;/span&gt;, sus días londinenses estuvieron rodeados de un ambiente bohemio, lejos de la comodidad que disfrutaba en su ciudad natal. En 1911 publicó su primer libro, los cuentos de En una Pensión Alemana. Gran parte de la obra fue escrita en Alemania, a donde viajó ocasionalmente por un conflicto sentimental, hasta que en 1912 volvió a Londres, la ciudad que la fascinaba. En esos primeros a?os del nuevo siglo, llegaron a Inglaterra los primeros cuentos traducidos del escritor ruso Antón &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Chéjov&lt;/span&gt;, lo que generó la atención de toda la comunidad intelectual inglesa. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Katherine&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;Mansfield&lt;/span&gt; no fue la excepción, e incluso siempre se la comparó -por su estilo y temática- con el creador ruso. De regreso a Londres, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Mansfield&lt;/span&gt; comenzó a escribir en la revista &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Review&lt;/span&gt;, cuyo director, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;John&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Middleton&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Murry&lt;/span&gt;, conocido por toda la intelectualidad inglesa de la época, terminó siendo su esposo, en 1918. El mismo a?o en que se casó con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;Middleton&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;Murry&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_21"&gt;Katherine&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_22"&gt;Mansfield&lt;/span&gt; publicó dos relatos largos, "Preludio" y "En la Bahía". Los dos cuentos retrataron su infancia con la misma frescura con que vivió esos a?os. Esos relatos fueron también una suerte de evocación a su hermano, quien durante la Primera Guerra Mundial se había sumado a las tropas expedicionarias del ejército inglés y murió en el frente de batalla. Comenzaba la década del veinte y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_23"&gt;Mansfield&lt;/span&gt; presentía que su tuberculosis era incurable. En esos a?os, aceleró su producción literaria. En 1920 publicó Felicidad y otros cuentos; dos a?os después, La Fiesta en el jardín y otros cuentos. La escritora ya ocupaba un lugar de respeto y admiración dentro de la literatura inglesa. Sin embargo, debido a su enfermedad, en 1922 dejó de escribir. La esperanza por vivir la había forzado a adoptar una vida naturista. El mismo a?o en que abandonó la escritura, se internó en un establecimiento de disciplina espiritual, dirigido por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_24"&gt;Gurdjieff&lt;/span&gt;, un recurrido y prestigioso teósofo. En ese mismo internado falleció en 1923, con sólo treinta y cinco a?os. Su esposo, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_25"&gt;Middleton&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_26"&gt;Murry&lt;/span&gt;, continuó publicando escritos de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_27"&gt;Mansfield&lt;/span&gt;, entre los que se destacaron los diarios y las cartas, textos íntimos que mostraron una forma de pensar innovadora, cuya comprensión, en algunos casos, demoró algunas décadas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:36;"  lang="ES-AR" &gt;El canario&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.&lt;br /&gt;...No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios, y lo que te cuento no es sólo imaginación mía. A menudo, desde la ventana, acostumbraba observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados largo rato en la verja, junto a la planta de celinda. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si lo hubieses oído no te lo parecería. A mí me hacía el efecto que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final. Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, y después de haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la varanda a coser: él solía saltar de una percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharlo. No puedo darte idea de su canto, y a fe que me gustaría poderlo describir. Todas las tardes pasaba lo mismo, y yo sentía que comprendía cada nota de sus modulaciones.&lt;br /&gt;¡Lo quería! ¡Cuánto lo quería! Quizá en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo. Mi casita y el jardín siempre han llenado un vacío, sin duda; pero nunca me han bastado. Las flores son muy agradecidas, pero no se interesan por nuestra vida. Hace tiempo quise a la estrella del atardecer. ¿Te parece una tontería? Solía sentarme en el jardín, detrás de la casa, cuando se había puesto el sol, y esperar a que la estrella saliera y brillara sobre las ramas oscuras del árbol de la goma. Entonces le murmuraba: «¿Ya estás aquí, amor mío?». Y en aquel instante parecía brillar sólo para mí. Parecía que lo comprendiera...; algo que es nostalgia y sin embargo no lo es. O quizá el dolor de lo que uno echa de menos, sí, era este dolor. Pero ¿qué era lo que echaba de menos? He de agradecer lo mucho que he recibido.&lt;br /&gt;...Pero, en cuanto el canario entró en mi vida, olvidé a la estrella del atardecer: ya no me hacía falta. Y aquello ocurrió de una manera extraña. Cuando el chino que vendía pájaros se detuvo delante de mi puerta y levantó la jaulita donde el canario, en vez de sacudirse como hacían los dorados pinzones, lanzó un débil y leve gorjeo, me sorprendí a mí misma diciéndole:&lt;br /&gt;-¿Ya estás aquí, amor mío?&lt;br /&gt;Desde aquel instante fue mío.&lt;br /&gt;...Aún me asombra ahora recordar cómo él y yo compartíamos nuestras vidas. En cuanto por la mañana quitaba el paño que cubría su jaula, me saludaba con una pequeña nota soñolienta. Yo sabía que quería decirme: «¡Señora! ¡Señora!». Luego lo colgaba afuera, mientras preparaba el desayuno de mis tres muchachos pensionistas, y no lo entraba hasta que volvíamos a estar solos en casa. Más tarde, en cuanto terminaba de lavar los platos, empezaba una verdadera diversioncita nuestra. Solía poner una hoja de periódico en la mesa, y, cuando colocaba la jaula encima, el canario sacudía las alas desesperadamente como si no supiera lo que iba a ocurrir. «Eres un verdadero comediante», le decía riñéndolo. Le frotaba el plato de la jaula, lo espolvoreaba de arena limpia, llenaba de alpiste y de agua los recipientes, ponía entre los barrotes unas hojas de pamplina y medio chile. Y estoy segura de que él comprendía y sabía apreciar cada detalle de esta ceremonia. ¿Comprendes? Era, de natural, de una pulcritud exquisita. En su percha jamás había una mancha. Y sólo viendo cómo disfrutaba bañándose se comprendía que su gran debilidad era la limpieza. Lo que yo ponía por último en la jaula era el envase en que se bañaba. Y al momento se metía en él. Primero sacudía un ala, luego la otra, después zambullía la cabeza y se remojaba las plumas del pecho. Toda la cocina se iba salpicando de gotas de agua, pero él no quería salir del baño. Yo solía decirle: «Es más que suficiente. Lo que quieres ahora es que te miren». Y por fin, de un salto, salía del agua, y sosteniéndose con una pata se secaba con el pico, y al terminar se sacudía, movía las alas, ensayaba un gorjeo y levantando la cabeza... ¡Oh! No puedo ni siquiera recordarlo. Yo acostumbraba limpiar los cuchillos mientras tanto, me parecía que también los cuchillos cantaban a medida que se volvían relucientes.&lt;br /&gt;...Me hacía compañía, ¿comprendes? Eso es lo que me hacía. La compañía más perfecta. Si has vivido sola, sabrás lo inapreciable que eso puede ser. Sin duda tenía también a mis tres muchachos que venían a cenar, y a veces se quedaban en casa leyendo los periódicos. Pero no podía suponer que ellos se interesaran en los detalles de mi vida cotidiana. ¿Por qué se iban a interesar? Yo no significaba nada para ellos: tanto es así, que una noche, en la escalera, oí que, hablando de mí, me llamaban «el adefesio». No importa. No tiene importancia, la más mínima importancia. Lo comprendo bien. Ellos son jóvenes. ¿Por qué me iba a incomodar? Pero me acuerdo de que aquella. noche me consoló pensar que no estaba sola del todo. En cuanto los muchachos salieron, le dije a mi canario: «¿Sabes cómo la llaman a tu señora?». Y él ladeó la cabeza, y me miró con su ojito reluciente, de tal forma que tuve que reírme. Parecía como si le hubiese divertido aquello.&lt;br /&gt;...¿Has tenido pájaros alguna vez?... Si no has tenido nunca, quizá todo esto te parezca exagerado. La gente cree que los pájaros no tienen corazón, que son fríos, distintos de los perros y los gatos. Mi lavandera solía decirme cuando venía los lunes: «¿Por qué no tiene un foxterrier bonito? No consuela ni acompaña un canario». No es verdad, estoy segura. Me acuerdo de una noche que había tenido un sueño espantoso (a veces los sueños son terriblemente crueles) y, como que al cabo de un rato de haberme despertado no conseguía tranquilizarme, me puse la bata y bajé a la cocina para beber un vaso de agua. Era una noche de invierno y llovía mucho. Supongo que aún estaba medio dormida: pero, a través de la ventana sin postigo, me parecía que la oscuridad me miraba, me espiaba. Y de pronto sentí que era insoportable no tener a nadie a quien poder decir: «He soñado un sueño horrible» o «Protégeme de la oscuridad». Estaba tan asustada, que incluso me tapé un momento la cara con las manos. Y luego oí un débil «¡Tui-tuí!». La jaula estaba en la mesa, y el paño que la cubría había resbalado de forma que le entraba una rayita de luz. «¡Tui-tuí!», volvía a llamar mi pequeño y querido compañero, como si dijera dulcemente: «Aquí estoy, señora mía: aquí estoy». Aquello fue tan consolador que casi me eché a llorar.&lt;br /&gt;...Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más lo oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.&lt;br /&gt;Sin embargo, a pesar de que no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-1196416739289216392?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/1196416739289216392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=1196416739289216392&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1196416739289216392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1196416739289216392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/08/mansfield-katherine-1888-1923-pesar-de.html' title=''/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-2267247109887505946</id><published>2007-07-13T11:52:00.000-07:00</published><updated>2007-07-13T12:27:33.784-07:00</updated><title type='text'>AZORÍN  La Ruta del Quijote</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;b&gt;José Augusto Trinidad Martínez Ruiz&lt;/b&gt;, más conocido por su seudónimo &lt;i&gt;&lt;b&gt;Azorín&lt;/b&gt;&lt;/i&gt; (&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mon%C3%B3var" title="Monóvar"&gt;Monóvar&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a" title="España"&gt;España&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/8_de_junio" title="8 de junio"&gt;8&lt;/a&gt;/&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/11_de_junio" title="11 de junio"&gt;11 de junio&lt;/a&gt; de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1873" title="1873"&gt;1873&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Madrid" title="Madrid"&gt;Madrid&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/2_de_marzo" title="2 de marzo"&gt;2&lt;/a&gt;/&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/4_de_marzo" title="4 de marzo"&gt;4 de marzo&lt;/a&gt; &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1967" title="1967"&gt;1967&lt;/a&gt;) fue un &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura" title="Literatura"&gt;escritor&lt;/a&gt; &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a" title="España"&gt;español&lt;/a&gt;. Fue novelista, ensayista y el crítico literario español más importante de su tiempo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;a name="Biograf.C3.ADa" id="Biograf.C3.ADa"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;h2&gt; &lt;span class="mw-headline"&gt;Biografía&lt;/span&gt; &lt;/h2&gt;&lt;h2&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://obrasocial.cam.es/azorincervantes/images/opiniones/azorin.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://obrasocial.cam.es/azorincervantes/images/opiniones/azorin.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt; &lt;h2&gt;&lt;span style="font-weight: normal; float: none; margin-left: 0px;font-size:small;" class="editsection" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt; &lt;p&gt;Su padre era natural de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Yecla" title="Yecla"&gt;Yecla&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Murcia" title="Murcia"&gt;Murcia&lt;/a&gt;, y militaba en el partido conservador (llegó a ser alcalde, diputado y seguidor de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Romero_Robledo&amp;action=edit" class="new" title="Romero Robledo"&gt;Romero Robledo&lt;/a&gt;). Ejercía de abogado en Monóvar; poseía una importante hacienda; la madre había nacido en &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Petrer" title="Petrer"&gt;Petrer&lt;/a&gt;. Era una familia tradicional burguesa y acomodada. Azorín fue el mayor de nueve hermanos. Estudió&lt;/p&gt;&lt;p&gt; bachillerato interno durante ocho años en el colegio de los &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escuelas_P%C3%ADas" title="Escuelas Pías"&gt;Escolapios&lt;/a&gt; de Yecla, etapa que refleja en sus dos primeras novelas, de fuerte contenido autobiográfico. De 1888 a 1896 cursó derecho en &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Valencia" title="Valencia"&gt;Valencia&lt;/a&gt;, donde se interesa por el &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Krausismo" title="Krausismo"&gt;Krausismo&lt;/a&gt; y el &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anarquismo" title="Anarquismo"&gt;anarquismo&lt;/a&gt; y se entrega a febriles lecturas literarias y políticas. Empiezan sus pinitos periodísticos. Usa los seudónimos de Fray José, en &lt;i&gt;La Educación Católica&lt;/i&gt; de Petrer, Juan de Lis en &lt;i&gt;El Defensor de Yecla&lt;/i&gt; etc. Escribe también en &lt;i&gt;El Eco de Monóvar&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El Mercantil Valenciano&lt;/i&gt; e incluso en &lt;i&gt;El Pueblo&lt;/i&gt;, periódico de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Blasco_Ib%C3%A1%C3%B1ez" title="Vicente Blasco Ibáñez"&gt;Vicente Blasco Ibáñez&lt;/a&gt;. Casi siempre hace crítica teatral de obras de fuerte contenido social (elogia las obras de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngel_Guimer%C3%A1" title="Ángel Guimerá"&gt;Ángel Guimerá&lt;/a&gt; y &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Benito_P%C3%A9rez_Gald%C3%B3s" title="Benito Pérez Galdós"&gt;Benito Pérez Galdós&lt;/a&gt; o el &lt;i&gt;Juan José&lt;/i&gt; de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joaqu%C3%ADn_Dicenta" title="Joaquín Dicenta"&gt;Joaquín Dicenta&lt;/a&gt;) y ya refleja sus inclinaciones anarquistas. Traduce el drama &lt;i&gt;La intrusa&lt;/i&gt; de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Maurice_Maeterlink&amp;action=edit" class="new" title="Maurice Maeterlink"&gt;Maurice Maeterlink&lt;/a&gt;, la conferencia del francés A. Hamon &lt;i&gt;De la patria&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;Las prisiones&lt;/i&gt; del príncipe &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Piotr_Kropotkin" title="Piotr Kropotkin"&gt;Kropotkin&lt;/a&gt;. En 1895 Azorín publica dos ensayos, &lt;i&gt;Anarquistas literarias&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Notas sociales&lt;/i&gt;, en las que presenta al público las principales teorías anarquistas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Se examina en Granada y Salamanca, pero fue más estudiante que estudioso y más atento a las tertulias, al periodismo, al teatro, a la literatura y a los toros que a las leyes. Llegado el 25 de noviembre de 1896 a Madrid para seguir sus estudios, se inició en medio de grandes privaciones en el periodismo republicano (&lt;i&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Pa%C3%ADs" title="El País"&gt;El País&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, de donde le echan; &lt;i&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Progreso" title="El Progreso"&gt;El Progreso&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, periódico de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Lerroux" title="Alejandro Lerroux"&gt;Alejandro Lerroux&lt;/a&gt;), recibiendo sólo el apoyo de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Leopoldo_Alas" title="Leopoldo Alas"&gt;Leopoldo Alas&lt;/a&gt; en uno de sus &lt;i&gt;Paliques&lt;/i&gt;, e hizo de crítico y traductor. Usa los seudónimos de &lt;i&gt;Cándido&lt;/i&gt;, en honor a &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Voltaire" title="Voltaire"&gt;Voltaire&lt;/a&gt;, &lt;i&gt;Ahrimán&lt;/i&gt;, el dios persa de la destrucción, &lt;i&gt;Charivari&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Este&lt;/i&gt;, entre otros. Poco a poco su nombre aparece en revistas y periódicos cada vez más importantes: &lt;i&gt;Revista Nueva&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Juventud&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Arte Joven&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El Globo&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Alma Española&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;España&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;El Imparcial&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;ABC&lt;/i&gt;. Al mismo tiempo va publicando folletos y libros. Escribe una trilogía de novelas autobiográficas donde ya utiliza su definitivo seudónimo, &lt;b&gt;Azorín&lt;/b&gt;, que empezó a usar en 1904: &lt;i&gt;La voluntad&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Antonio Azorín&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Las confesiones de un pequeño filósofo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están ya instalados en el conservadurismo. Comienza a colaborar en &lt;i&gt;ABC&lt;/i&gt; y participa activamente en la vida política. &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Maura" title="Antonio Maura"&gt;Antonio Maura&lt;/a&gt;, y sobre todo el ministro &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_Cierva" title="La Cierva"&gt;La Cierva&lt;/a&gt;, se convierten en sus máximos valedores. Entre 1907 y 1919 fue cinco veces diputado y dos breves temporadas (en 1917 y 1919) subsecretario de Instrucción pública. Viajó incansablemente por España y ahonda en la lectura de los clásicos del &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Siglo_de_Oro" title="Siglo de Oro"&gt;Siglo de Oro&lt;/a&gt;. El directorio militar de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Primo_de_Rivera" title="Miguel Primo de Rivera"&gt;Primo de Rivera&lt;/a&gt; enfrió la actividad pública de Azorín, quien se niega a aceptar cargos políticos de manos del dictador. Reside en Francia con su esposa, Julia Guinda Urzanqui, durante la &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Civil" title="Guerra Civil"&gt;Guerra Civil&lt;/a&gt;, con pasaporte diplomático. En 1924 es elegido miembro de la &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Real_Academia_Espa%C3%B1ola" title="Real Academia Española"&gt;Real Academia Española&lt;/a&gt;. En sus últimos años cultivó asiduamente la crítica cinematográfica.&lt;/p&gt;&lt;h1 style="text-align: center; text-indent: 0cm;" align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h1&gt;&lt;h1 style="text-align: center; text-indent: 0cm;" align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h1&gt;&lt;h1 style="text-align: center; text-indent: 0cm;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La ruta de Don Quijote&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 12pt; text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 style="text-align: center; text-indent: 0cm;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shapetype id="_x0000_t75" coordsize="21600,21600" spt="75" preferrelative="t" path="m@4@5l@4@11@9@11@9@5xe" filled="f" stroked="f"&gt;  &lt;v:stroke joinstyle="miter"&gt;  &lt;v:formulas&gt;   &lt;v:f eqn="if lineDrawn pixelLineWidth 0"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @0 1 0"&gt;   &lt;v:f eqn="sum 0 0 @1"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @2 1 2"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelWidth"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelHeight"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @0 0 1"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @6 1 2"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelWidth"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @8 21600 0"&gt;   &lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelHeight"&gt;   &lt;v:f eqn="sum @10 21600 0"&gt;  &lt;/v:formulas&gt;  &lt;v:path extrusionok="f" gradientshapeok="t" connecttype="rect"&gt;  &lt;o:lock ext="edit" aspectratio="t"&gt; &lt;/v:shapetype&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1026" type="#_x0000_t75" alt="Arriba" href="#I_0_" style="'position:absolute;left:0;text-align:left;margin-left:-30.25pt;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_0_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image001.gif" alt="Arriba" shapes="_x0000_s1026" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1027" type="#_x0000_t75" alt="Abajo" href="#I_2_" style="'position:absolute;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_2_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image002.gif" alt="Abajo" shapes="_x0000_s1027" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Dedicatoria&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;  &lt;p style="margin-top: 0cm; text-indent: 22.5pt;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Al gran hidalgo don Silverio, residente en la noble, vieja, desmoronada y muy gloriosa villa del Toboso; poeta; autor de un soneto a Dulcinea; autor también de una sátira terrible contra los frailes; propietario de una colmena con una ventanita por la que se ve trabajar a las abejas.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-top: 0cm; text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;AZORÍN.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 12pt;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1028" type="#_x0000_t75" alt="Arriba" href="#I_1_" style="'position:absolute;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_1_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image003.gif" alt="Arriba" shapes="_x0000_s1028" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1029" type="#_x0000_t75" alt="Abajo" href="#I_3_" style="'position:absolute;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_3_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image004.gif" alt="Abajo" shapes="_x0000_s1029" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;I&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 12pt; text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;La partida&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Yo me acerco a la puerta y grito:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡ Doña Isabel! ¡Doña Isabel!&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Luego vuelvo a entrar en la estancia y me siento con un gesto de cansancio, de tristeza y de resignación. La vida, ¿es una repetición monótona, inexorable, de las mismas cosas con distintas apariencias? Yo estoy en mi cuarto; el cuarto es diminuto; tiene tres o cuatro pasos en cuadro; hay en él una mesa pequeña, un lavabo, una cómoda, una cama. Yo estoy sentado junto a un ancho balcón que da a un patio; el patio es blanco, limpio, silencioso. Y una luz suave, sedante, cae a través de unos tenues visillos y baña las blancas cuartillas que destacan sobre la mesa. Yo vuelvo a acercarme a la puerta y torno a gritar:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡Doña Isabel! ¡Doña Isabel!&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Y después me siento otra vez con el mismo gesto de cansancio, de tristeza y de resignación. Las cuartillas esperan inmaculadas los trazos de la pluma; en medio de la estancia, abierta, destaca una maleta. ¿Dónde iré yo, una vez más, como siempre, sin remedio ninguno, con mi maleta y mis cuartillas? Y oigo en el largo corredor unos pasos lentos, suaves. Y en la puerta aparece una anciana vestida de negro, limpia, pálida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Buenos días, Azorín.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Buenos días, doña Isabel.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Y nos quedamos un momento en silencio. Yo no pienso en nada; yo tengo una profunda melancolía. La anciana mira inmóvil, desde la puerta, la maleta que aparece en el centro del cuarto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¿Se marcha usted, Azorín?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Yo le contesto:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Me marcho, doña Isabel.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Ella replica:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¿Dónde se va usted, Azorín? Yo le contesto:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–No lo sé, doña Isabel.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Y transcurre otro breve momento de un silencio denso, profundo. Y la anciana, que ha permanecido con la cabeza un poco baja, la mueve con un ligero movimiento, como quien acaba de comprender, y dice:&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-top: 0cm; text-indent: 22.5pt;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;–¿Se irá usted a &lt;em&gt;los pueblos&lt;/em&gt;, Azorín?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Sí, sí, doña Isabel –le digo yo–; no tengo más remedio que marcharme a los pueblos.&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-top: 0cm; text-indent: 22.5pt;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Los pueblos&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; son las ciudades y las pequeñas villas de La Mancha y de las estepas castellanas que yo amo; doña Isabel ya me conoce; sus miradas han ido a posarse en los libros y cuartillas que están sobre la mesa. Luego me ha dicho:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Yo creo, Azorín, que esos libros y esos papeles que usted escribe le están a usted matando. Muchas veces –añade sonriendo– he tenido la tentación de quemarlos todos durante alguno de sus viajes.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Yo he sonreído también.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡Jesús, doña Isabel! –he exclamado fingiendo un espanto cómico–. ¡Usted no quiere creer que yo tengo que realizar una misión sobre la tierra!&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡Todo sea por Dios! –ha replicado ella, que no comprende nada de esta misión.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Y yo, entristecido, resignado con esta inquieta pluma que he de mover perdurablemente y con estas cuartillas que he de llenar hasta el fin de mis días, he contestado:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Sí, todo sea por Dios, doña Isabel.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Después ella junta sus manos con un ademán doloroso, arquea las cejas y suspira:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡Ay, Señor!&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Y ya este suspiro que yo he oído tantas veces, tantas veces en los viejos pueblos, en los caserones vetustos, a estas buenas ancianas vestidas de negro; ya este suspiro me trae una visión neta y profunda de la España castiza. ¿Qué recuerda doña Isabel con este suspiro? ¿Recuerda los días de su infancia y de su adolescencia, pasados en alguno de estos pueblos muertos, sombríos? ¿Recuerda las callejuelas estrechas, serpenteantes, desiertas, silenciosas? ¿Y las plazas anchas, con soportales ruinosos, por las que de tarde en tarde discurre un perro o un vendedor se para y lanza un grito en el silencio? ¿Y las fuentes viejas, las fuentes de granito, las fuentes con un blasón enorme, con grandes letras, en que se lee el nombre de Carlos V o Carlos III? ¿Y las iglesias góticas, doradas, rojizas, con estas capillas de las Angustias, de los Dolores o del Santo Entierro, en que tanto nuestras madres han rezado y han suspirado? ¿Y las tiendecillas hondas, lóbregas, de merceros, de cereros, de talabarteros, de pañeros, con las mantas de vivos colores que flamean al aire? ¿Y los carpinteros –estos buenos amigos nuestros– con sus mazos que golpean sonoros? ¿Y las herrerías –las queridas herrerías– que llenan desde el alba al ocaso la pequeña y silenciosa ciudad con sus sones joviales y claros? ¿Y los huertos y cortinales que se extienden a la salida del pueblo, y por cuyas bardas asoma un oscuro laurel o un ciprés mudo, centenario, que ha visto indulgente nuestras travesuras de niño? ¿Y los lejanos majuelos a los que hemos ido de merienda en las tardes de primavera y que han sido plantados acaso por un anciano que tal vez no ha visto sus frutos primeros? ¿Y las vetustas alamedas de olmos, de álamos, de plátanos, por las que hemos paseado en nuestra adolescencia en compañía de Lolita, de Juana, de Carmencita o de Rosarito? ¿Y los cacareos de los gallos que cantaban en las mañanas radiantes y templadas del invierno? ¿Y las campanadas lentas, sonoras, largas, del vetusto reloj que oíamos desde las anchas chimeneas en las noches de invierno?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Yo le digo al cabo a doña Isabel:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Doña Isabel, es preciso partir.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Ella contesta:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Sí, sí, Azorín; si es necesario, vaya usted.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Después yo me quedo solo con mis cuartillas, sentado ante la mesa, junto al ancho balcón por el que veo el patio silencioso, blanco. ¿Es displicencia? ¿Es tedio? ¿Es deseo de algo mejor que no sé lo que es, lo que yo siento? ¿No acabará nunca para nosotros, modestos periodistas, este sucederse perdurable de cosas y de cosas? ¿No volveremos a oír nosotros, con la misma sencillez de los primeros años, con la misma alegría, con el mismo sosiego, sin que el ansia enturbie nuestras emociones, sin que el recuerdo de la lucha nos amargue, estos cacareos de los gallos amigos, estos sones de las herrerías alegres, estas campanadas del reloj venerable, que entonces escuchábamos? ¿Nuestra vida no es como la del buen caballero errante que nació en uno de estos pueblos manchegos? Tal vez, si, nuestro vivir, como el de don Alonso Quijano el Bueno, es un combate inacabable, sin premio, por ideales que no veremos realizados... Yo amo esa gran figura dolorosa que es nuestro símbolo y nuestro espejo. Yo voy –con mi maleta de cartón y mi capa– a recorrer brevemente los lugares que él recorriera.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Lector: perdóname; mi voluntad es serte grato; he escrito ya mucho en mi vida; veo con tristeza que todavía he de escribir otro tanto. Lector: perdóname; yo soy un pobre hombre que, en los ratos de vanidad, quiere aparentar que sabe algo, pero que en realidad no sabe nada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 12pt;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;h2 style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1030" type="#_x0000_t75" alt="Arriba" href="#I_2_" style="'position:absolute;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_2_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image005.gif" alt="Arriba" shapes="_x0000_s1030" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;!--[if gte vml 1]&gt;&lt;v:shape id="_x0000_s1031" type="#_x0000_t75" alt="Abajo" href="#I_4_" style="'position:absolute;" allowoverlap="f" button="t"&gt;  &lt;w:wrap type="square"&gt; &lt;/v:shape&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !vml]--&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946#I_4_"&gt;&lt;img src="file:///C:/DOCUME%7E1/teastman/CONFIG%7E1/Temp/msoclip1/01/clip_image006.gif" alt="Abajo" shapes="_x0000_s1031" align="right" border="0" height="10" width="13" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;II&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 12pt; text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;En marcha&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Estoy sentado en una vieja y amable casa, que se llama Fonda de la Xantipa; acabo de llegar –¡descubríos!– al pueblo ilustre de Argamasilla de Alba. En la puerta de mi modesto mechinal, allá en Madrid, han resonado esta mañana unos discretos golpecitos; me he levantado súbitamente; he abierto el balcón; aún el cielo estaba negro y las estrellas titileaban sobre la ciudad dormida. Yo me he vestido. Yo he bajado a la calle; un coche pasaba con un ruido lento, rítmico, sonoro. Esta es la hora en que las grandes urbes modernas nos muestran todo lo que tienen de extrañas, de anormales, tal vez de antihumanas. Las calles aparecen desiertas, mudas; parece que durante un momento, después de la agitación del trasnocheo, después de los afanes del día, las casas recogen su espíritu sobre sí mismas, y nos muestran en esta fugaz pausa, antes de que llegue otra vez el inminente tráfago diario, toda la frialdad, la impasibilidad de sus fachadas altas, simétricas, de sus hileras de balcones cerrados, de sus esquinazos y sus ángulos que destacan en un cielo que comienza poco a poco, imperceptiblemente, a clarear en lo alto...&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;El coche que me lleva corre rápidamente hacia la lejana estación. Ya en el horizonte comienza a surgir un resplandor mate, opaco; las torrecillas metálicas de los cables surgen rígidas; la chimenea de una fábrica deja escapar un humo denso, negro, que va poniendo una tupida gasa ante la claridad que nace por Oriente. Yo llego a la estación. ¿No sentís vosotros una simpatía profunda por las estaciones? Las estaciones, en las grandes ciudades, son lo que primero despierta todas las mañanas, a la vida inexorable y cuotidiana. Y son primero los faroles de los mozos que pasan, cruzan, giran, tornan, marchan de un lado para otro, a ras del suelo, misteriosos, diligentes, sigilosos. Y son luego las carretillas y diablas que comienzan a chirriar y gritar. Y después el estrépito sordo, lejano, de los coches que avanzan. Y luego la ola humana que va entrando por las anchas puertas, y se desparrama, acá y allá, por la inmensa nave. Los redondos focos eléctricos, que han parpadeado toda la noche, acaban de ser apagados; suenan los silbatos agudos de las locomotoras; en el horizonte surgen los resplandores rojizos, nacarados, violetas, áureos, de la aurora. Yo he contemplado este ir y venir, este trajín ruidoso, este despertar de la energía humana. El momento de sacar nuestro billete correspondiente es llegado ya. ¿Cómo he hecho yo una sólida, una sincera amistad –podéis creerlo– con este hombre sencillo, discreto y afable, que está a par de mí, junto a la ventanilla?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¿Va usted –le he preguntado yo– a Argamasilla de Alba?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Sí –me ha contestado él–; yo voy a Cinco Casas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Yo me he quedado un poco estupefacto. ¿Si este hombre sencillo e ingenuo –he pensado– va a Cinco Casas, cómo puede ir a Argamasilla? Y luego en voz alta he dicho cortésmente:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Permítame usted: ¿cómo es posible ir a Argamasilla y a Cinco Casas?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Él se ha quedado mirándome un momento en silencio; indudablemente yo era un hombre colocado fuera de la realidad. Y al fin ha dicho:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Argamasilla es Cinco Casas; pero todos le llamamos Cinco Casas...&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-top: 0cm; text-indent: 22.5pt;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Todos&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="color:black;"&gt; ha dicho mi nuevo amigo. ¿Habéis oído bien? ¿Quiénes son &lt;em&gt;todos&lt;/em&gt;? Vosotros sois ministros; ocupáis los Gobiernos civiles de las provincias; estáis al frente de los grandes organismos burocráticos; redactáis los periódicos; escribís libros; pronunciáis discursos; pintáis cuadros; hacéis estatuas... y un día os metéis en el tren, os sentáis en los duros bancos de un coche de tercera, y descubrís –profundamente sorprendidos– que &lt;em&gt;todos&lt;/em&gt; no sois vosotros (que no sabéis que Cinco Casas da lo mismo que Argamasilla), sino que &lt;em&gt;todos&lt;/em&gt; es Juan, Ricardo, Pedro, Roque, Alberto, Luis, Antonio, Rafael, Tomás, es decir, el pequeño labriego, el carpintero, el herrero, el comerciante, el industrial, el artesano. Y ese día –no lo olvidéis– habéis aprendido una enorme, una eterna verdad...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Pero el tren va a partir ya en este momento; el coche está atestado. Yo veo una mujer que solloza y unos niños que lloran (porque van a embarcarse en un puerto mediterráneo para América); veo unos estudiantes que, en el departamento de al lado, cantan y gritan; veo, en un rincón, acurrucado, junto a mí, un hombre diminuto y misterioso, embozado en una capita raída, con unos ojos que brillan –como en ciertas figuras de Goya– por debajo de las anchas y sombrosas alas de su chapeo. Mi nuevo amigo es más comunicativo que yo; pronto entre él y el pequeño viajero enigmático se entabla un vivo diálogo. Y lo primero que yo descubro es que este hombre hermético tiene frío; en cambio, mi compañero no lo tiene. ¿Comprendéis los antagonismos de la vida? El viajero embozado es andaluz; mi flamante amigo es castizo manchego.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Yo –dice el andaluz– no he encontrado en Madrid el calor.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Yo –replica el manchego– no he sentido el frío.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;He aquí –pensáis vosotros, si sois un poco dados a las especulaciones filosóficas–: he aquí explicadas la diversidad y la oposición de todas las éticas, de todos los derechos, de todas las estéticas que hay sobre el planeta. Y luego os ponéis a mirar el paisaje; ya es día claro; ya una luz clara, limpia, diáfana, llena la inmensa llanura amarillenta; la campiña se extiende a lo lejos en suaves ondulaciones de terreros y oteros. De cuando en cuando se divisan las paredes blancas, refulgentes de una casa; se ve perderse a lo lejos, rectos, inacabables, los caminos. Y una cruz tosca de piedra tal vez nos recuerda, en esta llanura solitaria, monótona, yerma, desesperante, el sitio de una muerte, de una tragedia. Y lentamente el tren arranca con un estrépito de hierros viejos. Y las estaciones van pasando, pasando; todo el paisaje que ahora vemos es igual que el paisaje pasado; todo el paisaje pasado es el mismo que el que contemplaremos dentro de un par de horas. Se perfilan en la lejanía radiante las lomas azules; acaso se columbra el chapitel negro de un campanario; una picaza revuela sobre los surcos rojizos o amarillentos; van lentas, lentas por el llano inmenso las yuntas que arrastran el arado. Y de pronto surge en la línea del horizonte un molino que mueve locamente sus cuatro aspas. Y luego pasamos por Alcázar; otros molinos vetustos, épicos, giran y giran. Ya va entrando la tarde; el cansancio ha ganado ya vuestros miembros. Pero una voz acaba de gritar:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–¡Argamasilla, dos minutos!&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Una sacudida nerviosa nos conmueve. Hemos llegado al término de nuestro viaje. Yo contemplo en la estación una enorme diligencia –una de estas diligencias que encantan a los viajeros franceses–; junto a ella hay un coche, un coche venerable, un coche simpático, uno de estos coches de pueblo en que todos –indudablemente– hemos paseado siendo niños. Yo pregunto a un mozuelo que a quién pertenece este coche.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Este coche –me dice él– es de la Pacheca.&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Una dama fina, elegante, majestuosa, enlutada, sale de la estación y sube en este coche. Ya estamos en pleno ensueño. ¿No os ha desatado la fantasía la figura esbelta y silenciosa de esta dama, tan española, tan castiza, a quien tan española y castizamente se le acaba de llamar la Pacheca?&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;Ya vuestra imaginación corre desvariada. Y cuando tras largo caminar en la diligencia por la llanura entráis en la villa ilustre; cuando os habéis aposentado en esta vieja y amable fonda de la Xantipa; cuando, ya cerca de la noche, habéis trazado rápidamente unas cuartillas, os levantáis de ante la mesa, sintiendo un feroz apetito, y decís a estas buenas mujeres que andan por estancias y pasillos:&lt;/p&gt;  &lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;–Señoras mías, escuchadme un momento. Yo les agradecería a vuesas mercedes un poco de salpicón, un poco de duelos y quebrantos, algo acaso de alguna olla modesta en que haya «más berza que carnero».&lt;/p&gt;&lt;p class="EstiloNormalWebNegroJustificadoPrimeralnea079cmA"&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/42735478/35931.ZIP"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(0, 153, 0);font-size:130%;" &gt;Pasa bajar versión completa cliquear acá&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-2267247109887505946?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/2267247109887505946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=2267247109887505946&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/2267247109887505946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/2267247109887505946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/07/azorn-la-ruta-del-quijote.html' title='AZORÍN  La Ruta del Quijote'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-9206697967312775102</id><published>2007-06-29T11:56:00.000-07:00</published><updated>2007-07-09T08:14:17.853-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.euskonews.com/0217zbk/argazkiak/kosmo21701_03.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.euskonews.com/0217zbk/argazkiak/kosmo21701_03.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Mansilla, Lucio V.&lt;/b&gt; (1831 – 1913)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escritor argentino. Hijo del general de su mismo nombre y de doña Agustina Ortiz de Rosas, hermana de don Juan Manuel, el general Lucio V. Mansilla nació en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1831.&lt;br /&gt;Desde muy tierna edad y al calor de las coloniales costumbres de nuestros hogares patricios le fue dado asomarse a la vida social y política que rodeaba al Restaurador. A los diecisiete años hace su primer salida por el mundo viajando a la India sin compañía de familiares. Vuelve al país en la víspera de Caseros, y a raíz de la caída de Rosas, es decir, cuando contaba apenas veinte años. Vuelve a tomar el camino de los mares, esta vez con su padre.&lt;br /&gt;Muy joven empieza a mostrar aficiones de observador inquieto y curioso de hombres y cosas, para tales aptitudes su vida aventurera y activa presenta un riquísimo campo. Ya hombre, recurriendo a su prodigiosa memoria como quien hojea un libro de estampas, nos relata con peculiar estilo escenas pintorescas animadas con destacados personajes de la época. Sobre ellos se desliza su penetrante mirada psicológica y entre ellos casi siempre se cuela el propio autor con original personalidad.&lt;br /&gt;De vuelta en buenos Aires se alista del lado de Urquiza y la Confederación; es desterrado del estado y se instala en Paraná. Allí es secretario de Del Carrillo y diputado suplente por Santiago del estero. Logra conquistar amplias simpatías entre los hombres del Congreso. Más tarde se enrola en el ejército siendo herido en Curupaytí.&lt;br /&gt;Uno de los primeros actos de gobierno de Sarmiento, de cuya candidatura había sido activo gestor, es ascenderlo a coronel el 20 de octubre de 1868. Terminada la campaña del Paraguay es nombrado jefe de la frontera en Río Cuarto, desde cuyo fortín emprende la campaña contra los indios. Con tal motivo escribió uno de sus libros más celebrados: Una excursión a los indios ranqueles.&lt;br /&gt;La mayor popularidad como político adquiérela siendo diputado durante el gobierno de Juárez Celman y presidente de la misma cámara en el 90. Con la caída del juarizmo se esfuman sus últimas esperanzas de alcanzar más altas posiciones y se retira del escenario político. De aquella época nos queda Entre nos (Causeries), que fue apareciendo en el periódico "Sud América" y llegó a constituir un conjunto de cinco volúmenes. Verdaderas charlas por su desorden y estilo fragmentario, tienen toda la gracia y la chispa de su conversación mechada de anécdotas y sabrosas aunque ligeras reflexiones.&lt;br /&gt;Alcanzó el grado de general de división, desempeñó nuestra representación diplomática en Berlín y durante sus último años viajó por Europa muriendo en París el 9 de octubre de 1913. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires.&lt;br /&gt;Aparte de los libros ya mencionados cabe citar Retratos y recuerdos, Máximas y pensamientos, Rosas y otros varios sobre cuestiones constitucionales y militares.&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 13.5pt; font-family: Verdana;"&gt;Una excursión a los indios ranqueles &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size: 14pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;( 1870 )&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; color: black;"&gt;Fuente: Tercera edición, Juan A. Alsina editor, Buenos Aires, 1890. &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Verdana; color: rgb(102, 0, 0);"&gt;I. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; color: black;"&gt;Dedicatoria. Aspiraciones de un &lt;i&gt;tourist &lt;/i&gt;. Los gustos con el tiempo. Por qué se pelea un padre con un hijo. Quiénes son los ranqueles. Un tratado internacional con los indios. Teoría de los extremos. Dónde están las fronteras de Córdoba y campos entre los ríos Cuarto y Quinto. De dónde parte el camino del Cuero. &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No sé dónde te hallas, ni dónde te encontrará esta carta y las que le seguirán, si Dios me da vida y salud. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hace bastante tiempo que ignoro tu paradero, que nada sé de ti; y sólo porque el corazón me dice que vives, creo que continúas tu peregrinación por este mundo, y no pierdo la esperanza de comer contigo, a la sombra de un viejo y carcomido algarrobo, o entre las pajas al borde de una laguna, o en la costa de un arroyo, un &lt;i&gt;churrasco &lt;/i&gt;de guanaco, o de gama, o de yegua, o de gato montés, o una &lt;i&gt;picana &lt;/i&gt;de avestruz, boleado por mí, que siempre me ha parecido la más sabrosa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A propósito de avestruz, después de haber recorrido la Europa y la América, de haber vivido como un marqués en París y como un guaraní en el Paraguay; de haber comido &lt;i&gt;mazamorra &lt;/i&gt;en el Río de la Plata, &lt;i&gt;charquicán &lt;/i&gt;en Chile, ostras en Nueva York, &lt;i&gt;macarroni &lt;/i&gt;en Nápoles, trufas en el Périgord, &lt;i&gt;chipá &lt;/i&gt;en la Asunción, recuerdo que una de las grandes aspiraciones de tu vida era comer una tortilla de huevos de aquella ave pampeana en &lt;i&gt;Nagüel Mapo,&lt;/i&gt; que quiere decir "Lugar del Tigre". &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los gustos se simplifican con el tiempo, y un curioso fenómeno social se viene cumpliendo desde que el mundo es mundo. El &lt;i&gt;macrocosmo,&lt;/i&gt; o sea el hombre colectivo, vive inventando placeres, manjares, necesidades, y el &lt;i&gt;microcosmo,&lt;/i&gt; o sea el hombre individual, pugnando por emanciparse de las tiranías de la moda y de la civilización. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A los veinticinco años, somos víctimas de un sinnúmero de superfluidades. No tener guantes blancos, frescos como una lechuga, es una gran contrariedad, y puede ser causa de que el mancebo más cumplido pierda casamiento. ¡Cuántos dejaron de comer muchas veces, y sacrificaron su estómago en aras del buen tono! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A los cuarenta años, cuando el cierzo y el hielo del invierno de la vida han comenzado a marchitar la tez y a blanquear los cabellos, las necesidades crecen, y por un bote de &lt;i&gt;cold cream,&lt;/i&gt; o por un paquete de cosmético, ¿qué no se hace? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Más tarde, todo es lo mismo; con guantes o si guantes, con retoques o sin ellos, "la mona aunque se vista de seda mona se queda". &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Lo más sencillo, lo más simple, lo más inocente es lo mejor: nada de picantes, nada de trufas. El &lt;i&gt;puchero &lt;/i&gt;es lo único que no hace daño, que no indigesta, que no irrita. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En otro orden de ideas, también se verifica el fenómeno. Hay razas y naciones creadoras, razas y naciones destructoras. Y, sin embargo, en el irresistible &lt;i&gt;corso e ricorso &lt;/i&gt;de los tiempos y de la humanidad, el mundo marcha; y una inquietud febril mece incesantemente a los mortales de perspectiva en perspectiva, sin que el ideal jamás muera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pues, cortando aquí el exordio, te diré, Santiago amigo, que te he ganado de mano. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Supongo que no reñirás por esto conmigo, dejándote dominar por un sentimiento de envidia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ten presente que una vez me dijiste, censurando a tu padre, con quien estabas peleado: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;-¿Sabes por qué razón el viejo está mal conmigo? Porque tiene envidia de que yo haya estado en el Paraguay, y él no. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Es el caso que mi estrella militar me ha deparado el mando de las fronteras de Córdoba, que eran la más asoladas por los ranqueles. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ya sabes que los ranqueles son esas tribus de indios araucanos, que habiendo emigrado en distintas épocas de la falda occidental de la cordillera de los Andes a la oriental, y pasado los ríos Negro y Colorado, han venido a establecerse entre el Río Quinto y el Río Colorado, al naciente del río Chalileo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Últimamente celebré un tratado de paz con ellos, que el Presidente aprobó, con cargo de someterlo al Congreso. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo creía que siendo un acto administrativo no era necesario. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¿Qué sabe un pobre coronel de trotes constitucionales? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aprobado el tratado en esa forma, surgieron ciertas dificultades relativas a su ejecución inmediata. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Esta circunstancia por un lado, por otro cierta inclinación a las correrías azarosas y lejanas; el deseo de ver con mis propios ojos ese mundo que llaman Tierra Adentro, para estudiar sus usos y costumbres, sus necesidades, sus ideas, su religión, su lengua, e inspeccionar yo mismo el terreno por donde alguna vez quizá tendrán que marchar las fuerzas que están bajo mis órdenes -he ahí lo que me decidió no ha mucho y contra el torrente de algunos hombres que se decían conocedores de los indios, a penetrar hasta sus tolderías y a comer primero que tú en Nagüel Mapo una tortilla de huevo de avestruz. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Nuestro inolvidable amigo Emilio Quevedo, solía decirme cuando vivíamos juntos en el Paraguay, vistiendo el ligero traje de los criollos e imitándolos en cuanto nos lo permitían nuestra sencillez y facultades imitativas: -¡Lucio, después de París, la Asunción! Yo digo: -Santiago, después de una tortilla de huevos de gallina frescos, en el Club del Progreso, una de avestruz en el toldo de mi compadre el cacique Baigorrita. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Digan lo que quieran, si la felicidad existe, si la podemos concretar y definir, ella está en los extremos. Yo comprendo las satisfacciones del rico y las del pobre; las satisfacciones del amor y del odio; las satisfacciones de la oscuridad y las de la gloria. Pero ¿quién comprende las satisfacciones de los términos medios; las satisfacciones de la indiferencia; las satisfacciones de ser &lt;i&gt;cualquier &lt;/i&gt;cosa? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo comprendo que haya quien diga: -Me gustaría ser Leonardo Pereira, potentado del dinero. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero que haya quien diga: -Me gustaría ser el almacenero de enfrente, don Juan o don Pedro, un nombre de pila cualquiera, sin apellido notorio -eso no. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y comprendo que haya quien diga: -Yo quisiera ser limpiabotas o vendedor de billetes de lotería. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo comprendo el amor de Julieta y Romeo, como comprendo el odio de Silva por Hernani, y comprendo también la grandeza del perdón. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero no comprendo esos sentimientos que no responden a nada enérgico, ni fuerte, a nada terrible o tierno. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo comprendo que haya en esta tierra quien diga: -Yo quisiera ser Mitre, el hijo mimado de la fortuna y de la gloria, o sacristán de San Juan. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero que haya quien diga: -Yo quisiera ser el coronel Mansilla -eso no lo entiendo, porque al fin, ese mozo &lt;i&gt;¿quién es? &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Al general Arredondo, mi jefe inmediato entonces, le debo, querido Santiago, el placer inmenso de haber comido una tortilla de huevos de avestruz en Nagüel Mapo, de haber tocado los extremos una vez más. Si él me niega la licencia, me quedo con las ganas, y no te gano la delantera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Siempre le agradeceré que haya tenido conmigo esa deferencia, y que me manifestara que creía muy arriesgada mi empresa, probándome así que mi suerte no le era indiferente. Sólo los que no son amigos pueden conformarse con que otro muera estérilmente... y en la oscuridad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La nueva línea de fronteras de la provincia de Córdoba no está ya donde tú la dejaste cuando pasaste para San Luis, en donde tuviste la fortuna de conocer aquel tipo que te decía un día en el Morro: -Yo no deseo, señor don Santiago, visitar la Europa por conocer el Cristal Palais ni el Buckingham Palace, ni las Tullerías, ni el London Tunnel, sino por ver ese Septentrión, ¡ese Septentrión&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Está la nueva línea sobre el Río Quinto, es decir, que ha avanzado veinticinco leguas, y que al fin se puede cruzar del Río Cuarto a Achiras sin hacer testamento y confesarse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Muchos miles de leguas cuadradas se han conquistado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Qué hermosos campos para cría de ganados son los que se hallan encerrados entre el Río Cuarto y Río Quinto! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La cebadilla, el potrillo, el trébol, la gramilla, crecen frescos y frondosos entre el pasto fuerte; grandes cañadas como la del Gato, arroyos caudalosos y de largo curso como Santa Catalina y Sampacho, lagunas inagotables y profundas como Chemeco, Tarapendá y Santo Tomé constituyen una fuente de riqueza de inestimable valor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Tengo en borrador el &lt;i&gt;croquis topográfico,&lt;/i&gt; levantado por mí, de ese territorio inmenso, desierto, que convida a la labor y no tardaré en publicarlo, ofreciéndoselo con una memoria a la industria rural. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Más de seis mil leguas he galopado en año y medio para conocerlo y estudiarlo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No hay un arroyo, no hay un manantial, no hay una laguna, no hay un monte, no hay un médano donde no haya estado personalmente para determinar yo mismo su posición aproximada y hacerme baqueano, comprendiendo que el primer deber de un soldado es conocer palmo a palmo el terreno donde algún día ha de tener necesidad de operar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¿Puede haber papel más triste que el de un jefe con responsabilidad, librado a un pobre paisano, que lo guiará bien, pero que no le sugerirá pensamiento estratégico alguno? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La nueva frontera de Córdoba comienza en la raya de San Luis, casi en el meridiano que pasa por Achiras, situado en los últimos dobleces de la sierra, y costeando el Río Quinto se prolonga hasta la Ramada Nueva, llamada así por mí, y por los ranqueles &lt;i&gt;Trapalcó&lt;/i&gt;, que quiere decir agua de totora, &lt;i&gt;Trapal &lt;/i&gt;es totora, y &lt;i&gt;co &lt;/i&gt;, agua. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La Ramada Nueva son los desagües del Río Quinto vulgarmente denominados la Amarga. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;De la Ramada Nueva, y buscando la derecha de la frontera sur de Santa Fe, sigue la línea por la Laguna Nº 7, llamada así por los cristianos, y por los ranqueles &lt;i&gt;Potálauquen,&lt;/i&gt; es decir, laguna grande: &lt;i&gt;potá &lt;/i&gt;es grande y &lt;i&gt;lauquén,&lt;/i&gt; laguna. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Siguiendo el juicioso plan de los españoles, yo establecí esta frontera colocando los fuertes principales en la banda sur del Río Quinto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En la frontera internacional esto habría sido un error militar, pues los obstáculos deben siempre dejarse a vanguardia para que el enemigo sea quien los supere primero. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero en la guerra con los indios el problema cambia de aspecto, lo que hay que aumentarle a este enemigo no son los obstáculos para entrar, sino los obstáculos para salir. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El punto fuerte principal de la nueva línea de frontera sobre el Río Quinto se llama Sarmiento. De allí arranca el camino que por Laguna del Cuero, famosa para los cristianos, conduce a Leubucó, centro de las tolderías ranquelinas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;De allí emprendí mi marcha. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Mañana continuaré. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hoy he perdido tiempo en ciertos detalles creyendo que para ti no carecerían de interés. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Si al público a quien le estoy mostrando mi carta le sucediese lo mismo, me podría acostar a dormir tranquilo y contento como un colegial que ha estudiado bien su lección y la sabe. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¿Cómo saberlo? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Tantas veces creemos hacer reír con un chiste y el auditorio no hace ni un gesto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Por eso toda la sabiduría humana está encerrada en la inscripción del templo de Delfos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Verdana;"&gt;II. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; color: black;"&gt;Deseos de un viaje a los ranqueles. Una china y un bautismo. Peligros de la diplomacia militar con los indios. El indio Linconao. Mañas de los indios. Efectos del deber sobre el temperamento. ¿Qué es un parlamento? Desconfianza de los indios para beber y fumar. Sus preocupaciones al comer y beber. Un lenguaraz. Cuánto dura un parlamento y qué se hace con él. Linconao atacado de las viruelas. Efecto de la viruela en los indios. Gratitud de Linconao. Reserva de un fraile. &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Hacía ya mucho tiempo que yo rumiaba el pensamiento de ir a Tierra Adentro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El trato con los indios que iban y venían al Río Cuarto, con motivo de las negociaciones de paz entabladas, había despertado en mí una indecible curiosidad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Es menester haber pasado por ciertas cosas, haberse hallado en ciertas posiciones, para comprender con qué vigor se apoderan ciertas ideas de ciertos hombres; para comprender que una misión a los ranqueles puede llegar a ser para un hombre como yo, medianamente civilizado, un deseo tan vehemente, como puede ser para cualquier ministeril una secretaría en la embajada de París. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El tiempo, ese gran instrumento de las empresas buenas y malas, cuyo curso quisiéramos precipitar, anticipándonos a los sucesos para que éstos nos devoren o nos hundan, me había hecho contraer ya varias relaciones, que puedo llamar íntimas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La china Carmen, mujer de veinticinco años, hermosa y astuta, adscrita a una comisión de las últimas que anduvieron en negociados conmigo, se había hecho mi confidente y amiga, estrechándose estos vínculos con el bautismo de una hijita mal habida que la acompañaba y cuya ceremonia se hizo en el Río Cuarto con toda pompa, asistiendo un gentío considerable y dejando entre los muchachos un recuerdo indeleble de mi magnificencia, a causa de unos veinte pesos bolivianos que cambiados en medios y reales arrojé a la &lt;i&gt;manchancha &lt;/i&gt;esa noche inolvidable, al son de los infalibles gritos: ¡padrino pelado! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sólo quien haya tenido ya el gusto de ser padrino, comprenderá que noches de ese género pueden ser realmente inolvidables para un triste mortal sin antecedentes históricos, sin títulos para que su nombre pase a la posteridad, grabándose con caracteres de fuego en el libro de oro de la historia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Ah!, tú has sido padrino pelado alguna vez, y me comprenderás. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Carmen no fue agregada sin objeto a la comisión o embajada ranquelina en calidad de &lt;i&gt;lenguaraz,&lt;/i&gt; que vale tanto como secretario de un ministro plenipotenciario. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Mariano Rosas ha estudiado bastante el corazón humano, como que no es un muchacho; conoce a fondo las inclinaciones y gustos de los cristianos, y por un instinto que es de los pueblos civilizados y de los salvajes, tiene mucha confianza en la acción de la mujer sobre el hombre, siquiera esté ésta reducida a una triste condición. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Carmen fue despachada, pues, con su pliego de instrucciones oficiales y confidenciales por el Talleyrand del desierto, y durante algún tiempo se ingenió con bastante habilidad y maña. Pero no con tanta que yo no me apercibiese, a pesar de mi natural candor, de lo complicado de su misión, que de haber dado con otro Hernán Cortés habría podido llegar a ser peligrosa y fatal para mí, desacreditando gravemente mi &lt;i&gt;gobierno fronterizo. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pasaré por alto una infinidad de detalles, que te probarían hasta la evidencia todas las seducciones a que está expuesta la diplomacia de un jefe de fronteras, teniendo que habérselas con secretarios como mi comadre; y te diré solamente que esta vez se le quemaron los libros de su experiencia a Mariano, siendo Carmen misma la que me inició en los secretos de su misión. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El hecho es que nos hicimos muy amigos, y que a sus buenos informes del compadre debo yo en parte el crédito de que llegué precedido cuando hice mi entrada triunfal en Leubucó. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Otra conexión íntima contraje también durante las últimas negociaciones. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El cacique Ramón, jefe de las indiadas del Rincón, me había enviado su hermano mayor, como muestra de su deseo de ser mi amigo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Linconao, que así se llama, es un indiecito de unos veintidós años, alto, vigoroso, de rostro simpático, de continente airoso, de carácter dulce, y que se distingue de los demás indios en que no es &lt;i&gt;pedigüeño &lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los indios viven entre los cristianos fingiendo pobrezas y necesidades, pidiendo todos los días; y con los mismos preámbulos y ceremonias piden una ración de sal, que un poncho fino o un par de espuelas de plata. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Tener que habérselas con una comisión de estos sujetos, para un jefe de frontera, presupone tener que perder todos los días unas cuatro horas en escucharles. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Yo, que por mi temperamento sanguíneo-bilioso no soy muy pacienzudo que digamos, he descubierto con este motivo que el deber puede modificar fundamentalmente la naturaleza humana. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En algunos &lt;i&gt;parlamentos &lt;/i&gt;de los celebrados en el Río Cuarto, más de una vez derroté a mis interlocutores, cuyo exordio sacramental era: -Para tratar con los indios se necesita mucha paciencia, hermano. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;No sé si tenéis idea de lo que es un parlamento en tierra de cristianos; y digo en tierra de cristianos, porque en tierra de indios, el ritual es diferente. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Un parlamento es una conferencia diplomática. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;La comisión se manda anunciar anticipadamente con el lenguaraz. Si la componen veinte individuos, los veinte se presentan. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Comienzan por dar la mano por turno de jerarquía y en esa forma, se sientan, con bastante aplomo, en las sillas o sofás que se les ofrecen. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El lenguaraz, es decir, el intérprete secretario, ocupa la derecha del que hace cabeza. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Habla éste y el lenguaraz traduce, siendo de advertir que aunque el plenipotenciario entienda el castellano y lo hable con facilidad, no se altera la regla. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Mientras se parlamenta hay que obsequiar a la comisión con licores y cigarros. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los indios no rehusan jamás beber, y cigarros, aunque no los fumen sobre tablas, reciben mientras les den. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero no beben ni fuman cuando no tienen confianza plena en la buena fe del que les obsequia, hasta que éste no lo haya hecho primero. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Una vez que la confianza se ha establecido cesan las precauciones, y echan al estómago el vaso de licor que se les brinda, sin más preámbulos que el de sus preocupaciones. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Una de ellas estriba en no comer ni beber cosa alguna, sin antes ofrecerle las primicias al genio misterioso en que creen y al que adoran sin tributarle culto exterior. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Consiste esta costumbre en tomar con el índice y el pulgar un poco de la cosa que deben tragar o beber y en arrojarla a un lado, elevando la vista al cielo y exclamando: ¡Para Dios! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Es una especie de conjuro. Ellos creen que el díablo, &lt;i&gt;Gualicho &lt;/i&gt;, está en todas partes, y que dándole lo primero a Dios, que puede más que aquél, se hace el exorcismo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El parlamento se inicia con una serie inacabable de salutaciones y preguntas, como verbigracia: -¿Cómo está usted? ¿Cómo están sus jefes, oficiales y soldados? ¿Cómo le ha ido a usted desde la última vez que nos vimos? ¿No ha habido alguna novedad en la frontera? ¿No se le han perdido algunos caballos? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Después siguen los mensajes, como por ejemplo: -Mi hermano, o mi padre, o mi primo, me han encargado le diga a usted que se alegrará que esté usted bueno en compañía de todos sus jefes, oficiales y soldados; que desea mucho conocerle; que tiene muy buenas noticias de usted; que ha sabido que desea usted la paz y que eso prueba que cree en Dios y que tiene un excelente corazón. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;A veces cada interlocutor tiene su lenguaraz, otras es común. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El trabajo del lenguaraz es ímprobo en el parlamento más insignificante. Necesita tener una gran memoria, una garganta de privilegio y muchísima calma y paciencia. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;¡Pues es nada antes de llegar al grano tener que repetir diez o veinte veces lo mismo! &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Después que pasan los saludos, cumplimientos y mensajes, se entra a ventilar los negocios de importancia, y una vez terminados éstos, entra el capítulo quejas y pedidos, que es el más fecundo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cualquier parlamento dura un par de horas, y suele suceder al rato de estar en él, que varios de los interlocutores están roncando. Como el único que tiene responsabilidad en lo que se ventila es el que hace cabeza, después que cada uno de los que le acompañan ha sacado su piltrafa, ya la cosa ni le interesa ni le importa y, no pudiendo retirarse, comienza a bostezar y acaba por dormirse, hasta que el plenipotenciario, apercibiéndose del ridículo, pide permiso para terminar y retirarse, prometiendo volver muy pronto, pues tiene muchas cosas más que decir aún. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Linconao fue atacado fuertemente de las viruelas, al mismo tiempo que otros indios. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Trajéronme el aviso, y siendo un indio de importancia que me estaba muy recomendado y que por sus prendas y carácter me había caído en gracia, fuime en el acto a verle. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los indios habían acampado en tiendas de campaña que yo les había dado, sobre la costa de un lindo arroyo tributario del Río Cuarto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;En un albardón verde y fresco, pintado de flores silvestres, estaban colocadas las tiendas en dos filas, blanqueando risueñamente sobre el campestre tapete. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Todos ellos me esperaban mustios, silenciosos y aterrados, contrastando el cuadro humano con el de la riente naturaleza y la galanura del paisaje. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Linconao y otros indios yacían en sus tiendas revolcándose en el suelo con la desesperación de la fiebre; sus compañeros permanecían a la distancia, en un grupo, sin ser osados a acercarse a los virulentos y mucho menos a tocarles. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Detrás de mí iba una carretilla ex profeso. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Acerquéme primero a Linconao y después a los otros enfermos; habléles a todos animándolos, llamé a algunos de sus compañeros para que me ayudaran a subirlos al carro; pero ninguno de ellos obedeció, y tuve que hacerlo yo mismo con el soldado que lo tiraba. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Linconao estaba desnudo y su cuerpo invadido de la peste con una virulencia horrible. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Confieso que al tocarle sentí un estremecimiento semejante al que conmueve la frágil y cobarde naturaleza cuando acometemos un peligro cualquiera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aquella piel granulenta al ponerse en contacto con mis manos me hizo el efecto de una lima envenenada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Pero el primer paso estaba dado y no era noble, ni digno, ni humano, ni cristiano, retroceder, y Linconao fue alzado a la carretilla por mí, rozando su cuerpo mi cara. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Aquel fue un verdadero triunfo de la civilización sobre la barbarie; el cristianismo sobre la idolatría. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los indios quedaron profundamente impresionados; se hicieron lenguas alabando mi audacia y llamáronme su padre. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Ellos tienen un verdadero terror pánico a la viruela, que sea por circunstancias cutáneas o por la clase de su sangre, los ataca con furia mortífera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cuando en Tierra Adentro aparece la viruela, los toldos se mudan de un lado al otro, huyendo las familias despavoridas a largas distancias de los lugares infestados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El padre, el hijo, la madre, las personas más queridas son abandonadas a su triste suerte, sin hacer más en favor de ellas que ponerles alrededor del lecho agua y alimentos para muchos días. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Los pobres salvajes ven en la viruela un azote del cielo, que Dios les manda por sus pecados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;He visto numerosos casos y son rarísimos los que se han salvado, a pesar de los esfuerzos de un excelente facultativo, el doctor Michaut, cirujano de mi División. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Linconao fue asistido en mi casa, cuidándolo una enfermera muy paciente y cariñosa, interesándose todos en su salvación, que felizmente conseguimos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;El cacique Ramón me ha manifestado el más ardiente agradecimiento por los cuidados tributados a su hermano, y éste dice que después de Dios, su padre soy yo, porque a mí me debe la vida. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Todas estas circunstancias, pues, agregadas a las consideraciones mentadas en mi carta anterior, me empujaban al desierto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Cuando resolví mi expedición, guardé el mayor sigilo sobre ella. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Todos vieron los preparativos, todos hacían conjeturas, nadie acertó. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Sólo un fraile amigo conocía mi secreto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Y esta vez no sucedió lo que debiera haber sucedido de ser cierto el dicho del moralista: Lo que uno no quiere que se sepa no debe decirse. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Es que la humanidad, por más que digan, tiene muchas buenas cualidades, entre ellas, la reserva y la lealtad. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;Supongo que serás de mi opinión, y con esto me despido hasta mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a style="color: rgb(255, 0, 0);" href="http://rapidshare.com/files/41930057/Una_excursi_n_a__los_indios_ranqueles.rar"&gt;BAJAR AQUÍ TEXTO COMPLETO&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-9206697967312775102?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/9206697967312775102/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=9206697967312775102&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/9206697967312775102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/9206697967312775102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/mansilla-lucio-v.html' title=''/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-3012665115878232638</id><published>2007-06-29T11:41:00.000-07:00</published><updated>2007-06-29T11:47:55.088-07:00</updated><title type='text'>GUY DE MAUPASSANT         Bola de Sebo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/archive/1/19/20050705204521%21Maupassant_2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/archive/1/19/20050705204521%21Maupassant_2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Maupassant, Guy de&lt;/b&gt; (1850- 1893) Escritor francés nació en el Château de Miromesnil, en Normandía (Francia), en 1850. Estudió en Yvetot y Ruán.&lt;br /&gt;Desde joven perteneció al grupo literario que tenía como centro al reconocido novelista Gustave Flaubert, de quien era amigo Maupassant, y de quien recibió su formación literaria.&lt;br /&gt;En 1880 publicó el cuento considerado uno de los mejores en su género: "Bola de Sebo", incluido en "Las veladas de Médan".&lt;br /&gt;En los años que siguieron realizó más de doscientos cuentos, entre ellos "Mademoiselle Fifi" de 1882 y "La Parure" en 1884.&lt;br /&gt;Sus obras están escritas en un estilo sencillo, en dónde se transmite con realismo lo sórdido y cruel de la esencia humana. Esto se refleja tanto en sus relatos, así como también en sus tres colecciones de recuerdos de viajes, y en sus seis novelas, entre ellas se pueden citar: "Una vida" de 1883; "Bel Amí" de 1885; "Los dos hermanos" de 1888; "La mano izquierda" de 1889 y "Nuestro corazón" de 1890.&lt;br /&gt;Maupassant, uno de los más grandes escritores de cuentos de la literatura francesa y universal, falleció en 1893. &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Commons;font-size:36;"  &gt;BOLA DE SEBO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:Commons;font-size:14;"  &gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Durante varios días los restos del ejérci­to derrotado habían cruzado la ciudad. No era tropa: eran hordas desbandadas. Los hombres tenían la barba larga y sucia, uniformes en harapos, y avanzaban con paso blando, sin bandera, sin regimiento. Todos parecían abrumados, exte­nuados, incapaces de un pensamiento o de una resolución. Caminaban únicamente por costumbre y caían de fatiga en cuanto se detenían. Sobre todo, los movilizados, gente pacífica, rentistas tranqui­los, se doblaban bajo el peso del fusil; pequeños voluntarios alertas, fáciles para el espanto y rápidos para el entusiasmo, prontos al ataque como a la huida. Luego, en medio de ellos, algunos pantalo­nes rojos, despojos de una división diezmada en una gran batalla, artilleros sombríos alineados con esos infantes diversos; y a veces, el casco brillante de un dragón de pie lerdo que seguía con dificultad la marcha más liviana de los infantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Legiones de francotiradores con apodos heroi­cos: "los Vengadores de la Derrota", "los Ciudada­nos de la Tumba", "los Compartidores de la muer­te", pasaban a su vez con aspecto de bandidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sus jefes, antiguos comerciantes en telas o en granos, ex vendedores de sebo o de jabón, guerreros de circunstancias, ascendidos a oficiales por su peso o por el tamaño de sus bigotes, cubiertos de armas, de franela y de galones, hablaban con voz retumbante, discutían planes de campaña, y pretendían sostener, solos, la Francia agonizante sobre sus hombros de fanfarrones, pero temían a veces a sus propios solda­dos, gente de horca y cuchillo, temerarios hasta la exageración, saqueadores y libertinos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los prusianos iban a entrar en Rouen, se decía. &lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La guardia nacional, que desde hacía dos meses efectuaba reconocimientos muy prudentes en los bosques vecinos, fusilando a veces a sus propios centinelas, y preparándose al combate cuando un conejito se movía entre las malezas, ya había regre­sado a sus hogares. Sus armas, sus uniformes, todo el equipo mortífero con el cual aterrorizaban otrora a tres leguas a la redonda los límites de las rutas nacionales, había desaparecido súbitamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los últimos soldados franceses acababan, en fin, de cruzar el Sena para llegar a Pont-Audemer por Saint-Sever y Bourg-Achard; y caminando a la zaga, el general desesperado, que no podía intentar nada con esos pingajos informes, desesperado él también ante la gran catástrofe de un pueblo acos­tumbrado a vencer y desastrosamente vencido a pesar de su valor legendario, se iba a pie entre dos oficiales de orden.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Luego, una paz profunda, una espera aterrada y silenciosa había caído sobre la ciudad. Muchos bur­gueses barrigones, embotados por el comercio, es­peraban ansiosamente a los vencedores, temblando de que sus asadores o sus grandes cuchillos de cocina fueran considerados como armas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La vida parecía detenida; las tiendas estaban cerradas; la calle silenciosa. A veces un habitante, intimidado por ese silencio, se deslizaba rápidamen­te a lo largo de las paredes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La angustia de la espera hacía desear la llegada del enemigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En la tarde del día que siguió a la partida de las tropas francesas, algunos ulanos salidos no se sabe de dónde atravesaron rápidamente la ciudad. Luego, un poco más tarde, una masa negra bajó de la barranca Santa Catalina, mientras otros dos ríos invasores aparecían por las rutas de Darnetal y de Boisguillaume. Justo en el mismo momento las avanzadas de tres cuerpos se unieron en la plaza de la Municipalidad, y por todas las calles cercanas llega­ba el ejército alemán, desparramando sus batallo­nes, que hacían sonar el empedrado bajo su paso rítmico y duro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ordenes gritadas por una voz desconocida y gutural subían a lo largo de las casas, que parecían muertas y desiertas, mientras, tras los postigos ce­rrados, los ojos espiaban a esos hombres victoriosos, dueños de la ciudad, de las fortunas y de las vidas por el "derecho de guerra". Los habitantes, en sus cuar­tos ensombrecidos, sentían el enloquecimiento que dan los cataclismos, los grandes trastornos mortífe­ros de la tierra, contra los cuales resultan inútiles toda fuerza y toda sabiduría. Pues la misma sensa­ción vuelve a aparecer cada vez que el orden estable­cido de las cosas es subvertido, que todo lo que protegían las leyes de los hombres o de la naturaleza se encuentra a la merced de una brutalidad incons­ciente y feroz. El temblor de tierra que aplasta a un pueblo entero bajo las casas derrumbadas; el río desbordado que mezcla a los campesinos ahogados con los cadáveres de bueyes y las vigas arrancadas a los techos, o el ejército victorioso que asesina a los que se defienden, lleva prisioneros a los otros, sa­quea en nombre de la espada y da gracias a Dios al son del cañón, son otras tantas plagas espantosas que desconciertan toda creencia en la justicia eterna, toda la confianza que nos ha sido enseñada en la protección del cielo y en la razón de los hombres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero a cada puerta golpeaban pequeños desta­camentos y luego desaparecían en las casas. Era la ocupación después de la invasión. Empezaba para los vencidos el deber de mostrarse amables con los vencedores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Luego de algún tiempo, una vez desaparecido el primer terror, una nueva paz se estableció. En muchas familias el oficial prusiano comía a la mesa. A veces era bien educado y por cortesía compadecía a Francia; decía su repugnancia en tomar parte en esa guerra. Le quedaban agradecidos por ese sentimien­to; además, un día u otro podían necesitar su protec­ción. Quizás halagándolo podrían alimentar a algu­nos hombres menos. ;Y por qué herir a alguien de quien se depende completamente? Obrar así no sería coraje, sino temeridad. Y la temeridad ya no es un defecto de los burgueses de Rouen, como en los tiempos de las defensas heroicas, cuando se hizo ilustre la ciudad. Se decía, por fin, razón suprema, sacada de la urbanidad francesa, que era permitido ser cortés en el interior, con tal de no mostrar familiaridades en público con el soldado extranjero. Afuera ya no se conocían, pero en la casa se conversa­ba con gusto, y el alemán permanecía mucho tiem­po, cada noche, calentándose en el hogar común.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La ciudad poco a poco recobraba su aspecto habitual. Los franceses todavía no salían, pero los soldados prusianos hormigueaban en las calles. Por otra parte, los oficiales de los húsares azules, que arrastraban con arrogancia sus grandes instrumentos mortíferos sobre el empedrado, no parecían tener mucho más desprecio por los simples ciudadanos que los oficiales de cazadores que el año anterior bebían en los mismos cafés. No obstante, había algo en el aire, algo sutil y desconocido, una intolerable atmósfera extraña, como un olor desparramado, el olor de la invasión. Llenaba las viviendas y las plazas públicas, cambiaba el gusto de los alimentos, daba la impresión de estar de viaje, muy lejos, entre tribus bárbaras y peligrosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los vencedores exigían dinero; bastante dinero y los habitantes pagaban siempre. Por lo demás eran ricos. Pero cuanto más opulento es un comerciante normando, más sufre por cualquier sacrificio, por cualquier partícula de su fortuna que ve pasar a manos de otros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin embargo, a dos o tres leguas de la ciudad, siguiendo el curso del arroyo hacia Croisset, Diep­pedalle o Biessart, los marineros y los pescadores sacaban a menudo del fondo del agua el cadáver de algún alemán, hinchado en su uniforme, muerto de una puñalada o de un golpe, la cabeza aplastada por una piedra o arrojado al agua de un empujón desde lo alto de un puente. El fango del río amortajaba estas oscuras venganzas, salvajes y legítimas, heroís­mos desconocidos, ataques mudos, más peligrosos que las batallas en pleno día y sin la resonancia de la gloria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pues el odio por el extranjero arma siempre a algunos intrépidos dispuestos a morir por una idea. &lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;En fin, como los invasores, aunque avasallaban la ciudad con su inflexible disciplina, no habían cometido ninguno de los horrores que la fama les hacía cometer a lo largo de su marcha triunfal, la gente empezó a animarse, y la necesidad del negocio trabajó de nuevo el magín de los comerciantes del país. Algunos tenían importantes intereses compro­metidos en El Havre, entonces ocupado por el ejér­cito francés, y resolvieron tratar de llegar a ese puerto yendo por tierra a Dieppe, en donde se embarcarían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Emplearon la influencia de los oficiales alemanes con los cuales se habían relacionado y obtuvieron del general en jefe la autorización para partir. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por lo tanto, habiendo reservado una gran diligencia de cuatro caballos para el viaje, e inscrito en la cochería diez personas, se resolvió partir un martes por la mañana antes del alba para evitar cualquier aglomeración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A las cuatro de la mañana los viajeros se reunie­ron en el patio del hotel de Normandía, donde tomarían el coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Estaban aún adormilados y tiritaban de frío bajo sus mantas. Se distinguían mal en la oscuridad; y las pesadas ropas de invierno hacían que todos esos cuerpos se pareciesen a curas obesos con largas sota­nas. Pero dos hombres se reconocieron; un tercero se acercó; conversaron:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Llevo a mi mujer. &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Y yo también. &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El primero agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No volveremos a Rouen, y si los prusianos se acercan a El Havre, pasaremos a Inglaterra. &lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todos tenían los mismos proyectos, pues com­partían ideas semejantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin embargo, no enganchaban el coche. Una pequeña linterna, llevada por un mozo de establo, salía de tanto en tanto de una puerta oscura para desaparecer inmediatamente en otra. Cascos de ca­ballos golpeaban la tierra, amortiguados por el es­tiércol de las pajazas, y se oía en el fondo del edificio una voz de hombre que hablaba a los animales y profería insultos. Un ligero murmullo de cascabeles anunció que movían los arneses; ese murmullo fue pronto un estremecimiento claro y continuo, ritma­do por el movimiento del animal, deteniéndose a veces, volviendo a empezar en una brusca sacudida que acompañaba el ruido sordo de una herradura que golpeaba el suelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La puerta se cerró súbitamente. Cesó todo ruido. Los burgueses, helados, habían callado; per­manecían inmóviles y rígidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una cortina ininterrumpida de copos blancos reverberaba sin cesar, descendiendo hasta la tierra; velaba las formas, empolvaba las cosas de una espu­ma de hielo; y sólo se oía en el gran silencio de la gran ciudad apacible y amortajada bajo el invierno ese susurro vago, innombrable y flotante de la nieve que cae; más bien sensación que ruido, enlazamien­to de átomos ligeros que parecían llenar el espacio, cubrir el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El hombre reapareció con su linterna, llevando en el extremo de una cuerda a un caballo triste que no parecía seguirlo con gusto. Lo colocó contra la lanza, lo ató a los tiros, dio muchas veces vuelta a su alrededor para asegurar los arneses, pues únicamen­te podía utilizar una mano, por llevar la luz en la otra. Cuando iba en busca del segundo animal advir­tió a todos esos pasajeros inmóviles, ya blancos de nieve:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Por qué no suben al coche? Por lo menos estarán al abrigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No habían pensado en ello, sin duda, y se apresuraron. Los tres hombres instalaron a sus muje­res en el fondo y subieron luego; después las otras formas indecisas y veladas tomaron a su vez os últimos lugares sin cambiar una palabra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El piso estaba cubierto de paja, en la cual se hundieron los pies. Las damas del fondo, que habían traído pequeños braseros de cobre con un carbón químico, encendieron esos aparatos, y durante al­gún tiempo, en voz baja, enumeraron las ventanas, repitiéndose cosas que sabían desde hacía tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando la diligencia estuvo uncida con seis caballos en lugar de cuatro, a causa del tiro más penoso, una voz preguntó desde fuera:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Ha subido todo el mundo? &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una voz respondió desde adentro: &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Partieron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El coche avanzaba lentamente, lentamente. Las ruedas se hundían en la nieve; el cofre entero gemía con sordos crujidos, y el látigo gigantesco del cochero chasqueaba sin descanso, revoloteaba por todos lados, enrollándose y desenrollándose como una serpiente delgada, y pegando bruscamente al­guna grupa rolliza que se alargaba entonces bajo un esfuerzo más violento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero el día crecía imperceptiblemente. Esos copos livianos, que un viajero ruenés de pura sangre había comparado con una lluvia de algodón, ya no caían. Un resplandor sucio se filtraba a través de grandes nubes oscuras y pesadas que hacían más brillante la blancura del campo en donde aparecían, tan pronto una hilera de grandes árboles vestidos de escarcha, tan pronto un rancho con una capucha de nieve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En el coche, la gente se miraba curiosamente bajo la triste claridad de esa aurora. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Completamente al fondo dormitaban en los mejores asientos el señor y la señora Loiseau, comer­ciantes en vino al por mayor de la calle Grand-Pont. &lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Antiguo dependiente de un patrón arruinado en los negocios, Loiseau había comprado el fondo del comercio y había hecho fortuna. Vendía muy barato muy malos vinos a los vendedores minoristas del campo, y era considerado entre sus relaciones y sus amigos como un pillo astuto, un verdadero normando lleno de picardías y de jovialidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Su reputación de tramposo estaba tan bien establecida, que una noche en la prefectura el señor Tournel, autor de fábulas y de canciones, espíritu fino y mordaz, una gloria local, propuso a las seño­ras, que veía un poco soñolientas, jugar un partido de Loiseau vole. El chiste voló a través de los salones del prefecto; luego, introduciéndose en los de la ciudad, hizo reír durante un mes todas las mandíbu­las de la provincia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau era célebre, además, por sus bromas de toda naturaleza, sus bromas buenas o malas; y nadie podía hablar de él sin agregar inmediatamente: "Es impagable este Loiseau...".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De estatura exigua, presentaba un vientre co­mo una pelota, dominado por un rostro rijozo entre dos patillas canosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Su mujer, grande, fuerte, resuelta, tenía la voz alta y la decisión rápida; era el orden y la aritmética de la casa de comercio, que él animaba con su alegre actividad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al lado de ellos se encontraba, más digno, pues pertenecía a una casta superior, el señor Carré­ Lamadon, hombre considerable, comerciante en al­godón, propietario de tres hilanderías, oficial de la Legión de Honor y miembro del Consejo General. Durante todo el imperio había permanecido como jefe de la benevolente oposición únicamente para hacerse pagar más caro su unión a la causa que combatía con armas corteses, según su propia expre­sión. La señora Carré-Lamadon, mucho más joven que su marido, era el consuelo de los oficiales de buena familia enviados a Rouen en guarnición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Junto a su marido parecía muy pequeña, muy graciosa, muy bonita, apelotonada, acurrucada en sus pieles, y miraba con ojos desolados el interior lamentable del coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sus vecinos, el conde y la condesa Huberto de Breville, llevaban uno de los nombres más antiguos y más nobles de Normandía. El conde, viejo gentil­hombre de gran apariencia, se esforzaba en acentuar por los artificios de su toilette su parecido natural con el rey Enrique IV, que, según una leyenda gloriosa para la familia, había dejado encinta a una señora de Breville, cuyo marido, por ese hecho, había sido conde y gobernador de provincia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Colega del señor Carré-Lamadon en el Consejo General, el conde Huberto representaba el partido orleanista en el departamento. La historia de su casamiento con la hija de un pequeño armador de Nantes había permanecido siempre misteriosa. Pero como la condesa tenía gran apariencia, recibía mejor que nadie, y hasta pasaba por haber sido amada por uno de los hijos de Luis Felipe, toda la nobleza la agasajaba y su salón seguía siendo el primero del país, el único en donde se conservaba la vieja galan­tería y cuya entrada era difícil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La fortuna de los Breville, toda en bienes raíces, alcanzaba, se decía, a unas quinientas mil libras de renta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Esas seis personas formaban el fondo del coche, el lado de la sociedad rentista, serena y fuerte, de la gente honrada, autorizada, que tiene religión y principios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por un extraño azar, todas las mujeres estaban en el mismo banco; y la condesa tenía además por vecinas a dos hermanitas que desgranaban largos rosarios, murmurando Pater y Ave. Una era vieja y tenía el rostro comido por la viruela, como si hubie­ra recibido una descarga de metralla en plena cara. La otra, muy endeble, tenía un rostro lindo y enfer­mizo sobre un pecho de tísica carcomida por esa fe devoradora que hace mártires e iluminados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Frente a las dos religiosas, un hombre y una mujer atraían todas las miradas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El hombre, muy conocido, era Cornudet, el demócrata, el terror de las personas respetables. Desde hacía veinte años mojaba su gran barba roja en los bocks de todos los cafés democráticos. Habíase comido con sus hermanos y amigos una fortuna bastante abultada que le venía de su padre, ex confitero, y esperaba impacientemente la República para obtener, por fin, el lugar merecido por tantas consumiciones revolucionarias. El cuatro de sep­tiembre, a consecuencia de una broma, quizá, se había creído nombrado prefecto, pero cuando quiso entrar en funciones, los escribientes, únicos dueños del lugar, rehusaron reconocerlo, lo que lo obligó a retirarse. Muy buen muchacho, por otra parte, ino­fensivo y servicial, se había ocupado con un fervor incomparable de organizar la defensa. Había hecho cavar agujeros en las praderas, voltear todos los árboles jóvenes de los bosques vecinos, sembrar trampas en todas las rutas, y al acercarse el enemigo, satisfecho de sus preparativos, se había replegado rápidamente hacia la ciudad. Ahora pensaba ser más útil en El Havre, donde iban a ser necesarios nuevos destacamentos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La mujer, una de esas llamadas galantes, era célebre por su precoz gordura, que le había valido el sobrenombre de Bola de Sebo. Baja, redonda por todas partes, gorda a reventar, con dedos hinchados, estrangulados en las falanges, semejantes a rosarios de pequeñas salchichas, de piel brillante y tensa, un pecho enorme que resaltaba bajo el vestido, era todavía apetitosa y buscada, pues su frescura era agradable a la vista. Su rostro era una manzana roja, un pimpollo de peonía pronto a brotar; y en todo eso se abrían, arriba, dos ojos negros. magníficos, som­breados por grandes pestañas espesas que ponían una sombra dentro de ellos. Abajo, una boca encantado­ra, angosta, húmeda para el beso, adornada por dientes brillantes y menudos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Poseía, además, según se decía, cualidades inapreciables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En cuanto fue reconocida, corrieron susurros entre las mujeres honradas, y las palabras "prostitu­ta", "vergüenza pública", fueron susurradas tan alto que ella alzó la cabeza. Entonces paseó sobre sus vecinos una mirada tan provocativa y osada, que inmediatamente reinó un gran silencio y todo el mundo bajó los ojos, a excepción de Loiseau, que espiaba con aire socarrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero pronto se reanudó la conversación entre las tres señoras súbitamente amigas, casi íntimas, por la presencia de esa mujer. Tenían que hacer, les parecía, como un haz con sus dignidades de esposas frente a esa vendida sin vergüenza, pues el amor legal siempre mira de arriba a su libre colega.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;También los tres hombres, que el aspecto de Cornudet acercaba a un instinto conservador, habla­ban de dinero con un cierto tono desdeñoso para los pobres. El conde Huberto decía los destrozos que le habían causado los prusianos, las pérdidas que resul­tarían del ganado robado y de las cosechas perdidas, con una seguridad de gran señor diez veces millona­rio a quien esos estragos molestarían apenas un año. El señor Carre-Lamadon, muy golpeado en la indus­tria algodonera, había tenido cuidado de mandar seiscientos mil francos a Inglaterra, una pequeña reserva para cualquier ocasión. En cuanto a Loiseau, se había arreglado para vender a la intendencia francesa todos los vinos comunes que le quedaban en la bodega, de manera que el Estado le debía una suma formidable que pensaba cobrar en El Havre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y los tres se lanzaban miradas rápidas y amis­tosas. Aunque de distinta condición, se sentían hermanos por el dinero; de la masonería de los que poseen, de los que hacen sonar el oro poniendo la mano en el bolsillo del pantalón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El coche iba tan lentamente que a las diez de la mañana no habían andado cuatro leguas. Los hom­bres bajaron tres veces para subir las cuestas a pie. Empezaban a inquietarse, pues pensaban almorzar en Tótes y ya estaban perdiendo la esperanza de llegar antes de la noche. Todos acechaban para descubrir un mesón en el camino, cuando la diligen­cia se empantanó en un amontonamiento de nieve y hubo que perder dos horas para sacarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El apetito crecía, turbaba los ánimos; y ningún boliche, ninguna venta de vino aparecía. La cercanía de los prusianos y el paso de las tropas francesas hambrientas habían asustado a los comerciantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los señores corrieron a buscar provisiones a las chacras de la vera del camino, pero no encontraron ni siquiera pan, pues el campesino, desconfiado, escondía sus reservas por temor a ser saqueado por los soldados, que al no tener nada que ponerse bajo el diente tomaban por la fuerza lo que descubrían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Hacia la una del día Loiseau anunció que deci­didamente sentía un, fuerte vacío en el estómago. Desde hacía tiempo todo el mundo sufría como él; y a medida que aumentaba el violento deseo de comer, morían las conversaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De cuando en cuando, alguno bostezaba; otro lo imitaba casi en seguida. Y cada uno por turno, según su carácter, su educación y su posición social, abría la boca con estruendo o modestamente, po­niendo una mano ante la entrada abierta, de la cual salía como un vapor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo, en diversas ocasiones, se había inclinado como si buscara algo bajo sus faldas. Titu­beaba un minuto, miraba a sus vecinos; luego se enderezaba tranquilamente. Los rostros estaban pá­lidos y crispados. Loiseau afirmó que pagaría mil francos por un jamón. Su mujer hizo un ademán como para protestar; luego se calmó. Siempre sufría cuando oía hablar de dinero despilfarrado y ni si­quiera comprendía las bromas a ese respecto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-La verdad es que no me siento bien -dijo el conde-. ¿Cómo no pensé en traer provisiones? &lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cada cual se hacía el mismo reproche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin embargo, Cornudet tenía una botella llena de ron. Ofreció; rechazaron fríamente. Sólo Loiseau aceptó dos gotas, y cuando devolvió la botella agra­deció:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es bueno; calienta y engaña el apetito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El alcohol lo puso de buen humor y propuso que se hiciera como en el pequeño navío de la canción: comer al más gordo de los viajeros. Esta alusión indirecta a Bola de Sebo chocó a la gente bien educada. Nadie contestó; sólo Cornudet esbozó una sonrisa. Las dos hermanitas habían dejado de desgranar sus rosarios, y las manos sumergidas en sus grandes mangas, permanecían inmóviles, los ojos bajos obstinadamente, ofreciendo sin duda al cielo el sufrimiento que les mandaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por fin, a las tres, cuando se encontraban en medio de un valle interminable, sin un solo pueblo a la vista, Bola de Sebo, agachándose rápidamente, sacó de abajo del asiento una gran canasta cubierta por una servilleta blanca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sacó primeramente un plato pequeño de porce­lana y un fino vaso de plata; luego una vasija, en la cual dos pollos enteros, cortados, se conservaban bajo la gelatina; además, se veían en la canasta muchas otras cosas apetecibles: pasteles, frutas, go­losinas; provisiones preparadas para un viaje de tres días a fin de no tener que probar la comida de las posadas. Cuatro cuellos de botellas pasaban entre los paquetes de alimentos. Tomó un ala de pollo y delicadamente se puso a comerla con uno de esos pancitos que en Normandía se llaman "Regencia".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todas las miradas convergían en ella. Luego el olor se desparramó, ensanchando las narices, llenan­do las bocas de una saliva abundante, con una con­tracción dolorosa de las mandíbulas junto a las orejas. El desprecio de las señoras por esa mujer se volvía feroz; sentían como ganas de matarla o de tirarla del coche en la nieve, a ella, su vaso, su canasto y sus provisiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero Loiseau devoraba con los ojos la cazuela de pollo. Dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Me alegro; la señora ha sido más precavida que nosotros. Hay personas que piensan siempre en todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ella alzó la cabeza hacia él:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Desea un bocado el señor? Es duro ayunar desde la mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El saludó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Francamente, no digo que no; ya no puedo más. Hay que hacer de la necesidad virtud; ¿no es verdad, señora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y echando una mirada circular, agregó: &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-En momentos como éste uno se alegra de encontrar gente servicial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Tenía un diario que extendió para no manchar su pantalón, y con la punta de un cuchillo que llevaba en el bolsillo sacó un muslo barnizado de gelatina, lo cortó con los dientes, y luego lo masticó con una satisfacción tan evidente que hubo en el coche un gran suspiro de angustia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero Bola de Sebo, con voz humilde y dulce, propuso a las dos hermanitas que compartieran su colación. Las dos aceptaron instantáneamente, y sin alzar los ojos se pusieron a comer muy rápido des­pués de haber balbuceado las gracias. Cornudet tampoco rechazó los ofrecimientos de su vecina y formaron con las religiosas una sola mesa, desple­gando diarios sobre las rodillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las bocas se abrían y se cerraban sin cesar; tragaban, masticaban, engullían ferozmente. Loi­seau, en su rincón, trabajaba firme, y en voz baja convencía a, su mujer que lo imitara. Ella resistió largo rato; luego, después de una crispación que le recorrió las entrañas, cedió. Entonces su marido, redondeando la frase, pidió a su "encantadora com­pañera" que le permitiera ofrecer un pedacito a la señora Loiseau. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ella dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Pero sí, sin duda, señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y con una sonrisa amable, tendió la cazuela. &lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Un malestar se produjo cuando descorcharon la primera botella de bordeaux: había sólo un vaso. Se lo fueron pasando después de haberlo limpiado. úni­camente Cornudet, por galantería, sin duda, posó sus labios en el lugar todavía húmedo por los labios de su vecina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces, rodeados de gente que comía, sofo­cados por las emanaciones de los alimentos, el conde y la condesa de Breville, así como el señor y la señora de Carré-Lamadon, sufrieron ese suplicio odioso que ha conservado el nombre de Tántalo. De pronto, la joven esposa del manufacturero lanzó un suspiro que hizo volver las cabezas; estaba blanca como la nieve de afuera; sus ojos se cerraron, su frente cayó: había perdido el conocimiento. Su marido, enloquecido, imploraba el socorro de todo el mundo. Todos per­dían la cabeza, cuando la mayor de las dos hermani­tas, sosteniendo la cabeza de la enferma, deslizó entre sus labios el vaso de Bola de Sebo y le hizo tragar algunas gotas de vino. La linda señora se movió, abrió los ojos, sonrió y declaró con una voz moribunda que ahora se sentía muy bien. Pero a fin de que esto no se repitiese, la monja la obligó a beber un gran vaso de bordeaux, y agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es el hambre, nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces Bola de Sebo, roja y avergonzada, balbuceó, mirando a los cuatro viajeros que habían permanecido en ayunas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Dios mío, si me atreviera a ofrecerles a estos señores y a estas señoras!...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Calló, temiendo un ultraje. Loiseau tomó la palabra:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Bueno, caramba, en casos semejantes todo el mundo es hermano y debe ayudarse. Vamos, señoras mías, nada de ceremonias; acepten, ¡qué diablos! ¿Sabemos siquiera si encontraremos una casa para pasar la noche? De la manera como vamos no estaremos en Tôtes antes de mañana a mediodía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Titubeaban; nadie se atrevía a asumir la res­ponsbilidad del "sí".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero el conde resolvió la situación. Se volvió hacia la muchacha gorda, intimidada, y tomando su gran aire de gentilhombre le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Aceptamos con gratitud, señora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sólo el primer paso costaba. Una vez pasado el Rubicón se entregaron resueltamente. El canasto fue vaciado. Contenía, además, un pâté de foie. gran,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;un pastel de liebre, un pedazo de lengua ahumada, peras de Crassane, un Pont-l´'Evéque, acaramelados, y una taza llena de pepinos y de cebollas en vinagre. Bola de Sebo, como todas las mujeres, adoraba lo crudo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No era posible comer las provisiones de esa muchacha sin hablarle. Por lo tanto se conversó, primeramente con reservas; luego, como ella se mantenía en su lugar, se abandonaron un poco más. Las señoras de Breville y de Carré-Lamadon, que tenían mucho mundo, fueron amables con delicade­za. La condesa, sobre todo, mostró esa amable con­descendencia de las señoras muy nobles que no pueden ser ensuciadas por ningún contacto, y fue encantadora. Pero la fuerte señora Loiseau, que tenía un alma de sargento, permaneció hosca hablando poco y comiendo mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se habló de la guerra, naturalmente. Contaron hechos horribles de los prusianos, rasgos de coraje de los franceses; y todas esas personas que huían rindie­ron homenaje al valor de los demás. Las historias personales empezaron pronto, y Bola de Sebo contó con verdadera emoción, can ese calor en la palabra que tienen a veces las rameras para expresar sus arrebatos naturales, cómo había salido de Rouen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Primeramente creía que podría quedarme –decía-. Tenía mi casa llena de provisiones y prefería alimentar a algunos soldados a expatriarme no sé dónde. Pero cuando vi a esos prusianos, fue&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;más fuerte que yo. Me hicieron hervir la sangre de rabia; y lloré de vergüenza durante todo el día. ¡Ah, si yo fuera hombre, verían! Miraba desde mi ventana a esos grandes puercos con sus cascos en punta, y mi criada me sujetaba las manos para impedirme que les arrojara los muebles encima. Luego vinieron algunos para hospedarse en casa; entonces salté sobre el primero. ¡No son más difíciles de estrangular que otros! Y habría muerto a ése si no me hubieran arrancado por el cabello. Después de eso fue preciso esconderme. En fin, cuando encontré una oportuni­dad me fui y aquí estoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La felicitaron mucho. Crecía en la estima de sus compañeros, que no se habían mostrado tan valientes; y Cornudet, escuchándola, conservaba una sonrisa aprobadora y benevolente de apóstol; así escucha un sacerdote a un devoto alabar a Dios, pues los demócratas de barba larga tienen el monopolio del patriotismo, así como los hombres de sotana tienen el de la religión. Habló a su vez en tono doctrinario, con el énfasis aprendido en las procla­mas que pegaban todos los días en las paredes, y acabó con un trozo de elocuencia en el cual zarandea­ba magistralmente a ese "crápula de Badinguet".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero Bola de Sebo se enojó porque era bonapar­tista. Se ponía más roja que una guinda, y tartamu­deaba de indignación:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Hubiera querido verlos en su lugar a uste­des. Sí, cómo no. ¡Ustedes lo han traicionado a ese hombre! No nos quedaría más que salir de Francia si estuviéramos gobernados por pícaros como ustedes. &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet, impasible, conservaba una sonrisa desdeñosa y superior; pero se presentía que iban a llegar a insultarse, cuando el conde se interpuso y calmó, no sin trabajo, a la mujer exasperada, procla­mando, con autoridad, que todas las opiniones sin­ceras son respetables. No obstante, la condesa y la manufacturera, que tenían en el alma el odio irracio­nal de la gente bien por la República y esa ternura instintiva que alimentan todas las mujeres por los gobiernos de galones y despóticos, se sentían a pesar de ellas, atraídas por esa prostituta llena de digni­dad, cuyos sentimientos se parecían tanto a los propios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La canasta estaba vacía. Entre diez la habían vaciado sin dificultad, lamentando que no fuera más grande. La conversación continuó algún tiempo, un poco enfriada, no obstante, desde que habían termi­nado de comer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La noche caía; poco a poco la oscuridad se hizo profunda, y el frío, más sensible durante las diges­tiones, hacía estremecer a Bola de Sebo a pesar de su grasa. Entonces la señora de Breville le propuso su braserito, cuyo carbón había sido renovado varias veces desde la mañana, y la otra aceptó en seguida porque tenía los pies helados. Las señoras de Carré­ Lamadon y de Loiseau dieron los suyos a las reli­giosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El cochero había encendido los faroles. Éstos iluminaban con un vivo resplandor una nube de bruma sobre las grupas sudorosas de los caballos, y a ambos lados de la ruta de nieve parecía desenrollarse bajo el movible reflejo de las luces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En el coche ya no se distinguía nada; pero de pronto hubo un movimiento entre Bola de Sebo y Cornudet; y Loiseau, cuyos ojos hurgaban las som­bras, creyó ver al hombre de larga barba apartarse vivamente como si hubiera recibido algún buen golpe dado sin ruido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pequeñas puntas luminosas aparecieron ade­lante, en el camino. Era Tótes. Habían andado once horas, lo cual, con las dos horas de descanso dadas en cuatro etapas a los caballos para comer avena y resollar, sumaban catorce horas. Entraron en el hur­go y se detuvieron ante la Bolsa de Comercio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La puerta se abrió. Un ruido muy conocido hizo estremecer a todos los viajeros: eran los choques de una vaina de espada contra el suelo. En seguida la voz de un alemán gritó alguna cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Aunque la diligencia estaba inmóvil, nadie se apeaba, como si temieran ser asesinados a la salida. Entonces el conductor apareció llevando en la mano una de las linternas, que iluminó súbitamente hasta el fondo del coche las dos hileras de cabezas aterra­das, cuyas bocas estaban abiertas y los ojos muy abiertos de sorpresa y de espanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Junto al cochero se hallaba, en plena luz un oficial alemán, un gran muchacho excesivamente delgado y rubio, apretado en su uniforme como una mujer en un corsé y llevando ladeada su gorra chata y lustrosa que lo hacía parecerse al mensajero de un hotel inglés. Su desmesurado bigote de largos pelos lacios, adelgazándose indefinidamente de cada lado y terminado por un solo hilo rubio tan delgado que no se veía el fin, parecía pesar sobre las comisuras de su boca, y estirando la mejilla imprimía a los labios una arruga en descenso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En un francés con acento invitó a los viajeros a que salieran, diciendo en tono seco:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Quieren "pajar", señores y señoras?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Las dos hermanitas fueron las primeras en obe­decer con una docilidad de santas mujeres acostum­bradas a todas las sumisiones. El conde y la condesa aparecieron después, seguidos por el manufacturero y su mujer; luego Loiseau, empujando ante él a su gran mitad. Éste, apeándose, dijo al oficial: "Bue­nos días, señor", por un sentimiento de prudencia más que por cortesía. El otro, insolente como las personas omnipotentes, lo miró sin contestar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo y Cornudet, aunque estaban cerca de la puerta, fueron los últimos en bajar, graves y altivos ante el enemigo. La muchacha gorda trataba de dominarse y de estar serena; el demócrata ator­mentaba con una mano crispada y un poco temblo­rosa su larga barba rojiza. Querían conservar la dignidad, comprendiendo que en esos encuentros cada uno representa un poco a su país; e igualmen­te sublevados por la flexibilidad de sus compañeros, ella intentaba mostrarse más altanera que sus veci­nas, las mujeres honradas, en tanto él, sintiendo que debía dar el ejemplo, continuaba con su actitud la misión de resistencia empezada en los baches de los caminos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entraron en la vasta cocina de la posada, y el alemán, habiéndose hecho presentar la autorización de partida firmada por el general en jefe y en donde estaban mencionados los nombres, la filiación y la profesión de cada viajero, examinó largamente a todo ese mundo, comparando a las personas con los informes escritos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Luego dijo bruscamente: &lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Están bien. -Y desapareció.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces respiraron. Todavía tenían hambre; encargaron la comida. Era necesaria una media hora para prepararla, y mientras dos sirvientas se ocupa­ban de ella, fueron a visitar las habitaciones. Daban todas a un largo corredor que terminaba en una puerta con cristales marcada con un número suges­tivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por fin iban a sentarse a la mesa cuando apare­ció el patrón de la posada. Era un antiguo vendedor de caballos, un gordo asmático que tenía siempre silbidos, ronqueras, cantos de flemas en la laringe. Su padre le había transmitido el nombre de Fo­llenvie.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿La señorita Elisabeth Rousset? &lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo se estremeció; se volvió: &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Soy yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Señorita, el oficial prusiano quiere hablarle inmediatamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿A mí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí, si usted es la señorita Elisabeth Rousset. &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ella se turbó; reflexionó un segundo; luego declaró abiertamente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es posible, pero no iré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Hubo una agitación a su alrededor. Cada cual discutía, buscaba la causa de esa orden. El conde se acercó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Hace mal, señora, pues su rechazo puede traer considerables dificultades, no solamente para usted, sino para todos sus compañeros. Nunca hay que oponerse a los más fuertes. Seguramente, este paso no puede entrañar ningún peligro; sin duda, es para alguna formalidad olvidada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todo el mundo se unió a él; le rogaron, la instaron, la sermonearon, y terminaron por conven­cerla, pues todos temían las complicaciones que podrían resultar de un capricho. Al fin ella dijo: &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es por ustedes que lo hago, ¡seguro! &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La condesa le tomó la mano:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Y se lo agradecemos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Salió. La esperaron para sentarse a la mesa. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cada cual se desolaba de no haber sido requerido en lugar de esa muchacha violenta e irascible, y preparaba mentalmente bajezas para el caso de ser llamado a su vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero al cabo de diez minutos ella reapareció, resoplando, roja como si fuera a estallar, exasperada. Balbuceó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Oh, el canalla, el canalla!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todos la rodearon para saber, pero ella no dijo nada; y como el conde insistía, respondió con una gran dignidad:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No, esto no les incumbe, no puedo hablar. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces se sentaron alrededor de una gran sopera de la cual salía un aroma de repollo. A pesar de ese alerta, la comida fue alegre. Era buena la sidra que el matrimonio Loiseau y las hermanitas tomaron por economía. Los demás pidieron vino; Cornudet reclamó cerveza. Tenía una manera particular de destapar las botellas, de hacer espumar el líquido, de considerarlo inclinando el vaso, que luego levan­taba entre la lámpara y sus ojos para apreciar bien el color. Cuando bebía, su gran barba, que había tomado el tono de su amado brebaje, parecía estre­mecerse de ternura; sus ojos bizqueaban para no perder de vista su chop y parecía llenar la única función para la cual había nacido. Parecía que esta­blecía en su espíritu un acercamiento, y como una afinidad entre las dos grandes pasiones que ocupa­ban toda su vida: el Pale Ale y la Revolución, y seguramente no podía saborear el uno sin pensar en la otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor y la señora Follenvie comían en un extremo de la mesa. El hombre, jadeando como una locomotora gastada, tenía demasiado tiraje en el pecho para poder hablar mientras comía; pero la mujer no callaba nunca. Contó todas sus impresio­nes de la llegada de los prusianos, lo que hacían, lo que decían, aborreciéndolos, primeramente porque le costaban dinero, y además porque tenía dos hijos en el ejército. Se dirigía siempre a la condesa halaga­da de conversar con una señora de su calidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Luego bajaba la voz para decir las cosas delica­das, y su marido, de tiempo en tiempo, la inte­rrumpía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Harías mejor en callarte, señora Follenvie. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero ella no lo tomaba en cuenta y continuaba: &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí, señora, esta gente no hace sino comer papas y cerdo. No hay que creer que son limpios. ¡Ah, no! Se ensucian por todos lados, perdone la palabra. Y si los viera hacer ejercicios durante horas y días... Están allí todos en un campo; y marcha adelante y marcha atrás, y vuelta para aquí y vuelta para allí. ¡Si cultivaran la tierra, al menos, o si trabajaran en los caminos de su país!... Pero, no señora, ¡estos militares no son provechosos para nadie! El pobre pueblo los alimenta para que apren­dan a asesinar. Yo no soy sino una pobre mujer, una vieja sin educación, es verdad, pero al ver que se estropean el carácter en patear de la mañana a la noche, me digo: "¡Cuando hay personas que hacen tantos descubrimientos para ser útiles, es necesario que otros se den tanto trabajo para ser nocivos! Verdaderamente, ¿no es una abominación matar gente, sean prusianos, o bien ingleses, o bien pola­cos o franceses?" Si uno se venga de alguien que lo ha perjudicado está mal, puesto que lo condenan; pero cuando exterminan a nuestros muchachos como pre­sas de caza, con fusiles, está bien, puesto que dan condecoraciones al que destruye más. No, créame usted, ¡nunca comprenderé esto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet alzó la voz:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-La guerra es un acto de barbarie cuando se ataca a un vecino apacible; es un deber sagrado cuando se defiende a la patria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La vieja bajó la cabeza:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí, cuando uno se defiende es otra cosa, pero no sería mejor matar a todos los reyes que hacen eso por placer?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La mirada de Cornudet se inflamó. &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Bravo, ciudadana! -dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor Carré-Lamadon reflexionaba profun­damente. Aunque era un fanático de los ilustres capitanes, el sentido común de esa campesina le hacía pensar en la opulencia que traerían a un país tantos brazos desocupados, y por consiguiente rui­nosos; tantas fuerzas que se mantienen improducti­vas, si se emplearan en los grandes trabajos indus­triales que haría falta siglos para terminar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor Loiseau, levantóse y fue a hablar en voz baja con el posadero. El gordo reía, tosía, escu­pía; su enorme abdomen saltaba de alegría al oír las bromas de su vecino y le compró seis toneles de bordeaux para la primavera cuando los prusianos ya se hubiesen ido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En cuanto hubieron terminado de comer, como estaban rendidos de cansancio, se acostaron. Sin embargo, Loiseau, que había observado las cosas, mandó a su mujer a la cama, y luego pegó, ora una oreja, ora un ojo, al agujero de la cerradura para tratar de descubrir lo que él llamaba "el misterio del corredor".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al cabo de una hora, más o menos, oyó un crujido, miró rápidamente y vio a Bola de Sebo, que parecía más gorda todavía bajo su batón de casimir azul ribeteado de puntillas blancas. Llevaba un can­delero en la mano y se dirigía hacia el gran número al fondo del corredor. Pero una puerta, al lado, se entreabrió, y cuando ella volvió al cabo de algunos minutos, Cornudet, en camiseta, la seguía. Habla­ban en voz baja; luego se detuvieron, Bola de Sebo parecía defender la entrada de su cuarto con energía. Loiseau, desgraciadamente, no oía las palabras, pero al fin, como alzaban la voz, pudo atrapar algunas. Cornudet insistía con vivacidad. Decía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Vamos, no sea tonta; ;qué le importa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Ella parecía indignada, y contestó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No, hijo; hay momentos en que esas cosas no se hacen; y además, aquí sería una vergüenza. &lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Él no comprendía, sin duda, y preguntó por qué. Entonces ella se enojó, alzando aún más el tono:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Por qué? ¿No comprende por qué? ¿Cuán­do hay prusianos en la casa, en el cuarto de al lado, quizá?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Él se calló. Ese pudor patriótico de ramera que no se dejaba acariciar cerca del enemigo; debió de despertar en su corazón la dignidad desfalleciente, pues después de haberla besado, volvió a su cuarto de puntillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau, muy encendido, se alejó de la cerradu­ra, hizo una cabriola en su cuarto; se puso su madrás, alzó la sábana bajo la cual yacía el duro esqueleto de su compañera, a quien despertó con un beso, y murmuró:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Me quieres, querida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces toda la casa quedó silenciosa. Pero pronto se alzó en algún lado, en una dirección indeterminada que podía ser lo mismo la bodega que el altillo, un ronquido poderoso, monótono, regular, un ruido sordo y prolongado con temblores de caldera con presión. El señor Follenvie dormía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Como había quedado decidido que saldrían al día siguiente a las ocho, todo el mundo se juntó en la cocina; pero el coche, cuya capota tenía un estrato de nieve, se erguía solitario en medio del patio, sin caballos y sin conductor. Buscaron en vano a este último en las caballerizas, en los forrajes, en las cocheras. Entonces todos los hombres resolvieron hacer una batida por el pueblo y salieron. Se encon­traron en la plaza con la iglesia al fondo, y de ambos lados, casas bajas donde se veían soldados prusianos. El primero que vieron pelaba papas. El segundo, más lejos, lavaba el negocio de un peluquero. Otro barbudo hasta los ojos, besaba a un chiquilín que lloraba y lo acunaba sobre sus rodillas para tratar de calmarlo; y las fornidas campesinas, cuyos hombres estaban en "el ejército de la guerra", indicaban por señales a sus obedientes vencedores el trabajo que debían comenzar: cortar madera, preparar la sopa, moler el café; uno de ellos lavaba la ropa de la dueña de casa, una vieja inválida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde, asombrado, interrogó al bedel, que salía del presbiterio. El viejo guardián de la iglesia le contestó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Ah, éstos no son malos, no son prusianos!, según se dice. Son de más lejos; no sé bien de dónde, y todos han dejado una mujer y chicos en su país; no les divierte la guerra, ¡vaya! Estoy seguro de que allá también se llora por los hombres; y esto traerá una linda miseria allá como entre nosotros. Aquí no somos muy desgraciados por el momento, porque no nos hacen ningún mal y trabajan como si estuvie­ran en sus casas. ¿Comprende, señor? Entre los pobres hay que ayudarse... Son los poderosos quie­nes hacen la guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet, indignado por el entendimiento cordial establecido entre los vencedores y los venci­dos, se retiró, prefiriendo encerrarse en la posada. Loiseau dijo una palabra chistosa: "Repueblan". El señor Carré-Lamadon dijo una palabra grave: "Re-paran". Pero no encontraban al cochero. Por fin, lo descubrieron en el café del pueblo, sentado frater­nalmente a una mesa con el ordenanza del oficial. El conde le interpeló:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿No le habían dado orden de enganchar para las ocho?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ah, sí, claro, pero me dieron otra después. &lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Cuál?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-La de no enganchar. &lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Quién le ha dado esa orden? &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-El comandante prusiano. &lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No sé nada. Vaya a preguntárselo. Me prohíben enganchar, yo no engancho. Ya está. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Él mismo le ha dicho eso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No, señor, es el hotelero que me ha dado la orden de su parte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Cuándo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Anoche, cuando iba a acostarme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los tres hombres volvieron muy inquietos. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Mandaron llamar al señor Follenvie, pero la sirvienta contestó que el señor, a causa de su asma, no se levantaba nunca antes de las diez. Había prohibido formalmente que se le despertara más temprano, excepto en caso de incendio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Quisieron ver al oficial, pero eso era absoluta­mente imposible, aunque vivía en la posada. Sola­mente el señor Follenvie estaba autorizado a hablarle para los asuntos civiles. Entonces esperaron. Las mujeres subieron a sus cuartos y se ocuparon en futilezas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet se instaló junto a la alta chimenea de la cocina, donde ardía un gran fuego. Se hizo traer allí una de las mesillas del café, una copa, y sacó su pipa, que gozaba entre los demócratas de una consi­deración casi igual a la suya, como si sirviera a la patria, sirviendo a Carnudet. Era una espléndida pipa de espuma admirablemente curada, tan negra como los dientes de su dueño, pero perfumada, curva, reluciente, acostumbrada a su mano y com­plemento de su fisonomía. Permaneció inmóvil, los ojos fijos tan pronto en la llama del hogar, tan pronto en la espuma que coronaba su chop; y cada vez que había bebido pasaba con un aire satisfecho sus largos dedos flacos por sus largos cabellos grasientos mientras chupaba sus bigotes ribeteados de espuma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau, bajo el pretexto de estirar las piernas, fue a colocar sus vinos entre los compradores del país. El conde y el manufacturero se pusieron a hablar de política. Preveían el porvenir de Francia. El uno creía en los Orleáns; el otro en un salvador&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;desconocido, un héroe que se revelaría cuando todo pareciera desesperado: ¿un du Guesclín, una Juana de Arco, quizá? ¿U otro Napoleón I? ¡Ah, si el príncipe imperial no fuera tan joven!... Cornudet, escuchándolo, sonreía como hombre que sabe la palabra del destino. Su pipa perfumaba la cocina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al dar las diez, el señor Follenvie apareció. Lo interrogaron bien pronto; pero sólo pudo repetir dos o tres veces, sin una variante, estas palabras:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-El oficial me dijo así: "Señor Follenvie, usted prohibirá que enganchen mañana el coche de esos viajeros. No quiero que salgan sin mi orden. ¿Oye? Esto basta".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces quisieron ver al oficial. El conde le mandó su tarjeta en la cual el señor Carré-Lamadon agregó su nombre y todos sus títulos. El prusiano mandó contestar que aceptaría hablar con esos dos hombres luego de haber almorzado, es decir, alrede­dor de la una.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las señoras reaparecieron y comieron un poco a pesar de la inquietud. Bola de Sebo parecía enferma y visiblemente turbada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Acababan de tomar el café cuando el ordenanza vino a buscar a los señores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau se unió a los dos primeros; pero como intentaban arrastrar a Cornudet para dar más solem­nidad a la entrevista, éste declaró altivamente que esperaba no tener nunca cuestiones con los alema­nes. Y volvió a su chimenea pidiendo otra cerveza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los tres hombres subieron y fueron introduci­dos en la más hermosa habitación de la posada, donde los recibió el oficial, tendido en un diván, fumando en una larga pipa de porcelana y envuelto en una bata llameante, escamoteada sin duda en la vivienda abandonada de algún burgués de mal gus­to. No se levantó, no los saludó ni siquiera los miró. Era una magnífica muestra de la grosería natural del militar victorioso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por fin, al cabo de algunos instantes, dijo: &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Qué "quierren"?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde tomó la palabra: &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Deseamos partir, señor. &lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Osaré preguntarle la causa de esa negativa? &lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Porque no "quierro".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Le haré observar respetuosamente, señor, que su general en jefe nos ha otorgado permiso de partida para llegar a Dieppe; y pienso que nada hemos hecho para merecer sus rigores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No "quierro"... Esto es todo... Pueden&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“pajar".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los tres se retiraron, después de haberse incli­nado. La tarde fue lamentable. No comprendían el capricho del alemán; y las ideas más extrañas turba­ban las cabezas. Todo el mundo estaba en la cocina y se discutía sin cesar, imaginando cosas inverosími­les. Tal vez querían guardarlos como rehenes-pero ¿con qué fin?- o llevarlos prisioneros. ¿O más bien&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;pedirles un rescate considerable? Al pensar en esto, fueron presa de pánico. Los más ricos eran los más aterrados; ya se veían obligados para rescatar sus vidas a volcar bolsas llenas de oro entre las manos de ese soldado insolente. Se devanaban los sesos para descubrir mentiras aceptables, disimular sus rique­zas, hacerse pasar por pobres, por muy pobres. Loiseau sacó la cadena de su reloj y la escondió en su bolsillo. La noche que caía aumentó las aprensiones. La lámpara fue encendida, y como aún quedaban dos horas antes de comer, la señora Loiseau propuso una partida de treinta y uno. Sería una distracción. Aceptaron. Hasta Cornudet, que había apagado su pipa por cortesía, tomó parte en ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde mezcló las barajas. Dio. Bola de Sebo tenía treinta y uno de un golpe; y pronto el interés del partido aplacó el temor que llenaba los espíritus. Pero Cornudet se dio cuenta de que el matrimonio Loiseau se entendía para hacer trampa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando iban a sentarse a la mesa, el señor Follenvie apareció; y con su voz cascada pronunció: &lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-El oficial prusiano manda preguntar a la señorita Elisabeth Rousset si aún no ha cambiado de opinión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo permaneció de pie, muy pálida. Luego, volviéndose súbitamente escarlata, tuvo tal ahogo de rabia que ya no podía hablar. Por fin estalló:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Le dirá a ese crápula, a ese cochino, a esa carroña de prusiano, que nunca querré! ¿Entiende bien?, ¡jamás, jamás, jamás!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El macizo posadero salió. Entonces Bola de Sebo fue rodeada, interrogada, solicitada por todo el mundo para que revelara el misterio de su visita. Ella se resistió al principio: pero pronto la exaspera­ción venció:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Lo que quiere?... ¿Lo que quiere? ¡Quiere acostarse conmigo! -gritó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A nadie le chocó esa palabra, a tal punto fue la indignación. Cornudet rompió su chop al colocarlo violentamente sobre la mesa. Era un clamor de reprobación contra ese soldado innoble, un soplo de ira, una unión de todos para la resistencia, como si le hubieran pedido a cada uno una parte del sacrificio exigido de ella. El conde declaró con asco que esas gentes se conducían a la manera de los antiguos bárbaros. Las mujeres, sobre todo, demostraron a Bola de Sebo una conmiseración enérgica y acaricia­dora. Las hermanitas, que sólo aparecían para las comidas, habían bajado la cabeza y no decían nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No obstante, cuando se aplacó el primer furor, comieron; pero hablaban poco; pensaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las señoras se retiraron temprano; y los hom­bres, fumando, organizaron un écarté al cual fue convidado el señor Follenvie, pues tenían la inten­ción de interrogarlo hábilmente sobre los medios que emplear para vencer la resistencia del oficial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Pero sólo pensaba en sus cartas, sin escuchar nada, sin contestar nada; y repetía sin cesar: "Al juego, señores, al juego". Su atención estaba tan tensa que se olvidaba de escupir, lo que le ponía a veces notas de órgano en el pecho. Sus pulmones silbantes da­ban toda la gama del asma, desde las notas graves y profundas hasta los ronquidos agudos de los jóvenes gallos que intentan cantar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Hasta rehusó subir cuando su mujer, que se caía de sueño, vino a buscarlo. Entonces ella se fue sola, pues era de "la mañana", siempre levantada antes que el sol, mientras su hombre era de "la noche", siempre listo a pasar la noche con amigos. Él le gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Coloca mi caldo de gallina sobre el fuego! &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y volvió a su partida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando se dieron cuenta de que no podrían sacarle nada, declararon que era hora de irse y cada cual se fue a su cama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se levantaron también bastante temprano al día siguiente con una esperanza indeterminada, un deseo más grande de irse, un terror del día que habría que pasar en esa horrible posada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;¡Ay!, los caballos permanecían en la caballeri­za, el cochero continuaba invisible. Fueron, por desocupación, a dar vueltas alrededor del coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El almuerzo fue muy triste; se había producido como un enfriamiento con respecto a Bola de Sebo, pues la noche, que trae consejo, había modificado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;un poco los juicios. Estaban casi resentidos ahora con esa muchacha, por no haber ido a buscar secreta­mente al prusiano a fin de prepararles al despertar una buena sorpresa a sus compañeros. ¿Hay algo más sencillo? Por otra parte, ¿quién lo hubiera sabido? Hubiera podido salvar las apariencias ha­ciendo decir al oficial que se apiadaba de ellos. ¡Para ella eso tenía tan poca importancia!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero nadie confesaba todavía esos pensa­mientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A la tarde, como se morían de aburrimiento, el conde propuso dar un paseo por los alrededores del pueblo. Cada cual se abrigó con cuidado, y la peque­ña compañía partió, a excepción de Cornudet, que prefería permanecer junto al fuego, y de las herma­nitas, que pasaban sus días en la iglesia o en casa del cura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El frío, cada vez más intenso, lastimaba cruel­mente la nariz y las orejas; los pies se ponían tan dolorosos que cada paso era un sufrimiento; y cuan­do el campo se abrió ante ellos les pareció tan atrozmente lúgubre bajo esa blancura ilimitada que todo el mundo regresó rápidamente con el alma helada y un nudo en el corazón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las cuatro mujeres caminaban delante, los tres hombres seguían un poco atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau, que comprendía la situación, pregun­tó de pronto si esa "loca" los haría permanecer por mucho tiempo todavía en un lugar semejante. El conde, siempre cortés, dijo que no se podía exigir de una mujer un sacrificio tan penoso y que debía nacer de ella. El señor Carré-Lamadon hizo notar que si los franceses hacían, como se decía, un regreso ofensivo por Dieppe, el encuentro sólo podía tener lugar en Tótes. Esta reflexión preocupó a los otros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Si nos escapamos a pie? -dijo Loiseau. &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde se encogió de hombros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ni pensarlo. ¿Con esta nieve? ¡Con nuestras mujeres? Además, seríamos inmediatamente perse­guidos, alcanzados en diez minutos y traídos prisio­neros a la merced de los soldados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Era verdad: callaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las señoras hablaban de vestidos; pero un cier­to estiramiento parecía desunirlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De pronto, al extremo de la calle, apareció el oficial. Sobre la nieve que cerraba el horizonte perfi­laba su gran talle de avispa en uniforme, y camina­ba, las rodillas separadas, con ese movimiento parti­cular de los militares que se esfuerzan por no ensu­ciar sus botas cuidadosamente lustradas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se inclinó al pasar junto a las señoras, y miró desdeñosamente a los hombres, que tuvieron, por otra parte, la dignidad de no descubrirse, aunque Loiseau esbozó un ademán para retirar su sombrero. &lt;span style=""&gt;       &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo se había puesto roja hasta las orejas; y las tres mujeres casadas sentían una gran humillación al ser vistas por ese soldado en compa­ñía de esa mujer a quien había tratado tan libre­mente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces se habló de él, de su aspecto, de su rostro. La señora Carré-Lamadon, que había conoci­do a muchos oficiales y que los juzgaba como exper­ta, no lo encontraba nada mal; hasta sentía que no fuera francés, porque sería un lindo húsar por quien todas las mujeres estarían locas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una vez de vuelta ya no supieron qué hacer. Hasta cambiaron palabras agrias a propósito de cosas insignificantes. La comida, silenciosa, duró poco, y cada cual subió a acostarse, esperando dormir para matar el tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al día siguiente bajaron con el rostro cansado y el corazón exasperado. Las mujeres hablaban apenas con Bola de Sebo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una campana repiqueteó. Era para un bautis­mo. La muchacha tenía un chico, que vivía con unos campesinos de Yvetot. No lo veía sino una vez al año y nunca pensaba en él; pero la idea de que iban a bautizar le llenó el corazón de una ternura súbita por el suyo, y quiso absolutamente asistir a la cere­monia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En cuanto hubo salido, todo el mundo se miró; luego acercaron las sillas porque sentían que por fin había que decidir algo. Loiseau tuvo una inspira­ción: su opinión era proponer al oficial que guardara solamente a Bola de Sebo y dejara partir a los demás. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El señor Follenvie volvió a encargarse del mandado, pero bajó casi en seguida. El alemán, que conocía la naturaleza humana, lo había echado del cuarto. Pretendía retener a todo el mundo mientras su deseo no fuera satisfecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces el temperamento vulgar de la señora Loiseau estalló:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Sin embargo, no vamos a morirnos aquí de vejez! ¡Puesto que es el oficio de esa ramera hacer eso con todos los hombres, considero que no tiene dere­cho a rechazar a uno y no a otro!... ¡Hay que ver! ¡Ha tomado todo lo que ha encontrado en Rouen, hasta los cocheros! ¡Sí, señora, el cochero de la prefectura! Bien lo sé; compra vino en casa. Y hoy, que se trata de sacarnos de apuros, se hace la remilgada, ¡esa mocosa!... Yo creo que hace muy bien el oficial. A lo mejor hace tiempo que se siente privado; y aquí somos tres que él hubiera preferido, sin duda. Pero no, se contenta con la de todo el mundo. Respeta a las mujeres casadas. Pero piensen, pues, que es el amo. Le bastaba decir: "Quiero", y podía tomarnos a la fuerza con sus soldados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las dos mujeres tuvieron un pequeño estreme­cimiento. Los ojos de la bonita señora Carré ­Lamadon brillaban, y estaba un poco pálida como si ya se sintiera tomada a la fuerza por el oficial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los hombres, que discutían un poco apartados, se acercaron. Loiseau, furibundo, quería entregar a esa miserable atada de pies y manos al enemigo. Pero el conde, descendiente de tres generaciones de embajadores y dotado de un físico de diplomático, era partidario de la habilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Habría que convencerla -dijo. &lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces conspiraron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las mujeres se acercaron, bajaron el tono de las voces y la discusión se hizo general; cada cual daba su opinión. Por otra parte, era muy correcto. Las señoras, sobre todo, encontraban delicadezas de gi­ros, sutilezas de expresión encantadoras, para decir las cosas más escabrosas. Eran tan observadas las precauciones de lenguaje, que un extraño no hubiera comprendido nada. Pero la ligera capa de pudor con la cual está barnizada toda mujer de mundo cubre sólo la superficie, y ellas se encendían en esa aventu­ra pícara, se divertían locamente en el fondo, sin­tiéndose en su elemento, manoseando el amor con la sensualidad de un cocinero goloso que prepara la comida de otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al fin la historia les pareció tan graciosa, que la alegría volvió sola. El conde encontró bromas un poco subidas, pero tan bien dichas, que hacían sonreír. A su vez Loiseau largó algunas picardías más crudas, pero nadie se sintió herido; y el pensa­miento, brutalmente expresado por su mujer, do­minaba todos los espíritu. "Puesto que es el oficio de esa mujer, ¿porqué va a rechazar a éste y no a otro.'" La gentil señora Carré-Lamadon parecía pensar que en su lugar ella rechazaría menos a este que a otro. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Prepararon largamente el bloqueo como para una fortaleza defendida. Cada cual eligió el papel que representaría, los argumentos en los cuales se apoyaría, las maniobras que tendría que ejecutar. Se dispuso el plan de los ataques, los ardides a emplear, y las sorpresas del asalto, para forzar a esa ciudadela viviente a recibir al enemigo en la plaza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet, no obstante, permanecía apartado, completamente ajeno a ese asunto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Una atención tan profunda tendía los espíri­tus, que no oyeron entrar a Bola de Sebo. Pero el conde sopló un ligero "chut", que hizo alzarse todos los ojos. Ella estaba allí. Callaron bruscamente, y una cierta incomodidad impidió al principio hablar­le. La condesa, más ágil que los demás en las dupli­cidades de los salones, la interrogó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Era divertido ese bautismo'&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La muchacha, todavía conmovida, contó todo, las caras, y las actitudes, y hasta el aspecto de la iglesia. Agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es bueno rezar a veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sin embargo, hasta la hora del almuerzo las señoras se contentaron con ser amables con ella para aumentar su confianza, y su docilidad para aceptar consejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En cuanto estuvieron en la mesa comenzaron las aproximaciones. Primeramente fue una conver­sación vaga sobre la abnegación. Citaron ejemplos antiguos: Judit y Holofernes; luego, sin razón algu­na, Lucrecia con Sixto; Cleopatra haciendo pasar por su lecho a todos los generales enemigos y reducién­dolos a servilismos de esclavos. Entonces se desarro­lló una historia fantástica nacida de la imaginación de esos millonarios ignorantes, en que las ciudada­nas de Roma iban a Capua a adormecer a Aníbal entre sus brazos, y con él a sus tenientes y a las falanges de sus mercenarios. Citaron a todas las mujeres que han detenido a los conquistadores, que han hecho de su cuerpo un campo de batalla, un medio de dominar, un arma; que han vencido a seres horribles y detestados con sus caricias heroicas y han sacrificado su castidad a la venganza y a la abnega­ción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Hasta se habló en términos velados de esa inglesa de gran familia que se había dejado inocular una horrible y contagiosa enfermedad para transmi­tirla a Bonaparte, salvado milagrosamente por una debilidad súbita, en la hora de la cita fatal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y todo esto fue contado de una manera correcta y moderada, en donde estallaba a veces un entusias­mo forzado apto para excitar la emulación. Al fin, habría podido creerse que el único papel de la mujer sobre la tierra era un perpetuo sacrificio de su perso­na, un abandono continuo a los apetitos de las soldadescas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las dos hermanitas no parecían oír, perdidas en pensamientos profundos. Bola de Sebo no decía nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Durante toda la tarde la dejaron reflexionar. Pero en lugar de llamarla "señora", como habían hecho hasta entonces, le decían simplemente "seño­rita", sin que nadie supiera muy bien por qué, como si hubieran querido hacerla bajar un escalón en la estima que había escalado, hacerle sentir su vergon­zosa situación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En el momento en que sirvieron la sopa, el señor Follenvie reapareció repitiendo su frase de la víspera:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-El oficial prusiano manda preguntar a la señorita Elizabeth Rousset si todavía no ha cambia­do de opinión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo respondió secamente: &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-No, señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero en la comida la coalición se debilitó. Loiseau dijo tres frases desgraciadas. Cada uno se rompía la cabeza por descubrir nuevos ejemplos, y nadie encontraba nada cuando la condesa, sin pre­meditación, quizá, experimentando una vaga nece­sidad de rendir homenaje a la religión, interrogó a la mayor de las hermanitas sobre los grandes hechos de la vida de los santos. Muchos habían cometido actos que serían crímenes a nuestros ojos; pero la Iglesia absuelve sin dificultad esos pecados cuando son cometidos por la gloria de Dios o para el bien del prójimo. Era un argumento poderoso; la condesa aprovechó. Entonces, sea por una de esas compren­siones tácitas, de esas complacencias veladas en las que se destacan los que llevan ropas eclesiásticas, sea simplemente por el efecto de una feliz ininteligen­cia, de una auxiliadora tontería, la vieja religiosa aportó un formidable apoyo a la conspiración. La creían tímida: se mostró osada, verbosa, violenta. Ella no estaba turbada por los titubeos de la casuísti­ca; su doctrina parecía una barra de hierro; su fe nunca dudaba; su conciencia no tenía escrúpulos. Le parecía muy simple el sacrificio de Abrahán, pues ella hubiera dado muerte inmediatamente a su padre y madre por una orden venida de lo alto; y nada a su entender podía disgustar a Dios cuando la intención era loable. La condesa, aprovechando la autoridad sagrada de su inesperada cómplice, le hizo hacer como una paráfrasis edificante de este axioma de moral: "El fin justifica los medios".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La interrogaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Entonces, hermana, ¿usted piensa que Dios acepta todos los caminos y perdona el hecho cuando el motivo es puro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Quién podría dudarlo, señora? Una acción condenable en sí se vuelve a menudo meritoria por el pensamiento que la inspira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y continuaban así desenredando las voluntades de Dios, previendo sus decisiones, haciéndolo inte­resarse por cosas que verdaderamente no tenían nada que ver con Él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todo esto era velado, hábil, discreto. Pero cada palabra de la santa mujer con cofia abría una brecha en la resistencia indignada de la cortesana. Luego la conversación se desvió un poco y la mujer de rosarios colgantes habló de las casas de su Orden, de su superiora, de sí misma, y de su encantadora vecina, la querida hermana San Nicéforo. Habían sido llamadas a El Havre para cuidar, en los hospita­les, a centenares de soldados atacados de viruela. Describió a esos miserables, detalló la enfermedad. Y mientras ellas estaban detenidas en su ruta por el capricho de ese prusiano, un gran número de france­ses podía morir, cuando quizá hubieran podido salvarlos. Era su especialidad cuidar militares; había estado en Crimea, en Italia, en Austria, y contando sus campañas, se reveló de pronto como una de esas religiosas de armas llevar que parecen hechas para seguir los campamentos, recoger los heridos en los remolinos de las batallas y, mejor que un jefe, domar con una palabra a los soldados indisciplina­dos; una verdadera hermana "Rataplán", cuyo ros­tro devastado, cribado de agujeros sinnúmeros, pa­recía una imagen de los estragos de la guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Nadie dijo nada después de ella, a tal punto parecía excelente el efecto causado. Cuando termi­naron de comer subieron a sus cuartos para no bajar hasta el día siguiente bastante entrada la mañana. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El almuerzo fue tranquilo. Daban a la semilla, sembrada la víspera, tiempo para germinar y dar sus frutos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La condesa propuso dar un paseo por la tarde. Entonces el conde, como estaba convencido, tomó del brazo a Bola de Sebo y se quedó atrás con ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Le habló con ese tono familiar, paternal, un poco desdeñoso que los hombres serios emplean con las rameras; la llamaba "mi hija querida", la trataba desde lo alto de su posición social, de su honorabili­dad indiscutida. Entró inmediatamente en lo vivo del asunto:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Entonces, ¿prefiere dejarnos aquí, expues­tos, así como usted, a todas las violencias que resul­tarían de una derrota de las tropas prusianas, antes que consentir en una de esas complacencias que ha tenido tan a menudo en su vida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo no contestó nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Trató de convencerla por la dulzura, por &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Y sabes, querida? Se podrá jactar de el razonamiento, por los sentimientos. Supo permane­cer el "señor conde" mostrándose asimismo galante cuando fue preciso, piropeador, amable, en fin. Exaltó el servicio que ella les haría, habló de la gratitud de ellos. Luego, pronto, tuteándola alegre­mente: haber probado una linda muchacha como no encontrará muchas en su país.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo no contestó y se unió al resto del grupo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En cuanto estuvo de regreso subió a su cuarto y no volvió a aparecer. La inquietud era extrema. ¿Qué iba a hacer? Si se resistía, ¡qué complicación!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La hora de la comida sonó; la esperaron en vano. Entonces el señor Follenvie entró anunciando que la señorita Rousset se sentía indispuesta y que podían sentarse a la mesa. Todo el mundo paró la oreja. El conde se acercó al hotelero, y en voz baja: &lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Ya está?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por corrección no dijo nada a sus compañeros, pero les hizo solamente una ligera señal con la cabeza. En seguida un gran suspiro de alivio salió de todos los pechos, una viva alegría apareció en los rostros. Loiseau gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Caramba, pago champaña si lo hay en el establecimiento!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y la señora Loiseau sintió una angustia cuando el patrón volvió con cuatro botellas en las manos. Todos se habían vuelto súbitamente comunicativos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;y ruidosos; una alegría chispeante llenaba los corazo­nes. El conde pareció notar que la señora Carré ­Lamadon era encantadora; el manufacturero dijo piropos a la condesa. La conversación fue viva, jo­vial, llena de rasgos de ingenio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;De pronto, Loiseau, la faz ansiosa y alzando los brazos, gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Silencio!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todo el mundo calló, sorprendido, casi asusta­do ya. Entonces tendió la oreja haciendo "chist" con las dos manos, alzó los ojos hacia el cielo raso, escuchó de nuevo, y agregó con su voz natural:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Tranquilícense, todo va bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No se atrevían a comprender, pero pronto corrió una sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al cabo de un cuarto de hora hizo la misma broma y la repitió a menudo durante la velada; y fingía interpelar a alguien en el piso de arriba dán­dole consejos de doble sentido, con su ingenio de viajante de comercio. A ratos tomaba un aire triste para suspirar: "¡Pobre muchacha!", o bien murmu­raba entre dientes con aire rabioso: "¡Prusiano sin­vergüenza!" A veces, cuando ya nadie pensaba en eso, lanzaba con una voz vibrante varios: "¡Basta, basta!" Y agregaba como hablándose a sí mismo: "Con tal que volvamos a verla... ¡que no la mate el miserable!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Aunque esas bromas eran de un gusto deplora­ble, divertían y no herían a nadie, pues la indigna­ción, como el resto, depende de los ambientes, y la atmósfera que poco a poco se había creado alrededor de ellos estaba cargada de pensamientos maliciosos. &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En el postre, hasta las mujeres hicieron alusio­nes espirituales y discretas. Las miradas brillaban; habían bebido mucho. El conde, que conservaba aún en sus desvíos su gran apariencia de gravedad, encontró una comparación muy apreciada sobre los inviernos en el Polo y la alegría de los náufragos que ven abrirse una ruta hacia el Sur.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau, lanzado, se levantó con un vaso de champaña en la mano:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Bebo por nuestra liberación!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todo el mundo se puso de pie; lo aclamaban. Hasta las hermanitas, solicitadas por las señoras, consintieron en mojar sus labios en ese vino espumo­so que nunca habían probado. Declararon que se parecía a la limonada gaseosa, pero que, sin embar­go, era más fino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau resumió la situación:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Es una lástima no tener piano porque hubié­ramos podido bailar una cuadrilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet no había dicho una palabra; no había hecho un gesto; hasta parecía sumido en pensamien­tos muy graves; y tiraba a veces con ademán furioso su gran barba como si quisiera alargarla aún más. Por fin, a eso de medianoche, cuando iban a separar­se, Loiseau, que tambaleaba, le golpeó de pronto el estómago y le dijo farfullando:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Esta noche usted no está para bromas. ¿No dice nada ciudadano?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero Cornudet alzó bruscamente la cabeza y recorrió al grupo con una mirada brillante y terrible. &lt;span style=""&gt;        &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Les digo a todos que acaban de cometer una infamia!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se levantó, llegó a la puerta, repitió una vez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;más:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Una infamia! &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y desapareció.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Primeramente esto produjo una sensación de frío. Loiseau, sorprendido, se quedaba como tonto;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;pero recobró su aplomo y de golpe se echó a reír, repitiendo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Están verdes, mi viejo, están verdes... &lt;span style=""&gt;          &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Como nadie comprendía, contó los "misterios del corredor". Entonces hubo una repetición de alegría formidable. Las señoras se divertían como locas. El conde y el señor Carré-Lamadon lloraban a fuerza de reír. No podían creer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Cómo? ¿Está seguro? ¿Quería...? &lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Les digo que lo he visto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Y ella se negó... ?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Porque el prusiano estaba en el cuarto de al&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡No es posible! &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Lo juro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde se ahogaba. El industrial se compri­mía el estómago con las dos manos, Loiseau conti­nuaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Y ustedes comprenden, esta noche no le parece chistosa, pero ni un poquito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y los tres volvían a empezar, enfermos, ja­deantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Después de eso se separaron. Pero la señora Loiseau, que tenía naturaleza de ortiga, hizo notar a su marido en el momento en que se acostaba que "esa mala pécora", la pequeña Carré-Lamadon, se había reído sin ganas, durante toda la noche. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Sabes? A las mujeres, cuando les gusta el uniforme, que sea francés o prusiano les es igual, te aseguro. ¡Si no es vergonzoso, señor Dios!...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y durante toda la noche en la obscuridad del corredor corrieron como estremecimientos, ruidos leves, apenas sensibles, semejantes a soplos, roza­mientos de pies desnudos, crujidos imperceptibles. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y seguramente no se durmieron hasta muy tarde, pues hilos de luz se filtraron durante mucho tiempo por debajo de las puertas. El champaña causa esos efectos; según dicen, turba el sueño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al día siguiente un claro sol de invierno hacía brillar la nieve. La diligencia, enganchada por fin, esperaba ante la puerta, mientras un ejército de palomas blancas, engalladas en sus espesas plumas, con ojos rosa manchados en el centro por un punto negro, se paseaban gravemente entre las patas de los seis caballos y se buscaban la vida en la bosta hu­meante que desparramaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El cochero, envuelto en su piel de carnero, encendía una pipa en el pescante, y todos los viaje­ros, radiantes, hacían empaquetar rápidamente pro­visiones para el resto del viaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sólo esperaban a Bola de Sebo. Apareció. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Parecía un poco turbada, avergonzada; y se adelantó tímidamente hacia sus compañeros, quie­nes, todos con un mismo movimiento, le volvieron la espalda como si no hubieran reparado en ella. El conde tomó con dignidad el brazo de su mujer y la alejó de ese contacto impuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La fornida muchacha se detuvo, estupefacta. Entonces, empleando todo su coraje, abordó a la mujer del manufacturero con un "buenos días, seño­ra", humildemente murmurado. La otra hizo con la cabeza un pequeño saludo impertinente que iba acompañado de una mirada de virtud ultrajada. Todo el mundo parecía ocupado y se mantenía lejos de ella como si hubiera traído una infección en sus faldas. Luego se precipitaron hacia el coche, donde ella llegó sola, la última, y tomó en silencio el lugar que había ocupado durante la primera parte de la ruta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Parecían no verla, no conocerla. Pero la señora Loiseau, considerándola de lejos con indignación, dijo a media voz a su marido:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Felizmente, no estoy al lado de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El pesado carruaje se movió y reanudaron el viaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al principio nadie habló, Bola de Sebo no se atrevía a alzar los ojos. Se sentía al mismo tiempo indignada contra todos sus vecinos y humillada por haber cedido, mancillada por los besos de ese prusia­no entre cuyos brazos la habían arrojado hipócrita­mente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero la condesa, volviéndose hacia la señora Carré-Lamadon, rompió de pronto ese penoso si­lencio:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¿Usted conoce, según creo, a la señora de Etrelles?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Sí, es una de mis amigas. &lt;span style=""&gt;           &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Qué mujer encantadora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-¡Maravillosa! Una verdadera naturaleza de élite; muy instruida, por otra parte, y artista hasta la punta de los dedos. Canta espléndidamente y dibuja que es una perfección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El manufacturero conversaba con el conde, y en medio del estruendo de los vidrios surgía a veces una palabra: "Cupones, vencimientos, prima, a tér­mino".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Loiseau, que había substraído el viejo juego de cartas de la posada, grasiento por cinco años de roce sobre las mesas mal secadas, empezó una partida de báciga con su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las hermanitas tomaron de sus cinturas el lar­go rosario que colgaba, hicieron a un tiempo la señal de la cruz y, pronto, sus labios empezaron a moverse rápidamente, apresurándose cada vez más, precipi­tando su vago murmullo como para una carrera de oremus: y de cuando en cuando besaban una medalla, se persignaban de nuevo y reanudaban su rápido y continuo susurro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cornudet soñaba, inmóvil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Al cabo de tres horas de viaje, Loiseau recogió sus cartas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Tengo apetito -dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces su mujer alcanzó un paquete bien atado del cual hizo salir un pedazo de ternera fría. Lo cortó limpiamente en rebanadas delgadas y firmes, y ambos se pusieron a comer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Si hiciéramos otro tanto... -dijo la con­desa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El conde accedió y ella desenvolvió las provi­siones preparadas para las dos parejas. Era, en uno de esos potes alargados cuya tapa lleva una liebre de porcelana para indicar que una liebre en pasta yace ahí abajo, un fiambre suculento, en el cual blancas lagunas de panceta atraviesan la carne morena de la presa, mezclada con otras carnes picadas. Un her­moso pedazo de gruyére, envuelto en un diario, conservaba impreso: "Información general", sobre su pasta untuosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las dos hermanitas desenvolvieron un salchi­chón que olía a ajo: y Cornudet hundiendo las dos manos en los amplios bolsillos de su sobretodo, sacó de uno cuatro huevos duros y del otro un pedazo de pan. Desprendió la cáscara, la tiró bajo sus pies, en la paja, y se puso a morder los huevos, haciendo caer sobre su vasta barba partículas de amarillo claro que allí adentro parecían estrellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Bola de Sebo, en la prisa y en el azoramiento de su despertar, no había podido pensar en nada; y miraba exasperada, sofocada de rabia, a toda esa gente que comía plácidamente. Una ira tumultuosa la crispó al principio y abrió la boca para gritarles la verdad con un borbotón de injurias que le subía a los labios; pero la exasperación la ahogaba tanto que no podía hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Nadie la miraba ni pensaba en ella. Se sentía ahogada en el desprecio de esos honestos canallas que la habían sacrificado primeramente, rechazado luego, como una cosa sucia e inútil. Entonces pensó en su gran cesta llena de cosas buenas que ellos habían devorado golosamente; en sus dos pollos brillantes de gelatina; en sus pasteles, en sus peras, en cuatro botellas de bordeaux; su dolor cayó de pronto como una cuerda demasiado tensa que se rompe, y se sintió a punto de llorar. Hizo esfuerzos terribles, se contrajo, tragó sus sollozos como los chicos, pero el llanto subía, brillaba en el borde de sus párpados, y pronto dos grandes lágrimas, des­prendiéndose de sus ojos, rodaron lentamente sobre sus mejillas. Otras las siguieron más rápidas, fluyendo como gotas de agua que se filtran de una roca, y caían regularmente sobre la curva rolliza de su pecho. Ella permanecía erguida, la mirada fija, la faz rígida y pálida, con la esperanza de que no la vieran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Pero la condesa lo advirtió y enteró con una seña a su marido. Él se encogió de hombros, como para decir: "¿Qué quieres? No es culpa mía". La señora Loiseau tuvo una risa muda de triunfo y murmuró:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Llora su vergüenza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Las dos hermanitas habían vuelto a rezar des­pués de haber envuelto en el papel el resto del salchichón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Entonces Cornudet, que digería sus huevos, extendió sus largas piernas bajo el asiento de enfren­te, se echó hacia atrás, cruzó los brazos, sonrió como un hombre que acaba de inventar una buena broma y se puso a silbar la Marsellesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Todos los rostros se ensombrecieron. Segura­mente, el canto popular no gustaba a sus vecinos. Se sintieron molestos, irritados y parecían listos a au­llar como perros que oyen un organito. Él se dio cuenta y ya no se detuvo. A veces hasta tarareaba las palabras:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Amour sacré de la patrie,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Conduis, soutiens, nos tiras vangeurs;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Liberté, liberté chérie,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;Combats avec tes défenseurs.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Huían más rápido, pues la nieve estaba más dura; y hasta Dieppe, durante las largas y tristes horas del viaje, entre el traqueteo del camino en la noche que caía, luego en la oscuridad profunda del coche, continuó con una obstinación feroz su silbido vengador y monótono, obligando a los espíritus cansados y exasperados a seguir el canto de un extremo al otro, a recordar cada palabra que aplica­ban a cada nota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Y Bola de Sebo lloraba siempre. Y a veces un sollozo que no había podido retener pasaba entre dos estrofas, en las tinieblas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-3012665115878232638?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/3012665115878232638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=3012665115878232638&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/3012665115878232638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/3012665115878232638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/guy-de-maupassant-bola-de-sebo.html' title='GUY DE MAUPASSANT         Bola de Sebo'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-8009612158069004790</id><published>2007-06-28T12:45:00.000-07:00</published><updated>2007-06-29T08:30:27.591-07:00</updated><title type='text'>JACK LONDON             Colmillo Blanco</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;b&gt;E&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;scritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. John Griffith London nació en San Francisco hijo de un astrólogo ambulante, al que no conoció, y de una espiritista que se casó con Yack London meses después del nacimiento de su hijo. Completó sus estudios de bachillerato mientras realizaba diversos trabajos. En 1897 y 1898 viajó a Alaska, empujado por la corriente de la fiebre del oro. Antes había sido marino, pescador, e incluso contrabandista. De regreso a San Francisco comenzó a relatar sus experiencias. En 1900 publicó una colección de relatos titulada &lt;b&gt;El hijo del lobo&lt;/b&gt; que le proporcionó un gran éxito popular. Publicó más de 50 libros que le supusieron grandes ingresos pero que dilapidó en viajes y alcohol. Fue corresponsal de guerra y vivió dos matrimonios tormentosos. Se suicidó a la edad de 40 años. De ideas socialistas y siempre del lado de los trabajadores, London fue militante comunista e incluso agitador político. Pero, autodidacta como era, las lecturas del filósofo alemán Nietzsche le llevaron a formular que el individuo debe alzarse frente a las masas y las adversidades. Esta contradicción individualidad-colectividad está presente en su obra. Su tesis general es la de q&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.sfmuseum.net/photos6/jclondon.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.sfmuseum.net/photos6/jclondon.gif" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;ue el ser humano no es bueno por naturaleza, y sólo los fuertes consiguen alzarse en la vida que es dura; estos seres serán los que pongan los cimientos para una sociedad más justa. Muchos de sus relatos, entre los que destaca su obra maestra, &lt;b&gt;La llamada de la selva&lt;/b&gt; (1903), hablan de la vuelta de un ser civilizado a su estado primitivo, y la lucha por la supervivencia. Su estilo, brutal, vivo y apasionante, le hizo enormemente famoso fuera de su país. Sus novelas se han traducido a numerosas lenguas. Entre sus principales obras cabe mencionar &lt;b&gt;Los de abajo&lt;/b&gt; (1903), sobre la vida de los pobres en Londres; &lt;b&gt;El lobo de mar&lt;/b&gt; (1904), una novela basada en sus experiencias como cazador de focas; &lt;b&gt;Colmillo blanco&lt;/b&gt; (1906) un libro pesimista sobre la crueldad, la hegemonía de los más fuertes y la lucha por la libertad. &lt;b&gt;John Barleycorn&lt;/b&gt; (1913), un relato autobiográfico sobre su batalla personal contra el alcoholismo, y &lt;b&gt;El vagabundo de las estrellas&lt;/b&gt; (1915), una serie de historias relacionadas entre sí sobre el tema de la reencarnación. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.7pt;font-size:48;" lang="FR" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Colmillo Blanco&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size:16;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.7pt;" lang="FR"&gt;PRIMERA PARTE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.7pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.7pt;" lang="ES-TRAD"&gt;LO SALVAJE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.3pt;" lang="ES-TRAD"&gt;I&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.3pt;" lang="ES-TRAD"&gt;La pista de la carne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: center; text-indent: 9pt;" align="center"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.3pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 1.3pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Aun lado y a otro del helado cauce se &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;erguía un oscuro bosque de abetos de ceñudo aspecto. Hacía poco que el viento había despojado a los árboles de la capa de hielo que los cubría y, en medio de la escasa claridad, que se iba debilitando por momentos, parecían inclinarse unos ha­cia otros, negros y siniestros. Reinaba un profundo silencio en toda la vasta extensión de aquella tierra. Era la desolación misma, sin vida, sin movimiento, tan solitaria y fría que ni siquiera bastaría decir, para describirla, que su esencia era la tristeza. En ella había sus asomos de risa; pero de una risa más terrible que todas las tristezas..., una risa sin alegría, como el sonreír de una esfinge, tan fría como el hielo y con algo de la severa dureza de lo infalible. Era la magistral e inefable sabiduría de la eternidad riéndose de lo fútil de la vida y del esfuerzo que supone. Era el bárbaro y salvaje desierto, aquel desierto de corazón helado, propio de los países del norte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Pero, a pesar de todo, allí había vida; lo que significaba, sin duda, todo un reto. Por la pendiente del helado cauce bajaba penosamente una hilera de perros que parecían más bien lobos. La escarcha cubría un hirsuto* pelaje. El aliento se les helaba en el aire en cuanto salía de su boca, era des­pedido hacia atrás en vaporosa espuma hasta posarse en sus pies, en donde se cristalizaba. Los perros llevaban sendos jae­ces* de cuerpo, como tirantes, que los mantenían unidos a un trineo que arrastraban. El vehículo, especie de narria*, había sido construido de recias cortezas de abedul, carecía de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;cu&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;chillas o patines, y toda su superficie inferior descansaba sobre la nieve. La parte delantera del trineo estaba vuelta hacia arri­ba, a fin de que pudiera penetrar por la gran ola de nieve blanda que le dificultaba el paso. Atada fuertemente sobre el trineo, se veía una caja estrecha y larga, rectangular. Había también otros objetos: mantas, una gran hacha, una cafetera y una sartén; pero lo que ocupaba la mayor parte del sitio disponible, destacándose sobre todo lo demás, era la caja es­trecha y larga, de forma rectangular.&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Delante de los perros, calzando anchos y blandos zapatos de pelo para la nieve, avanzaba trabajosamente un hombre. Detrás del trineo iba otro. Dentro, en la caja, iba un tercero para quien todo esfuerzo había ya terminado: una víctima de aquel salvaje desierto, un vencido que no se movería ni lu­charía ya más, aplastado, aniquilado por él. Al desierto no suele gustarle el movimiento. Toma como una ofensa la vida, porque vida es movimiento, y él tiende siempre a destruirlo. Hiela el agua para no dejarla correr hacia el mar; les roba la savia a los árboles - hasta helarles el potente corazón; y con mayor ferocidad, y por más terrible modo aún, anonada y obliga a someterse al hombre. Al hombre, que es lo más in­quieto que la vida ofrece, siempre en rebelión, justamente en contra de la idea de que todo movimiento acaba con la ce­sación del mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Pero allí, al frente de la zaga, como escolta, audaces, in­domables, caminaban trabajosamente los dos hombres que no habían muerto aún. Pieles y cueros blandos cubrían sus cuerpos. Tenían pestañas, mejillas y labios tan cubiertos de cris­tales de hielo, producidos por su helada respiración, que era imposible distinguirles la cara. Esto les daba el aspecto de enmascarados duendes, de enterradores de un mundo de es­pectros en el entierro de uno de los suyos. Pero, pese a las apariencias, eran hombres que penetraban en la tierra donde todo es desolación, mofa sarcástica y silencio; aventureros no­vatos enfrascados en una colosal empresa. Se introducían a viva fuerza en un mundo poderosísimo, tan remoto, tan ajeno a ellos y tan sin pulso como las profundidades del espacio. Avanzaban sin hablar, economizando el aliento para man­tener las funciones del cuerpo. Por todos lados reinaba el si­lencio, casi podían palpar su presencia. Afectaba su mente como las innumerables atmósferas que pesan sobre el buzo, en lo hondo de las aguas, afectan su cuerpo. Los aplastaba materialmente bajo la pesadumbre de la extensión sin fin, de inexorables fallos. Los anonadaba hasta reducirlos al último rincón de su mente, prensada para que de ella se escurrieran, como de los racimos el zumo, todo el falso ardor, la exaltación y las indebidas presunciones del alma humana; hasta lograr que se sintieran muy limitados e insignificantes, unas simples manchitas, unos átomos, moviéndose con débil maña y escasa discreción en el drama externo e interno de los ciegos y enor­mes elementos y fuerzas naturales. Pasó una hora y luego otra. Menguaba, cada vez más rápidamente, la pálida luz del día, corto y sin sol, cuando en medio del aire en reposo resonó un grito débil y lejano. Se remontó primero con rápido im­pulso hasta llegar a la nota más alta, donde se afirmó vibrante para ir bajando después lentamente hasta dejar de oírse. Aque­llo hubiera podido ser el lamento de un alma en pena, de no haber en el triste grito cierta ferocidad, cierta hambrienta ve­hemencia. El hombre que iba al frente del trineo volvió la cabeza y cruzó la mirada con el que iba detrás. Por encima de la estrecha caja rectangular, ambos cambiaron una señal de asentimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Entonces se oyó un segundo grito que pareció elevarse en el aire perforando aquel silencio con la sutil penetración de una aguja. Los dos hombres comprendieron de dónde partía el sonido. Venía de allá atrás, de algún sitio en la nevada extensión que acababan de atravesar. Un tercer grito, contes­tación a los anteriores, resonó también en la misma dirección, pero más a la izquierda del segundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Nos persiguen, &lt;/span&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-dijo el hombre que iba delante del vehículo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Su voz sonó ronca, como algo que no parecía humano, y era evidente el esfuerzo que realizó para hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-La carne escasea -contestó su compañero-. Desde hace días no he visto ni un rastro de conejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;No dijeron nada más, aunque siguieron con el oído atento a los gritos de caza que continuaban resonando allá lejos, a su espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Como había oscurecido ya por completo, desviaron los perros hacia un grupo de abetos al borde del cauce, y allí acamparon. El ataúd, colocado junto al fuego, servía de asien­to y de mesa. Los perros lobo, agrupados al otro lado de la hoguera, gruñían y se peleaban, pero sin mostrar el menor deseo de perderse entre la oscuridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Me parece, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;que es digno de tomar en cuenta eso de que se hayan quedado tan cerca de nosotros -comentó &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;en cuclillas junto a la lumbre y apoyando &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;la &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;ca­fetera con un pedazo de hielo, asintió con la cabeza. No aña­dió una palabra hasta que se sentó sobre el ataúd y empezó a comer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Saben que si se apartan, pueden acabar sin su pellejo -contestó entonces-. Prefieren comer de lo nuestro a ser comidos. Ya saben ellos lo que hacen, ya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;movió dubitativamente la cabeza y objetó: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¡Oh, no sé! ¡No sé!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Su compañero lo miró con aire de curiosidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Esta es la primera vez que te oigo dudar de su instinto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;-Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-replicó el otro, mascando obstinadamente las habas que comía-, ¿te has fijado, por casualidad, en el modo que se revolvían los perros cuando les daba yo la comida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Sí, alborotaban más que de costumbre -contestó el interpelado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Cuántos perros tenemos, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Seis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Bueno, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry... -Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;se interrumpió un momento, como para dar mayor fuerza y énfasis a sus palabras-. Como íbamos diciendo, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;tenemos seis perros. Seis pescados saqué yo del saco. Le fui dando uno a cada perro, pero al llegar al último, no me quedaba ya pescado para él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Es que contaste mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Seis perros tenemos -insistió el otro tranquilamente-. Seis eran los pescados que yo saqué. &lt;i&gt;Oreja Cortada &lt;/i&gt;se quedó sin el suyo. Volví al saco, cogí otro y se lo di.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pues no tenemos más que seis perros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;-Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-continuó &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;como si tal cosa-, no diré yo que fueran todos perros; pero eran siete los que engulleron los pescados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;dejó de comer para echar una mirada por encima de la lumbre y contar los perros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Lo que es ahora, no hay más que seis -dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Yo vi al otro huir a través de la nieve -anunció &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;fríamente, pero con toda seguridad-. Yo vi siete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;lo miró con lástima, diciéndole:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¡Lo que yo me voy a alegrar cuando hayamos llegado al fin de este viaje...!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pues quise decir que esta carga que llevamos te ha pues­to ya tan nervioso que empiezas a ver visiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-También a mí se me ocurrió la idea -contestó grave­mente &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill-. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Y por eso, cuando lo vi correr por la nieve, me acerqué y observé las huellas. Entonces conté los perros y aún había seis. En la nieve han quedado todavía las pisadas. ¿Quie­res verlas? Yo te las enseñaré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;no contestó y siguió mascando en silencio, hasta que, terminada la comida, tomó una taza de café. Se secó la boca con el dorso de la mano y dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pues entonces, tú crees que era... -un prolongado au­llido, tan feroz como triste y que partía de aquellas tenebrosas profundidades, vino a interrumpirle. Lo escuchó un momento y luego terminó la frase diciendo-: Uno de esos -al tiempo que acompañaba las palabras con un movimiento de la mano, señalando al sitio de donde el aullido provenía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;asintió con la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Yo me inclinaría a creer esto antes que otra cosa -in­dicó-. Tú mismo observaste la barahúnda que armaron los perros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Como un aullido sucedía a otro, el silencio de antes se había convertido en un vocerío de casa de locos. De todas partes se elevaban los gritos, y de tal modo impresionó aquello a los perros, que se apretaban, aterrorizados, unos contra otros, tan cerca de la lumbre que el pelo se les chamuscaba. &lt;/span&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;echó algo más de leña al fuego antes de encender la pipa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Me parece que no las tienes todas contigo -observó su compañero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;-Henry... &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-y aquí le dio &lt;/span&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;una chupada a la pipa, muy meditabundo, antes de seguir adelante-. &lt;/span&gt;Henry, &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;estaba pensando en la condenada suerte que ha tenido ese y no lle­garemos nunca a tener nosotros -al decirlo, señalaba con el pulgar al que iba en el ataúd que les servía de asiento-. Lo que es cuando tú y yo nos muramos, &lt;/span&gt;Henry, &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;podremos darnos por satisfechos con que haya bastantes piedras sobre nuestro esqueleto para evitar que los perros nos desentierren.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Pero es que nosotros no tenemos familia ni dinero y demás, como tiene él -objetó &lt;/span&gt;Henry--. &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Estos entierros a larga distancia son un lujo que ni tú ni yo podemos pagar, verdaderamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Lo que no me cabe a mí en la cabeza, &lt;/span&gt;Henry, &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;es que a un muchacho como ese, que era &lt;/span&gt;lord &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;o cosa por el estilo en su país, y que nunca tuvo que preocuparse de provisiones, ni de mantas, ni de todas esas cosas, se le antojara venir a estas malditas tierras que son el fin del mundo... Eso es lo que no acabo de comprender.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Y que si hubiera sabido quedarse en casa, bien podía haberse muerto de puro viejo -contestó &lt;/span&gt;Henry, &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;compartien­do la opinión del otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;abrió la boca para hablar, pero se quedó sin hacerlo. En vez de ello, señaló hacia aquel espeso muro de sombras que parecía oprimirlos por todos lados. No se distinguía en la profunda oscuridad ninguna forma, pero sí un par de ojos que relucían como ascuas. Pronto, &lt;/span&gt;Henry &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;indicó con un mo­vimiento de la cabeza un segundo par, y luego un tercero. En torno al campamento se había ido formando un círculo de relucientes ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;De vez en cuando, uno de aquellos se movía, o bien de­saparecía para volver a aparecer después.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;La intranquilidad de los perros había ido en aumento y huían, presa de repentino terror, hacia el lado del fuego donde estaban los hombres, entre cuyas piernas se arrastraban. En medio del tumulto, uno de los perros cayó rodando al borde mismo de la hoguera, aullando de dolor y de miedo, mientras el aire olía a pelo quemado. El barullo hizo que el círculo de ojos se moviera con inquietud durante un momento y que se retirara algo; pero volvió a la misma posición de antes en cuanto los perros se apaciguaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;-Henry, &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;¡qué desgracia que tengamos tan pocas muni­ciones!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;Bill &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;había acabado de fumar su pipa y estaba ayudando a su compañero a tender las pieles y las mantas sobre las ramas de abeto que habían esparcido en la nieve antes de cenar. &lt;/span&gt;Henry &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;gruñó y comenzó a desatarse los peludos zapatos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Cuántos cartuchos dijiste que te quedaban?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Tres -fue la contestación-. Y ojalá fueran trescientos. Entonces verían esos condenados para qué me iban a servir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Amenazó con el puño y lleno de coraje a aquellos ojos que brillaban en la oscuridad y comenzó a acercar con cuidado a la lumbre sus zapatos para que se secaran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;-Lo que yo quisiera es que esta racha de frío se acabara -continuó-. Llevamos ya dos semanas de estar a veinte gra­dos bajo cero. Y lo que también quisiera es no haber emprendido nunca este viaje, &lt;/span&gt;Henry. &lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;Las cosas tienen mal as­pecto. No las tengo todas conmigo, la verdad. Y puesto ya a pedir, lo que desearía es que hubiéramos terminado de una vez con todo esto, y estuviésemos ya sentados tú y yo junto &lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;al fuego en Fuerte Macgurry, jugando a las cartas: eso es lo que yo quisiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;volvió a contestar con un gruñido y se arrastró para acostarse. Dormitaba ya cuando le despertó la voz de su com­pañero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Oye, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry: &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;a aquel otro que se acercó y cogió el pes­cado, ¿por qué no se le echaron encima los perros? Eso me está atormentando la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Sí, y demasiado dura ya la manía, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-contestó el otro medio dormido-. Nunca te vi de este modo. Hazme el favor de callar y duerme, que cuando llegue la mañana te habrá ya pasado todo. Es que estás mal del estómago: eso es lo que tienes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Los dos hombres se durmieron, respirando pesadamente, uno al lado del otro y cubiertos con los mismos abrigos. El fuego de la hoguera fue amortiguándose y el círculo de ojos brillantes que la rodeaba se fue cerrando. Los perros se api­ñaron atemorizados, gruñendo de cuando en cuando amenazadoramente, al ver que algún par de aquellos ojos se acercaba demasiado. De pronto, fue tal el ruido que armaron, que &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;se despertó. Salió del lecho cautelosamente, como si no qui­siera despertar a su compañero, y echó más leña al fuego. En cuanto se alzaron las llamas, el círculo de ojos se fue retirando. Miró él, como por casualidad, a los apiñados perros. Se res­tregó los ojos y volvió a mirarlos con mayor atención. Después se arrastró hacia el montón de mantas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;-¡Henry! &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-llamó-. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;¡Henry!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Este lanzó una especie de gemido al despertarse y pre­guntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Qué ocurre ahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Nada..., que ya vuelve a haber siete. Acabo de contarlos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;se limitó a manifestar con otro gruñido que que­daba enterado, y al momento, vencido de nuevo por el sueño, roncaba ya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Quien primero se despertó a la mañana siguiente fue él, que llamó a su compañero para que se levantara. Faltaban tres horas para que se hiciera de día, a pesar de ser ya las seis de la mañana, y en medio de la oscuridad, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;comenzó a preparar el desayuno, mientras &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;enrollaba las mantas y de­jaba listo el trineo para enganchar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Oye, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-preguntó de pronto-, ¿cuántos perros dijiste que teníamos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Seis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pues no, señor -exclamó triunfalmente &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Otra vez siete?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-No, cinco. Uno ha desaparecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¡Diablos! -gritó furioso &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Henry, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;abandonando sus que­haceres para ir a contar los perros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Tienes razón, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-confesó-. El &lt;i style=""&gt;Gordito&lt;/i&gt; se ha mar­chado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Se apartó un poco, y ha desaparecido para siempre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-No es fácil que volvamos a verlo. De fijo que se lo han engullido vivo. Apostaría cualquier cosa a que aún gruñía cuando se lo tragaron. ¡El diablo se los lleve!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-¡Perro tonto! ¡Siempre fue así!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pero por tonto que fuera, no debía haberlo sido hasta el punto de ir a suicidarse de ese modo -miró a los demás perros del trineo con ojos escudriñadores que parecieron juzgar en un momento los rasgos más salientes de cada animal-. Apuesto -añadió- a que ninguno de estos haría lo que él ha hecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;-Ni a garrotazos se apartaban estos de la lumbre -dijo &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;Bill, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;asintiendo a aquellas palabras-. Siempre me pareció que el &lt;i style=""&gt;Gordito&lt;/i&gt; no andaba bien de la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Y ese fue el epitafio* que inspiró la muerte de un perro en aquellas tierras del norte...; menos corto, por cierto, que el de no pocos hombres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 36pt 6pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a style="color: rgb(255, 102, 0);" href="http://rapidshare.com/files/40059575/collon92.rar"&gt;Bajar la novela completa&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-8009612158069004790?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/8009612158069004790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=8009612158069004790&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/8009612158069004790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/8009612158069004790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/jack-london-colmillo-blanco.html' title='JACK LONDON             Colmillo Blanco'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-1678754460839148943</id><published>2007-06-28T12:26:00.000-07:00</published><updated>2007-06-28T12:41:13.627-07:00</updated><title type='text'>RUDYARD KIPLING Con el Correo Nocturno</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;b&gt;N&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;ovelista inglés laureado con el Premio Nobel. Kipling escribió novelas, poemas y relatos ambientados principalmente en la India y Birmania durante la época de gobierno británico. Nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay (India) y a la edad de 6 años lo enviaron a estudiar a Inglaterra. Pasó cinco años en un hogar social de Southsea, experiencia detestable que describe en su relato &lt;b&gt;'La oveja negra'&lt;/b&gt;. Regresó a la India en 1882 y a partir de ese momento trabajó para la Civil and Military Gazette de Lahore hasta 1889, en calidad de editor y escritor de relatos. Más tarde publicó &lt;b&gt;Cancioncillas del departamento&lt;/b&gt; (1886), una serie de versos satíricos sobre la vida civil y militar en los cuarteles de la India colonial, así como una colección de sus relatos escritos para la prensa recopilados en &lt;b&gt;Cuentos de las colinas&lt;/b&gt; (1887). Su fama literaria se consolidó con seis historias sobre la vida de los ingleses en la India, publicadas entre 1888 y 1889, que revelaban su profunda identificación con las gentes y el paisaje de su país. Posteriormente vi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.theatlantic.com/unbound/flashbks/images/kipling-fb-image.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.theatlantic.com/unbound/flashbks/images/kipling-fb-image.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;ajó por Asia y Estados Unidos, donde contrajo matrimonio con Caroline Balestier en 1892 y vivió durante un breve periodo en Vermont. En 1903, se estableció en Inglaterra. Kipling fue un escritor prolífico y popular. En 1907 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer autor inglés merecedor de este galardón. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt; &lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Kipling figura entre los principales escritores de relatos ingleses. Como poeta destaca por sus versos escritos en la jerga habitual de los soldados británicos. Su literatura gira siempre en torno a tres ejes: el patriotismo, el deber de los ingleses de llevar una vida de intensa actividad y el destino de Inglaterra, llamada a ser un gran imperio. Su insistencia en este último aspecto era sin duda un eco del pasado victoriano y perjudicó gravemente su reputación como escritor en los años posteriores a la I Guerra Mundial. De sus principales obras de ficción breve cabe destacar &lt;b&gt;Muchas fantasías&lt;/b&gt; (1893), &lt;b&gt;El libro de las tierras vírgenes&lt;/b&gt; (1894) y &lt;b&gt;El segundo libro de las tierras vírgenes&lt;/b&gt; (1895), colecciones de historias de animales que constituyen en opinión de muchos lo mejor de su literatura; además de &lt;b&gt;Precisamente así&lt;/b&gt; (1902) y &lt;b&gt;Puck, el de la colina&lt;/b&gt; (1906). Entre sus novelas o relatos largos más populares figuran &lt;b&gt;La luz que se apaga&lt;/b&gt; (1891), sobre un artista ciego; &lt;b&gt;Capitanes intrépidos&lt;/b&gt; (1897), una historia de marineros; &lt;b&gt;Stalky &amp; Cía.&lt;/b&gt; (1899), basada en sus experiencias infantiles en el United Services College, y &lt;b&gt;Kim de la India&lt;/b&gt; (1901), un relato picaresco de la vida en la India. Lo más destacable de su poesía es quizá &lt;b&gt;Baladas del cuartel&lt;/b&gt; (1892) y &lt;b&gt;Las cinco naciones&lt;/b&gt; (1903). &lt;b&gt;Algo de mí mismo&lt;/b&gt;, publicada póstumamente en 1937, es un relato inacabado sobre su triste infancia. Falleció el 18 de enero de 1936 en Londres&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 22.55pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Con el Correo Nocturno&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 22.55pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;A las nueve de una borrascosa noche de invierno me &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;encontraba en las plataformas inferiores de una de las &lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;torres postales de la G.P.O. Mi propósito era un viaje a &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;Québec en la «Nave Postal 162 u otra cualquiera dis&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;ponible»; y el propio Director General de Correos había refrendado la orden. Este talismán abría todas las puertas, incluso las del centro de expediciones, situado al pie de la &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;torre, donde estaban distribuyendo el clasificado correo &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;Continental. Las sacas estaban apiladas como arenques &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;en los largos cajones grises que nuestra G.P.O. continúa &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;"&gt;llamando «vagones». Cinco de tales vagones fueron llena&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;dos mientras yo esperaba, y fueron disparados hacia arri&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;ba a lo largo de las guías, para ser cargados en las naves que esperaban trescientos pies más cerca de las estrellas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Desde el centro de distribución fui acompañado por &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;un agradable y maravillosamente instruido oficial -Mr. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;L. L. Geary, Segundo Expedidor de la Ruta Occidental- &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;al Cuarto de Capitanes (esto despierta un eco de novela &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;antigua), donde los capitanes de correos se hacen cargo &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de su turno de servicio. Me presentó al capitán del «162», &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;capitán Purnall, y a su relevo, el capitán Hodgson. El uno &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;es bajito y moreno; el otro alto y rojizo; pero los dos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tienen la mirada característica de las águilas y los aero&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;nautas. Puede apreciarse en las fotografías de nuestros &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;pilotos de competición profesionales, desde L. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-PE"&gt;V. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Rausch &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;hasta la pequeña Ada Warrleigh: aquella insondable &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;abstracción de la mirada, acostumbrada a penetrar las pro&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;fundidades del espacio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;En el tablón de avisos del Cuarto de los Capitanes, las &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;flechas vibratorias de unos veinte indicadores registran, grado por grado geográfico, los progresos de otras tantas &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;naves de regreso. La palabra «Cabo» aparece en la esfera &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de un cuadrante; suena un gong: el correo sudafricano &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;se encuentra en la Torre de Recepción de Highgate. Eso &lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;es todo. Recuerda cómicamente la pérfida campanilla que en el desván de los aficionados a las palomas notifica el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;"&gt;regreso de una mensajera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-PE"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-PE"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Ya es la hora -dice el capitán Purnall, y nos diri&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;gimos al ascensor que ha de trasladarnos a la cumbre de &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;la torre-. Nuestro vagón se cerrará cuando esté cargado &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;y el personal ocupe sus puestos...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El «N.° 162» nos espera en el Embarcadero E del últi&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;mo piso. La gran curva de su lomo despide un brillo opaco &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;bajo las luces, y alguna leve alteración del equilibrio le hace mecerse ligeramente en los ganchos que lo sujetan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El capitán Purnall frunce el ceño y penetra en el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;interior. Con un suave chirrido, el «162» se inmoviliza &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;por completo. Desde su hocico, que ha taladrado inconta&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;bles leguas de granizo, nieve y hielo, hasta la intercalación &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de sus tres ejes propulsores, hay una distancia de doscientos cuarenta pies. Su diámetro máximo, localizado en la &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;parte delantera, es de treinta y siete pies. Contrasta esto &lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;con los novecientos por noventa y cinco de cualquier &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;vapor de línea, y puede suponerse la energía que se nece&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;"&gt;sita para arrastrar un casco a través de todos los climas &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;a una velocidad muy superior a la del &lt;i&gt;Cyclonic...&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;La mirada no detecta ninguna juntura en su piel, ex&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;cepto la que corresponde al emplazamiento del timón. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El timón de Magniac, que nos asegura el dominio del aire &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;inestable y que dejó a su inventor en la miseria y medio &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;ciego. Está calculado para la curva «ala de gaviota» de &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;Castelli. Una inclinación hacia adelante o hacia atrás de &lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;tres octavos de pulgada equivale a un descenso o una &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;"&gt;ascensión de cinco millas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Sí -dice el capitán Hodgson, respondiendo a mi &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;pensamiento-, Castelli creyó haber descubierto el secre&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;to para controlar los aeroplanos, cuando lo único que &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;hizo fue descubrir el modo de gobernar globos dirigibles. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Magniac inventó su timón para que fuera aplicado a los &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;buques de guerra, y la guerra pasó de moda y Magniac perdió la chaveta porque dijo que ya no podía servir a su patria. Me pregunto si alguno de nosotros sabe realmente lo que estamos haciendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Si quiere ver el vagón cargado será mejor que suba &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;a bordo -dice Mr. Geary.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;Cruzo la puerta situada en el centro de la nave. Aquí no hay nada que alegre la vista. La hilera de tanques de &lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;gas discurre a un par de pies de distancia de mi cabeza, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;y gira por encima de la curva de la sentina. Los buques &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;de línea y los yates disfrazan sus tanques con motivos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;decorativos, pero la G.P.O. se limita a cubrirlos con una &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;"&gt;capa de pintura gris, que es el color de reglamento. La sala &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;de máquinas se encuentra casi en el centro de la nave. Delante de ella hay una abertura, ahora una escotilla sin &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;fondo, en la cual quedará encajado nuestro vagón. Miran&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;do hacia abajo, a trescientos pies de distancia, se percibe &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;el centro de distribución. De pronto, algo asciende rápidamente hacia nosotros. Su tamaño aumenta paulatinamente: primero es un sello de correos, luego un naipe, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;después una batea y finalmente un pontón. Los dos em&lt;/span&gt;pleados, su tripulación, ni siquiera levantan la mirada &lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;cuando llega a su destino. Las cartas para Québec vuelan bajo sus dedos y pasan a las correspondientes casillas, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;"&gt;mientras los dos capitanes y Mr. Geary comprueban si &lt;/span&gt;el vagón queda bien encajado. Un empleado entrega la &lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;lista de embarque. El capitán Purnall le pone el visto bueno y se la pasa a Mr. Geary.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¡Buen viaje! -dice Mr. Geary, y desaparece a tra&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;vés de la puerta, que un compresor neumático cierra &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;detrás de él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;- ¡A-ah! -suspira el compresor al relajarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Los ganchos que sujetan a la nave se sueltan con un &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;chasquido metálico. Estamos libres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El capitán Hodgson abre la gran portañola inferior &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;a través de cuya mirilla coloide contemplo el iluminado &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Londres deslizarse hacia el este a medida que el viento &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;nos arrastra. La primera de las bajas nubes de invierno &lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;"&gt;oculta el conocido paisaje y oscurece el Middlesex. En uno &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;de los extremos de la nube puedo ver las luces de una &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;nave postal hundiéndose en la blanca masa. Por un instan&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;te brillan como estrellas antes de desaparecer en dirección &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;a la Torre de Recepción de Highgate.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-El Correo de Bombay -dice el capitán Hodgson, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;y consulta su reloj-. Lleva cuarenta minutos de retraso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.25pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¿A qué altura estamos? -pregunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;-A cuatro mil pies. ¿No va usted a subir al puente?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El puente (agradezcamos a la G.P.O. su preocupación &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;por conservar las más antiguas tradiciones) está repre&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;sentado por una vista de las piernas del capitán Hodgson &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;mientras permanece de pie en la Plataforma de Control. &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;El bastidor coloide está abierto y el capitán Purnall, con &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;"&gt;una mano en el volante, está esperando una racha de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;viento favorable. El altímetro señala 4.300 pies.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;-Hace una noche de perros -murmura Purnall, &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;mientras remontamos capa tras capa de nubes-. En esta &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;época del año, acostumbramos a encontrar una corriente &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;de aire de levante por debajo de los tres mil pies, No me &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;"&gt;gusta avanzar a través de las nubes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Lo mismo le ocurre a Van Cutsem. Siempre anda &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;buscando una racha de viento favorable -dice el capitán &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.4pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Hodgson.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.25pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Un centenar de brazas más abajo una luz empañada &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;rompe las nubes. El Correo Nocturno de Antwerp está de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;regreso. El viento nos situaría sobre el Mar del Norte en &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;media hora, pero el capitán Purnall gobierna la nave con &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;prudencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.25pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;«Cinco mil... seis mil, seis mil ochocientos.» El altíme&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tro va subiendo hasta que encontramos la corriente de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;levante. Entonces, el capitán Purnall corta los motores &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;y fija el gobernalle a una varilla situada delante de él. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Sería absurdo utilizar las máquinas cuando Eolo nos em&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;puja completamente gratis. Ahora avanzamos rápida&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;mente. A esta altura, las nubes inferiores aparecen des&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;plegadas, peinadas por los secos dedos del Este. Por enci&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;ma de nuestras cabezas, una película de niebla a la deriva &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;"&gt;extiende una especie de gasa a través del firmamento. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;La luz de la luna convierte los estratos inferiores en plata sin una sola mancha, a excepción de la sombra que pro&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;yecta nuestra nave. Los Dobles Faros de Cardiff y de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;Bristol están apagados delante de nosotros, ya que segui&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;"&gt;mos la Ruta Meridional de Invierno. La Central de Coven&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;try, el eje del sistema inglés, proyecta cada diez segundos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;su chorro de luz diamantina hacia el norte; a nuestra iz&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;quierda parpadea intermitentemente la inconfundible luz &lt;/span&gt;verde de El Puerro, el gran rompedor de nubes del cabo &lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;de San David. Con este tiempo tiene que haber una capa &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;muy espesa de nubes encima de El Puerro, pero eso no &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;le afecta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Nuestro planeta está superiluminado, desde luego &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-dice el capitán Purnall, mientras Cardiff-Bristol se des&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;lizan por debajo de nosotros-. Recuerdo los viejos tiempos, cuando la localización de un lugar exigía una pericia especial. Sobre todo, cuando hacía mal tiempo. Ahora es &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;como conducir por Piccadilly.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;Señala las columnas de luz que taladran la capa de &lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;nubes. No vemos nada de los contornos de Inglaterra: &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;sólo un blanco pavimento horadado en todas direcciones por aquellas escotillas multicolores. ¡Benditos sean Sar&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;gent, Ahrens y los hermanos Dubois, que inventaron los &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;"&gt;rompe nubes del mundo para que nosotros viajáramos con &lt;/span&gt;más seguridad!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¿Va usted a remontarse para el Shamrock? -pre&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;gunta el capitán Hodgson.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El capitán Purnall asiente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Debajo de nosotros el tránsito es muy intenso. El banco &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de nubes aparece cruzado de grietas llameantes: son las &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;naves del Atlántico que regresan apresuradamente a Lon&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;dres. Según las normas internacionales, las Naves Postales disponen de todo el espacio hasta cinco mil pies de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;altura, pero los extranjeros que tienen prisa se toman &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;toda clase de libertades con el espacio inglés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Sobre el Atlántico no hay ninguna nube, y unos leves &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;regueros de espuma alrededor de la Bahía Dingle seña&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;lan los lugares donde el mar martillea la costa. Un enor&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;me buque de línea de la S.A.T.A. &lt;i&gt;(Société Anonyme des &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;Transports Aëriens) &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;está sumergiéndose a media milla debajo de nosotros en busca de alguna grieta en el sólido &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;viento del oeste. Más abajo, una nave danesa averiada &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;está comunicando con el buque de línea en clave interna&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;cional. Nuestro receptor de Comunicación General ha &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;"&gt;captado la conversación y la reproduce. El capitán Hodg&lt;/span&gt;son hace un movimiento para desconectarlo, pero cam&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;bia de idea.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Tal vez a usted le guste escuchar -dice.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-&lt;i&gt;Argol, &lt;/i&gt;de Santo Tomás -susurra el danés-. Infor&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;mando a los propietarios que tres soportes del eje de estri&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;bor se han fundido. En estas condiciones podemos llegar &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;a Flores, pero imposible ir más allá. ¿Debemos comprar &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;recambios en Fayal?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El buque de línea se da por enterado y recomienda &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;invertir los soportes. El &lt;i&gt;Argol &lt;/i&gt;contesta que ya lo ha &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;hecho, sin resultado, y empieza a echar pestes contra los soportes alemanes. El francés asiente cordialmente, dice &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;«Courage, mon ami" &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;y corta la comunicación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Sus luces se hunden bajo la curva del océano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;-Ese es uno de los buques de la Lundt &lt;i&gt;&amp; &lt;/i&gt;Bleamers &lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;"&gt;-dice el capitán Hodgson-. Les está bien empleado por &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;utilizar material alemán barato. ¡No llegará a Fayal esta &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.25pt;"&gt;noche! A propósito, ¿le gustaría echar un vistazo al &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;cuarto de máquinas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.25pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;He estado esperando ávidamente esta invitación y &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;sigo al capitán Hodgson, agachándome para evitar los &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tanques. Sabemos que el gas de Fleury carece de presión, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;como se demostró en el famoso proceso internacional &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de 1989, pero su enorme fuerza expansiva exige unos tan&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;ques muy amplios. Incluso en esta atmósfera tan tenue, &lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;los estabilizadores funcionan ininterrumpidamente eli&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;"&gt;minando una tercera parte de su presión normal, y el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;«162» tiene que ser revisado periódicamente para que nuestro vuelo no se convierta en una ascensión a las estrellas. El capitán Purnall prefiere una nave sobrecargada &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;a una nave con poco peso. Pero resulta difícil encontrar &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;dos capitanes que compartan las mismas ideas en lo que &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;"&gt;respecta al buen gobierno de un buque.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Cuando &lt;i&gt;yo &lt;/i&gt;ocupe el puente -dice el capitán Hodg&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;son-, tendrá usted ocasión de ver cómo se gobierna una &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de estas naves... A propósito, eche una ojeada a los sopor&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tes. Aquí no encontrará material alemán. Son unas verdaderas joyas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Nuestros soportes son piedras C.M.C. (Commercial &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Minerals Company), talladas con tanta precisión como los &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;lentes de un telescopio. Cuestan 37 libras cada una. Hasta ahora no hemos llegado al término de su vida. Las nues&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tras proceden del «N.° 97», que las tomó del viejo &lt;i&gt;Domi&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;nion of Light, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;el cual las había tomado a su vez del aero&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;plano &lt;i&gt;Perseus, &lt;/i&gt;en los años en que los hombres volaban &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;todavía en cometas de madera montadas sobre motores &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de gasolina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Las piedras C.M.C. son un vivo reproche de los métodos de fabricación alemanes, con su peligrosa insisten&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;cia en lanzar al mercado aleaciones de aluminio que enri&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;quecen a los cazadores de dividendos y vuelven locos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;a los navegantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Súbitamente, se oye el estridente sonido de un timbre. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Los mecánicos se precipitan hacia las válvulas de las &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;turbinas. Entran en funciones los frenos y ciamos, expre&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;sados en el lenguaje de la Plataforma de Control.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Algo hay que no marcha a gusto de Tim -dice el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;capitán Hodgson-. Vamos a echar una mirada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;El capitán Purnall no es el hombre suave que hemos &lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;dejado una hora antes, sino la encarnación de la autoridad &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;de la G.P.O. Delante de nosotros flota un anticuado cacharro, con tanto derecho al espacio de los 5.000 pies &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;como una carrera de bueyes en una carretera moderna. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;Nuestro faro de señales lo barre, como barre la linterna &lt;/span&gt;de un agente de la autoridad una zona sospechosa. Y en &lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;la anticuada torreta aparece, como un ratero, un nave&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;gante en mangas de camisa. El capitán Purnall abre el coloide para hablar con él de hombre a hombre. A veces &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;la Ciencia no resulta satisfactoria.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;-¿Qué diablos está haciendo aquí? -grita, cuando &lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;"&gt;las dos naves casi se tocan-. ¿No sabe que éste es un &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;camino reservado a los vuelos postales? Y se tiene usted por marino, ¿eh? No sirve ni para venderles globos a los &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;"&gt;esquimales... ¡Déme su nombre y su número! Yo haré...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-No es el primer accidente que sufro -le interrumpe &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;el hombre, con voz ronca-. Y me tiene sin cuidado lo &lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;"&gt;que &lt;i&gt;usted &lt;/i&gt;pueda hacer, Postillón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¿De veras? Yo haré que le importe. Le denunciaré &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;por obstrucción. Y el seguro no le abonará ni un penique. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;¿Comprende &lt;i&gt;eso?&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Entonces el desconocido aúlla:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Mire mis propulsores! ¡Alguien nos ha embestido &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;por debajo y nos ha hecho polvo! Mi piloto tiene un brazo &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;roto; mi mecánico sufrió una herida en la cabeza; mi &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Rayo se apagó cuando se averiaron los motores; y... ¡Por &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;el amor de Dios, déme mi altura, capitán! Creo que esta&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;mos cayendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Seis mil ochocientos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Con un poco de suerte llegaremos a San Juan. Esta&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;mos tratando de obturar el tanque delantero, pero no deja de perder gas -explica el desconocido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Se está hundiendo como un tronco -dice el capitán &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.35pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Purnall en voz baja-. Llame al Banks Mark Boat, George.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Nuestro altímetro indica que, en el tiempo que lleva&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;mos junto a la otra nave, hemos descendido quinien&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tos pies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.5pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El capitán Purnall pulsa un interruptor y nuestro faro &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de señales empieza a oscilar a través de la oscuridad, &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;proyectando haces de luz al infinito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Eso llamará la atención de alguien -dice, mientras &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;el capitán Hodgson observa el Comunicador General. Ha &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;llamado al North Banks Mark Boat, que se encuentra a un &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;centenar de millas al oeste, y está informando del caso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Me quedaré junto a usted -le grita el capitán Pur&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;nall a la solitaria figura de la torreta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¿Tan serio es el caso? -inquiere el otro-. Mi nave &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;no está asegurada. Es mía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Debí sospecharlo -murmura Hodgson-. El riesgo &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;del propietario es el peor riesgo de todos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-¿No puedo llegar a San Juan... ni siquiera con esta brisa? -se lamenta la voz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Prepárese a abandonar la nave. ¿No tiene algo que &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;pueda contrarrestar la gravedad, delante o detrás?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Sólo los tanques del centro, y no están demasiado &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tensos. Verá, mi Rayo se apagó, y..&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El hombre tose, a causa del gas que se escapa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;- ¡Pobre diablo! -La exclamación no llega a oídos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de nuestro amigo-. ¿Qué dice el Mark Boat, George?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Quiere saber si hay algún peligro para el tránsito. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Dice que el tiempo no es favorable allí, que no puede salir &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de la estación. He efectuado una Llamada General, de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;modo que incluso en el caso de que no vean nuestro faro &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de señales, acuda alguien a ayudarnos. ¿Soltamos nuestras &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;eslingas? ¡Atención! ¡Estamos aquí! ¡Un buque de línea &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de la Planet!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Dígales que preparen sus eslingas -grita el capitán &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Purnall-. Tenemos que darnos prisa... Ate a su piloto &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-le grita ahora al hombre de la torreta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Mi piloto está bien. Se trata de mi mecánico. Se ha vuelto loco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Tranquilícele con una llave inglesa. Dése prisa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Pero, si usted se queda a mi lado, puedo llegar a San Juan...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Llegará al profundo y húmedo Atlántico dentro de &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;veinte minutos. Se encuentra a menos de cinco mil ocho&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;cientos pies de altura... Recoja su documentación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Un buque de línea de la Planet se acerca a nosotros &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;por el este, traza una soberbia espiral y se detiene junto &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;al «162». Su escotilla inferior está abierta y sus eslingas &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;cuelgan de ella como tentáculos. Apagamos nuestro faro &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;de señales, mientras el recién llegado se sitúa sobre la &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;torreta de la nave averiada. Aparece el piloto, con el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;brazo en cabestrillo, seguido de un hombre con la cabeza &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.35pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;vendada, gritando que tiene que ir a reparar su rayo. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El piloto le asegura que encontrarán un rayo nuevo en el &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;cuarto de máquinas del buque de línea. La cabeza venda&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;da continúa agitándose, muy excitada. Siguen un joven &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;y una mujer. El buque de línea oscila encima de noso&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tros, y vemos los rostros de los pasajeros pegados al co&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;loide de las ventanillas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Ahí va una guapa muchacha -dice el capitán Pur&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;nall-. ¿Qué diablos estará esperando ese imbécil?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;Aparece el propietario de la nave averiada, suplicán&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;donos que nos mantengamos junto a él hasta que llegue &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;a San Juan. Desciende de la torreta y regresa con el gati&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.35pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;to de la nave.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El buque de línea iza sus eslingas; su escotilla inferior &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="color:black;"&gt;se cierra y el buque reemprende la marcha. El altímetro señala ahora menos de 3.000 pies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;El Mark Boat nos indica que debemos ayudar a la nave &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;abandonada, cuando cae ya debajo de nosotros en largos &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.5pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;zigzags.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Mantenga nuestro faro sobre ella y envíe un Aviso &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;General -dice el capitán Purnall, siguiendo a la nave en su caída.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;No es necesario. No hay un buque de línea en el aire &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;que no conozca el significado de aquel rayo de luz ver&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.3pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;tical.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.25pt 3.4pt 0.0001pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.05pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Se hundirá en el agua, ¿verdad? -pregunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.1pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-No siempre se hunden -dice el capitán Purnall-. &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;A veces flotan durante semanas enteras. Despídase de ella &lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: 0.2pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;y piense en lo que nos espera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;-Mala suerte la suya -sentencia el capitán Hodgson.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 3.4pt; text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.25pt;color:black;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:26;color:black;"   lang="ES-TRAD" &gt;FIN&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-1678754460839148943?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/1678754460839148943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=1678754460839148943&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1678754460839148943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1678754460839148943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/rudyard-kipling-con-el-correo-nocturno.html' title='RUDYARD KIPLING Con el Correo Nocturno'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-5361143060892477706</id><published>2007-06-28T12:10:00.000-07:00</published><updated>2007-06-28T12:25:50.249-07:00</updated><title type='text'>FRANZ KAFKA   La Condena</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;                 &lt;blockquote&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1882.-&lt;/strong&gt; Hermann Kafka, nacido                     en 1852, se casa con Julie Löwy, nacida en 1856. De familia cervecera, Julie cuenta con                     una posición económica importante. Hermann es también de familia judía pero su                     economía no es tan sólida como la de Julie. Nace en el pequeño pueblo de Wossek (sur de                     Bohemia) y se muda al Gueto judío de Josefstadt, Praga, luego de alcanzar la                     adolescencia. Julie es una mujer culta, de elegancia notable. Cuando se casan, Hermann                     abre un comercio de artículos de fantasía no sin la ayuda de la familia de Julie. La                     fortuna comienza a sonreir en el sentido económico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1883.- &lt;/strong&gt;Se mudan a la calle Maisel, cercana al gueto. Nace ahí su primer hijo, Franz el 3 de julio en Praga (en ese entonces, ciudad austríaca). La casa es humilde y no tardarán mucho tiempo en mudarse nuevamente. La próxima vivienda queda no lejos de ésta, en Werizelplatz. En una fecha poco clara nace Georg, hermano de Franz que muere 15 meses mas tarde.Hermann se va acercando socialmente a los checos de origen alemán que forman parte por esa época de la alta sociedad y lentame&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;nte se separa del judaísmo. Franz es judío practicante. Sólo en las dosis necesarias. No solo la tibieza afecta lo religioso, también el Joven pendula entre el checo y el alemán. Sumémosle a esto los continuos cambios de domicilio conforme a los cambios o mejoras económicos. Siempre la dirección es contraria al gueto. Imagínense de qué manera el jove&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;n Franz puede hacer amistades...Muere otro hermano de Franz a poco de&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt; nacer.Finalmente la familia se muda a la calle del Círculo y abren una mercería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1889.- &lt;/strong&gt;Nace Elli, primera hermana de Franz. Este                     comienza a estudiar en la escuela primaria junto al mercado de la carne. La concurrencia                     general es alemana de origen judío. La señorita Bailly, venida de Neuchätel fue la                     primera maestra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1890.-&lt;/strong&gt; Nace Valli, segunda hermana. Franz es                     tímido. Hubiera q&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;uerido ser invisible. Con toda esa mezcla mencionada, es normal que no                     se comprometa con los alemanes ni con los checos de la escuela cercana (que atacaban a los                     alemanes a la salida de la escuela). Ni siquiera tomó partido por los judíos. El mejor                     sitio de permanencia es él mismo. El sitio seguro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1892.-&lt;/strong&gt; Nace la tercera hermana: Ottla.&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK14.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK14.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1893.- &lt;/strong&gt;Comienza los estudios en enseñanza media                     en un instituto de Bachillerato de humanidades de lengua alemana en Praga-Altstadt.                     Permaneció hasta 1901. Es un buen alumno. Se destaca especialmente en geografía tanto                     como siente dificultades en las matemáticas. Habla checo a pesar de ser un aplicado                     estudiante del alemán (la que fuera su lengua principal).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1897.-&lt;/strong&gt; Se paraliza el funcionamiento del Consejo                     del Imperio austro-húngaro y se organiza un movimiento de unión con Alemania. Se impone                     el bilingüismo y en Bohemia y Moravia estalla una crisis.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1899.-&lt;/strong&gt; Se agrava la situación y se deroga el                     bilingüismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1901.- &lt;/strong&gt;Concluye los estudios secundarios y tras                     un intento con la química, acomete el estudio de Derecho en la Universidad Alemana d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;e                     Praga. Luego seguirá con la Germanística y más tarde con estudios sobre Historia del                     arte. En aquellos días, conoce a Oskar Pollak, con quien mantiene correspondencia hasta                     1904.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1902.-&lt;/strong&gt; Pasa sus vacaciones en Liboch y Triesch                     (la casa de su tío Siegfried Lowy que era médico rural). En otoño concurre a una                     conferencia sobre Schopenhauer dictada por un tal Max Brod. Este encuentro es el vértice                     exacto del comienzo de una amistad que trascendió los usuales límites que la muerte                     impone. Brod será con el tiempo, espejo de Kafka, insistente en la publicación de sus                     textos, biógrafo oficial y albacea literario. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1903.- &lt;/strong&gt;Este año Franz trabaja en una novela                     (luego perdida para siempre) llamada: "El niño y la ciudad". Asiste a cursos y                     discusiones con Anton Marty.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1904-05.-&lt;/strong&gt; Pasa sus vacaciones en Zuckmantel. Se                     empieza a ver seguidamente con Marx Brod, Oskar Baum y Felix WeItsch. Comienza a escribir                     "Descripción de una Lucha". Conoce a una mujer que sería, según su propia                     confesión, una de las dos únicas mujeres con &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;las que tuvo verdadera intimidad. Lee                     ávidamente las memorias y la correspondencia de Lord Byron, Grillparzer, Goethe y                     Eckerman. Se siente influenciado por el poeta alemán Hugo Von Hofmannsthal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1906.-&lt;/strong&gt; En el mes de junio se doctora en Derecho                     en la Universidad de Praga junto a Alfred Weber. Trabaja durante algunos meses en el                     estudio jurídico de su tío Richard Lowy para luego internarse alrededor de un año en                     los tribunales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1907.-&lt;/strong&gt; Escribe "Preparativos de una boda en                     el campo". Visita nuevamente Zuckmantel y en agosto, viaja a Triesch. En octubre,                     principia la condena y no hablo de su magnifico libro, quiero decir que co&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;mienza a                     trabajar en la compañía de seguros Assicurazioni Generali. El exceso de horas en el                     trabajo lo anulan como escritor, generándole angustias. Este año, la votación dentro                     del imperio austro-húngaro arroja un triunfo de los eslavos contra los germanos                     confirmando la mayoría de los primeros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1908.- &lt;/strong&gt;Entre los meses de febrero y mayo, asiste                     a un curso so&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;bre seguro obrero en la Academia Comercial de Praga. Lee junto a Brod, con                     quien estrecha la amistad, textos de Huysmans y Flaubert. Hacia fines de julio, encuentra                     trabajo de media jornada en el organismo seminacionalizado de la Compañía de Seguros de                     Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia. Trabaja de día y se consume en la noche al                     sonido de la vela donde la cera y la vida ignoran el destino. ¿Cómo saber si la vida hay                     que vivirla o ganársela?. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1909.-&lt;/strong&gt; Publica en la revista Hyperion, ocho                     fragmentos en prosa. En Septiembre pasa sus vacaciones en Riva y Brescia junto con Max y                     Otto Brod. Escribe "Los aeroplanos de Brescia". Se relaciona con cír&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;culos                     anarquistas, aunque se mantiene alejado de las luchas políticas. El país comienza a                     gobernarse por decretos imperiales (prohibido hacer analogías con remotos países                     sudamericanos). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1910.-&lt;/strong&gt; Forma parte del "Círculo de                     intelectuales". En marzo publica en Bohemia cinco artículos en prosa. En mayo, Franz                     comienza a anotar en sus diarios prolijamente sus obseciones... entre ellas, hay una que                     prevalece, la de escribir en mejores condiciones. Lleva durante 13 años estos diarios.                     Padecer insomnio, agotamiento y las nunca dejadas de lado "torturas morales".                     Cuando la salida no se encuentra, el cuerpo la halla de inmediato. Participa en una                     compañía de teatro yiddish (lengua p&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;rimitiva de los judíos refugiados en la Europa                     Central, como lo es el sefardí con respecto a los judíos de origen español expulsados                     por los Reyes Católicos en 1492). Franz es asiduo concurrente a cafés literarios,                     cabarets y salones de fiesta en Praga. La salud comienza levemente a escurrirse... esto                     hace que Franz se haga vegetariano. No bebe alcohol y no fuma. Deja de usar abrigo y se                     baña en ríos helados. En diciembre viaja a Berlín.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1911.- &lt;/strong&gt;Entre enero y febrero, viaja por negocios                     a Friedland y Reichenberg. Luego, al llegar el verano, llega a Zurich; más tarde visita                     Lugano y Milan. Visita París con Max Brod. Franz pasa una semana en el sanatorio                     naturista Fellenberg, en Erienbach, cerca de Zurich. En octubre, participa nuevamente de                     la compañía yiddish de teatro, estrechando amistad con Jizchak Löwy, su director.                     "América" comienza a tomar forma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1912.-&lt;/strong&gt; A raiz de su acercamiento a la compañía                     de teatro y a la amistad con Löwy, comienza a interesarse por la cultura judía. En                     febrero da una conferencia sobre la lengua yiddish. Marzo comienza más complicado: debe                     hacerse cargo (podría decirse contra su voluntad) de un establecimiento industrial                     perteneciente al marido de su hermana &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK15.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK15.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;mayor. El aumento de trabajo crece a la par de la                     desazón. En Julio, viaja con Brod a Weimar. Vuelve a pasar unos días solitarios en el                     sanatorio naturista Fellenberg. Conoce en este tiempo a los editores Ernest Rowohlt y Kurt                     Wolff, quienes en Diciembre publicarán la anto&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;logía de Franz "Contemplación".                     El 13 de agosto, en casa de Brod, por primera vez encuentra a Felice Bauer. Ella tiene 25                     años y vive en Berlín; es directora de la empresa Lindstrom.Franz escribe "La Condena" en septiembre y luego                     "El Fogonero", que será el capítulo primero de "América". En                     Noviembre escribe "La Metamorfosis".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1913.- &lt;/strong&gt;En contraste con lo que produce                     literariamente en 1912, entre principios de 1913 hasta mediados del 14, cae verticalmente.                     Solamente trabaja en "La Condena". En realidad, su pluma no duerme , sólo                     descansa: mantiene correspondencia con Felice hasta vísperas de las Pascuas. Decide ir a                     visitarla por primera vez a Berlin. Se mueve entre ansias y la inextinguible sensación de                     fracaso. Ya en primavera, publica "La Condena" y "El                     Fogonero". En Septiembre viaja a Viena, Venecia y Riva. Es aquí, en Riva, donde                     conoce a una mujer suiza, con quien mantiene un breve amor. En noviembre se encuentra con                     Greta Bloch, amiga de Felice Bauer, con quien mantiene correspondencia. Ocurre algo nunca                     muy claro. Franz tiene un hijo con Greta Bloch; hijo del que ignora su existencia (e                     ignorará por siempre). Unico hijo por cierto y que muere a los siete años de edad. Greta                     Bloch muere en mayo de 1944 a manos de los nazis.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1914.-&lt;/strong&gt; Vuelve a Berlín, como el año pasado, en                     las Pascuas. Se compromete con Felice Bauer aunque hasta julio durará este compromiso.                     Primero de muchos. Conoce a Ernest Weis, poeta y dramaturgo, con quien viaja por el mar                     Báltico (Hellerau, Lübeck y Marnenlst). Por estos tiempos, mantiene una relación algo                     tibia con Max Brod. En octubre escribe "En La Colonia Penitenciaria". Comienza                     "El Proceso" y en el invierno escribe "Ante la Ley", relato que                     formará parte de "El Proceso". Culmina "America", que no será                     editada hasta 1925.El archiduque Francisco Fernando, heredero del trono                     austro-húngaro, muere junto a su esposa en un atentado en Sarajevo el 28 de junio.                     Austria hace responsable a Servia y le envía un ultimátum instándola a que permita a la                     policía austríaca participar en la investigación del atentado. Servia se opone y                     moviliza tropas. Comienza la Primera Guerra Mundial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1915.-&lt;/strong&gt; Franz recibe por "El Fogonero" el premio Fontane. Se encuentra varias veces con Felice en Baldenbach. Ella desea una vida normal. El no puede. No puede, ni siquiera, el descanso nocturno... él trabaja durante el día (o mejor dicho, cumple con el mundo) y por la noche, vive y&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt; muere en cada letra. Respira cuando escribe y muere en cada amanecer insomne. Se muda varias veces de domicilio y viaja a Hungría con Elli. En noviembre ve la luz "La Metamorfosis". En diciembre comienza a escribir "El Maestro de Pueblo".La Conquista de Varsovia se produce desde el Báltico por la ofensiva austrogermana. Llegan hasta Galitzia Oriental. El Zar Nicolás asume el mando supremo de las tropas rusas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1916.-&lt;/strong&gt; En julio, se encuentra con Felice en el                     balneario de Marienbad. En el verano vuelve a pendular entre el matrimonio y la soledad.                     Escribe los cuentos que luego serán "Un Médico Rural". Noviembre lo recibe en                     Munich, donde da una conferencia leyendo fragmentos de textos propios y poemas de Max                     Brod. En invierno, el ruido molesto lo lleva a mudarse la calle Alchemist, en Praga.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1917.-&lt;/strong&gt; Durante los primeros mese del año,                     escribe uno de los relatos que formará parte de "La Muralla China"; éste se                     titula: "El Cazador Gacchus". Comienza a aprender hebreo. En la primavera                     escribe "La Constr&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;ucción de la Muralla China". Julio: nuevo compromiso con                     Felice Bauer. En agosto principian sus padecimientos pulmonares y en septiembre le                     diagnostican tuberculosis. Se niega a ingresar en el sanatorio no bien le diagnostican la                     enfermedad. Consigue tres meses de licencia por enfermedad y los aprovecha para viajar a                     casa de Ottla, su hermana, en Zürau. Lee a Kierkegaard tranquilamente, conociendo al                     existencialismo y la angustia en papel y en la vida. Termina sus estudios de hebreo y lee                     la Biblia con avidez. Escribe sus "Cuadernos en Octava" e interrumpe su diario                     súbitamente. El 21 de Septiembre visita a Felice una vez más... El 1 de Octubre le                     envía la última carta. En diciembre navega por las aguas de la pérdida... rompe con                     Felice definitivamente luego de un encuentro en Praga. Un año más tarde se casará                     Felice con quien cree haber encontrado el equilibrio que siempre buscó; como si eso                     pudiese significar algo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1918.-&lt;/strong&gt; Hasta julio permanece con su hermana en Zürau. Le quedan de la experiencia en el campo de Ottla, aspectos de la fascinante vida rural que luego se verán en "El Castillo". Viaja a Praga y Turnau. En noviembre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;, conoce a Julia Wohryzeck, hija de un custodio de sinagoga. Escribe "Una sociedad de trabajadores pobres", proyecto de sociedad ascética.En Rusia se proclama la república democrática federal marxista-leninista. Guillermo II abdica en noviembre y da paso a la república alemana. El 11 de noviembre, Alemania firma el armisticio que luego acepta Austria. Se disuelve la monarquía austro-húngara. Checoslovaquia se proclama independiente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1919.-&lt;/strong&gt; En enero se encuentra en Schelensen:                     resume sus diarios. Se reencuentra una vez más con Felice Bauer en la primavera. En mayo                     publica "En la Colonia Penitenciaria"; luego "Un médico Rural". En                     noviembre escribe "Carta al padre". El invierno lo lleva nuevamente a Schelensen                     con Max Brod y allí escribe aforismos. Podría decirse que este fin de año fue el                     comienzo de la enfermedad de Franz Kafka, hecho que lo obliga a frecuentar residencias de                     salud y hospitales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1920.-&lt;/strong&gt; Nueva intermisión en el diario que se                     extenderá hasta octubre de 1921. La enfermedad lo obliga a dejar el &lt;i&gt;Instituto de                       Accidentes &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;i&gt;de Trabajadores&lt;/i&gt;. Viaja a Meran. Es aquí donde conoce a Gustav Janouch.                     Principia el intercambio de correspondencia con Milena Jesenká-Pollak, traductora                     checoslovaca a quien luego conoce... al parecer, el amor y el tormento es la misma cosa en                     Franz. El cuerpo, en fina sintonía con el alma, lo castiga... debe internarse tras una                     recaída y en contra de su deseo. En diciembre, en el sanatorio Matliary (montes Tatra),                     de Eslovaquia, traba amistad con Robert Klopstock, estudiante de medicina y tísico como                     él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1921.-&lt;/strong&gt; Hasta mediados de año debe quedarse en el                     sanatorio de los montes. Luego de su reclusión, vuelve a Praga, donde el 15 de octubre                     anota en sus diarios que todos sus cuadernos, se los había entregado una semana antes a                     Milena. Entre la fecha y 1924, escribe los cuentos que formarán parte de "Un Artista                     del Hambre".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1922.-&lt;/strong&gt; Comienza a escribir "El                     Castillo", que en septiembre tendr&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;á terminado. Nuevamente llega febrero; nuevamente                     viaja a Praga. En mayo se encuentra por última vez con Milena. Se traslada a en Planá,                     donde se reune con su hermana Ottla y otra vez a Praga. Durante el verano escribe                     "Investigaciones de un Perro".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1923.-&lt;/strong&gt; De Praga sale en julio rumbo a Müritz,                     con su hermana Elli. En algún momento del año, le envía a Milena la última carta. Le                     cuenta su mejor noticia: Conoce a Dora Dymant en la colonia de vacaciones de un hogar                     judío de Berlín. Dora tiene 20 años y su procedencia es judío-polaca. Tal vez lo sabe;                     tal vez no, pero le dio lo que nunca había alcanzado hasta ese presente: Paz. Lo                     acompaña. Franz escribe "Una mujercita" y "La madriguera". Vive con                     Dora hacia fines de Septiembre en Berlín. Luego se mudan a Grune, en la calle Wald. En La                     Academia de Berlín, da conferencias sobre estudios Hebreos. El invierno le da "La                     Construcción". Berlín los espera nuevamente. Presenta a su editor los cuentos que                     forman "Un Artista del Hambre".&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK30.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/images/fotosK30.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1924.-&lt;/strong&gt; Franz escribe "Josefina la                     Cantora", su último texto. La salud es como arena en la mano... se va escurriendo                     sin la posibilidad de recuperación. Se agrava y nuevamente Praga lo recibe; esta será la                     última vez. Los sanatorios y las clínicas son su hogar. Dora y Robert Klopstock estan                     incansables el día y la noche. Viven su vida. El 3 de junio muere en el sanatorio de                     Kierling, cerca de Viena. Los funerales son el 11 en el cementerio de Praga-Straschnitz.                     "Un Artista del Hambre" se publica luego de su muerte. Qué más podría                     decirse. El resto está en sus textos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;big&gt;&lt;strong&gt;1931.-&lt;/strong&gt; Muere Herman Kafka, su padre.&lt;/big&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1934.- &lt;/strong&gt;Muere Julie Löwy, su madre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1942.- &lt;/strong&gt;Ottla, su hermana muere en Auschwitz. Las                     otras dos también a manos de los nazis en campos de concentración. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1944.- &lt;/strong&gt;Milena Muere en otro campo de                     concentración. Tambien es asesinada por los nazis Greta Bloch.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1952.- &lt;/strong&gt;Muere Dora Dymant en Londres. Mes de                     agosto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1960.- &lt;/strong&gt;Muere Felice Bauer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                   &lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;1968.- &lt;/strong&gt;Max Brod muere en Tel                     Aviv.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;  &lt;/p&gt;--------------------------------------------------  &lt;p class="MsoBodyText2"&gt;&lt;span style="font-size: 20pt; color: windowtext;"&gt;La Condena&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;Era domingo por la mañana, en lo más hermoso de la primavera, Georg Bendemann, un joven comerciante, estaba sentado en su habitación en el primer piso de una de las casas bajas y de construcción ligera que se extendía a lo largo del río en forma de hilera, y que sólo se distinguían entre sí por la altura y el color.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Acababa de terminar una carta a un amigo de su juventud que se encontraba en el extranjero, la cerró con lentitud juguetona y miró luego, con el codo apoyado sobre el escritorio» por la ventana, hacia el río, el puente y las colinas de la otra orilla con su color verde pálido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Reflexionó sobre cómo este amigo, descontento de su éxito en su ciudad natal, había literalmente huido ya hacía años a Rusia. Ahora tenía un negocio en San Petersburgo, que al principio había marchado muy bien, pero que desde hacía tiempo parecía haberse estancado, tal como había lamentado el amigo en una de sus cada vez más infrecuentes visitas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;De este modo se mataba inútilmente trabajando en el extranjero, la extraña barba sólo tapaba con dificultad el rostro bien conocido desde los años de la niñez, rostro cuya piel amarillenta parecía manifestar una enfermedad en proceso de desarrollo. Según contaba, no tenía una auténtica relación con la colonia de sus compatriotas en aquel lugar y apenas relación social alguna con las familias naturales de allí y, en consecuencia, se hacia a la idea de una soltería definitiva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;¿Qué podía escribírsele a un hombre de este tipo, que, evidentemente, se había enclaustrado, de quien se podía tener lástima, pero a quien no se podía ayudar? ¿Se le debía quizá aconsejar que volviese a casa, que trasladase aquí su existencia, que reanudara todas sus antiguas relaciones amistosas, para lo cual no existía obstáculo» y que, por lo demás, confiase en la ayuda de los amigos? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Pero esto no significaba otra cosa que decirle al mismo tiempo, con precaución, y por ello hiriéndole aún más, que sus esfuerzos hasta ahora habían sido en vano, que debía, por fin, desistir de ellos, que tenía que regresar y aceptar que todos, con los ojos muy abiertos de asombro, le mirasen como a alguien que ha vuelto para siempre; que sólo sus amigos entenderían y que él era como un niño viejo, que debía simplemente obedecer a los amigos que se habían quedado en casa y que habían tenido éxito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;¿E incluso entonces era seguro que tuviese sentido toda la amargura que había que causarle? Quizá ni siquiera se consiguiese traerle a casa, él mismo decía que ya no entendía la situación en el país natal, y así permanecería, a pesar de todo, en su extranjero, amargado por los consejos y un poco más distanciado de los amigos. Pero si siguiera realmente el consejo y aquí se le humillase, naturalmente no con intención sino por la forma de actuar, no se encontraría a gusto entre sus amigos ni tampoco sin ellos, se avergonzaría entonces no tendría de verdad ni hogar ni amigos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;En estas circunstancias ¿no era mejor que se quedase en el extranjero tal como estaba? ¿Podría pensarse que en tales circunstancias saldría realmente adelante aquí? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Por estos motivos, y si se queda mantener en pie la relación epistolar con él, no se le podían hacer verdaderas confidencias como se le harían sin temor al conocido más lejano. Hacía más de tres años que el amigo no había estado en su país natal y explicaba este hecho, apenas suficientemente, mediante la inseguridad de la situación política en Rusia, que, en consecuencia, no permitía la ausencia de un pequeño hombre de negocios mientras que cientos de miles de rusos viajaban tranquilamente por el mundo. Pero precisamente en el transcurso de estos tres años habían cambiado mucho las cosas para Georg. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Sobre la muerte de su madre, ocurrida hacía dos años y desde la cual Georg vivía con su anciano padre en la misma casa, había tenido noticia el amigo, y en una carta había expresado su pésame con una sequedad que sólo podía tener su origen en el hecho de que la aflicción por semejante acontecimiento se hacía inimaginable en el extranjero. Ahora bien, desde entonces, Georg se había enfrentado al negocio, como a todo lo demás, con gran decisión. Quizá el padre, en la época en que todavía vivía la madre, le había obstaculizado para llevar a cabo una auténtica actividad propia, por el hecho de que siempre quería hacer prevalecer su opinión en el negocio. Quizá desde la muerte de la madre, el padre, a pesar de que todavía trabajaba en el negocio, se había vuelto más retraído. Quizá desempeñaban un papel importante felices casualidades, lo cual era incluso muy probable; en todo caso, el negocio había progresado inesperadamente en estos dos años, había sido necesario duplicar el personal, las operaciones comerciales se habían quintuplicado, sin lugar a dudas tenían ante si una mayor ampliación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Pero el amigo no sabia nada de este cambio. Anteriormente, quizá por última vez en aquella carta de condolencia, había intentado convencer a Georg de que emigrase a Rusia y se había explayado sobre las perspectivas que se ofrecían precisamente en el ramo comercial de Georg. Las cifras eran mínimas con respecto a las proporciones que había alcanzado el negocio de Georg. Él no había querido contarle al amigo sus éxitos comerciales y si lo hubiese hecho ahora, con posterioridad, hubiese causado una impresión extraña. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Es así como Georg se había limitado a contarle cosas sin importancia de las muchas que se acumulan desordenadamente en el recuerdo cuando se pone uno a pensar en un domingo tranquilo. No deseaba otra cosa que mantener intacta la imagen que, probablemente, se había hecho el amigo de su ciudad natal durante el largo período de tiempo, y con la cual se había conformado. Fue así como Georg, en tres cartas bastante distantes entre sí, le informó acerca del compromiso matrimonial de un señor cualquiera con una muchacha cualquiera, hasta que, finalmente, el amigo, totalmente en contra de la intención de Georg, comenzó a interesarse por&lt;br /&gt;este asunto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg prefería contarle estas cosas antes que confesarle que era él mismo quien hacía un mes se había prometido con la señorita Frieda Brandenfeld, una joven de familia acomodada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia hablaba con su prometida de este amigo y de la especial relación epistolar que mantenía con él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Entonces no vendrá a nuestra boda -decía ella-, y yo tengo derecho a conocer a todos tus amigos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-No quiero molestarle -contestaba Georg-, entiéndeme, probablemente vendría, al menos así lo creo, pero se sentiría obligado y perjudicado, quizá me envidiaría y seguramente, apesadumbrado e incapaz de prescindir de esa pesadumbre, regresaría solo, solo ¿sabes lo que es eso? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Bueno, ¿no puede enterarse de nuestra boda por otro camino? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Sin duda no puedo evitarlo, pero es improbable dada su forma de vida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Si tienes esa clase de amigos, Georg, nunca debiste comprometerte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Sí, es culpa de ambos, pero incluso ahora no desearía que fuese de otra forma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Y si ella, respirando precipitadamente entre sus besos, alegaba todavía: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-La verdad es que sí que me molesta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Entonces era realmente cuando él consideraba inofensivo contarle todo al amigo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Así es como soy y así tiene que aceptarme -decía él. -No pienso convertirme en un hombre a su medida, hombre que quizá fuese más apropiado a su amistad de lo que yo lo soy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Y, efectivamente, en la larga carta que había escrito este domingo por la mañana, informaba a su amigo del compromiso que se había celebrado con las siguientes palabras: «Me he reservado la novedad más importante para el final. Me he prometido con la señorita Frieda Brandenfeld, una muchacha perteneciente a una familia acomodada que se estableció aquí mucho tiempo después de tu partida y a la que tú apenas conocerás. Ya habrá oportunidad de contarte más detalles acerca de mi prometida, baste hoy con decirte que soy muy feliz y que en&lt;br /&gt;nuestra mutua relación sólo ha cambiado algo en cuanto que tú, en lugar de tener en mi un amigo corriente, tendrás un amigo feliz. Además tendrás en mi prometida, que te manda saludos cordiales y que te escribirá próximamente, una amiga leal, lo que no deja de tener importancia para un soltero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que muchas cosas te impiden hacemos una visita, pero ¿acaso no sería precisamente mi boda la mejor oportunidad de echar por la borda, al menos por una vez, todos los obstáculos? Pero, sea como sea, actúa sin tener en cuenta todo lo demás y según tu buen criterio» &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg había permanecido mucho tiempo sentado en su escritorio con la carta en la mano y el rostro vuelto hacia la ventana. Con una sonrisa ausente había apenas contestado a un conocido que, desde la calle, le había saludado al pasar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Finalmente, se metió la carta en el bolsillo y, a través de un corto pasillo, se dirigió desde su habitación a la de su padre, en la que no había estado desde hacía meses. No existía por lo demás, necesidad de ello, porque constantemente tenía contacto con él en el negocio; comían juntos en una casa de comidas, por la noche cada uno se tomaba lo que le apetecía pero después la mayoría de las veces se sentaban un ratito, cada uno con su periódico, en el cuarto de estar común, a no ser que Georg, como ocurría con mucha frecuencia, estuviese en compañía de amigos o, como ahora, fuese a ver a su novia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg se extrañó de lo oscura que estaba la habitación del padre incluso en esta mañana soleada, tal era la sombra que proyectaba la alta pared que se elevaba al otro lado del estrecho patio. El padre estaba sentado ante la ventana, en un rincón adornado con recuerdos de la difunta madre, y leía el periódico, que sostenía de lado ante los ojos, con lo cual intentaba contrarrestar una cierta falta de visión. Sobre la mesa estaban aún los restos del desayuno, del que no parecía haber comido mucho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iAh Georg! -exclamó el padre, e inmediatamente se dirigió hacia él. Su pesada bata se abría al andar y los bajos revoloteaban a su alrededor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;«Mi padre sigue siendo un gigante», se dijo Georg. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Esto está insoportablemente oscuro -dijo a continuación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Si, si que está oscuro -contestó el padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿También has cerrado la ventana? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Lo prefiero así. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Fuera hace bastante calor -dijo georg como complemento a lo anterior, y se sentó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;El padre retiró la vajilla del desayuno y la colocó sobre una cómoda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-La verdad es que sólo quería decirte -continuó Georg, que seguía los movimientos del anciano totalmente aturdido- que, por fin, he informado a San Petersburgo de mi compromiso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Sacó un poco la carta del bolsillo y la dejó caer dentro de nuevo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿Cómo que a San Petersburgo? -preguntó el padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Si, a mi amigo -dijo Georg, y buscó los ojos del padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;«En el negocio es completamente distinto», pensó. «Cuánto sitio ocupa ahí sentado y cómo se cruza de brazos!» &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Sí, claro, a tu amigo -dijo el padre recalcándolo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Ya sabes, padre, que en un principio quería silenciar mi compromiso. Por consideración, por ningún otro motivo. Tú ya sabes que es una persona difícil. Puede enterarse de mi compromiso por otros cauces, me dije, y si bien esto apenas es probable dada su solitaria forma de vida, yo no puedo evitarlo, pero por mi mismo no debe enterarse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿Y ahora has cambiado de opinión? -preguntó el padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Puso el periódico en el antepecho de la ventana y sobre el periódico las gafas que tapaba con las manos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Sí, ahora he cambiado de opinión. Si verdaderamente se trata de un buen amigo, me he dicho, entonces mi feliz compromiso es también para él motivo de alegría y por eso no he dudado más en comunicárselo. Sin embargo, antes de echar la carta quería decírtelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Georg -dijo el padre, y estiró la boca sin dientes-, escucha por una vez. Has venido a mí por este asunto, para discutirlo conmigo. Esto te honra sin duda alguna, pero no sirve para nada, y menos aún que para nada, si no me dices ahora mismo toda la verdad. No quiero traer a colación cosas que nada tienen que ver con esto. Desde la muerte de nuestra querida madre han ocurrido ciertas cosas desagradables. Quizá también les llegue su turno, y quizá antes de lo que pensamos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;En el negocio se me escapan algunas cosas, quizá no se me oculten, ahora no quiero en modo alguno alimentar la sospecha de que se me ocultan, ya no estoy lo suficientemente fuerte, me falla la memoria, ya no puedo abarcar tantas cosas. En primer lugar esto es ley de vida y, en segundo lugar, la muerte&lt;br /&gt;de tu madre me ha afligido mucho más que a ti. Pero ya que estamos tratando de este asunto de la carta, te pido, Georg, que no me engañes. Es una pequeñez, no merece la pena, así pues, no me engañes. ¿Tienes de verdad ese amigo en San Petersburgo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg se levantó desconcertado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Dejemos en paz a mis amigos. Mil amigos no sustituyen a mi padre. ¿Sabes lo que creo?, que no te cuidas lo suficiente, pero los años exigen sus derechos. En el negocio eres indispensable para mi, bien lo sabes tú, pero si el negocio amenaza tu salud mañana mismo lo cierro para siempre. Esto no puede seguir así. Tenemos que adoptar otro modo de vida para ti, pero desde el principio. Estás sentado aquí en la oscuridad y en el cuarto de estar tendrías buena luz. Tomas un par de bocados del desayuno en lugar de comer como es debido. Estás sentado con las ventanas cerradas y el aire fresco te sentaría bien. iNo, padre mío! Iré a buscar al médico y seguiremos sus prescripciones Cambiaremos las habitaciones. Tú te trasladarás a la habitación de delante y yo a ésta. No supondrá una alteración para ti, todo se llevará allí Ya habrá tiempo de ello,&lt;br /&gt;ahora te acuesto en la cama un poquito, necesitas tranquilidad a toda costa. Vamos, te ayudaré a desnudarte, ya verás como sé hacerlo. ¿O prefieres trasladarte inmediatamente a la habitación de delante y allí te acuestas provisionalmente en mi cama?&lt;br /&gt;La verdad es que esto sería lo más sensato. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg estaba de pie justo al lado de su padre, que había dejado caer sobre el pecho su cabeza de blancos y despeinados cabellos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Georg -dijo el padre en voz baja y sin moverse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg se arrodilló inmediatamente junto al padre, vio las enormes pupilas en su cansado rostro dirigidas hacia él desde las comisuras de los ojos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-No tienes ningún amigo en San Petersburgo. Tú has sido siempre un bromista y tampoco has hecho una excepción conmigo. ¡Cómo ibas a tener un amigo precisamente allí No puedo creerlo de ninguna manera. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Padre, haz memoria una vez más -dijo Georg, levantó al padre del sillón y le quitó la bata, estaba allí tan débil...-, pronto hará ya tres años que mi amigo estuvo en casa de visita. Recuerdo todavía que no te hacía demasiada gracia. Al menos dos veces te oculté su presencia, a pesar de que en esos momentos se hallaba precisamente en mi habitación. Yo podía&lt;br /&gt;comprender bien tu animadversión hacia él, mi amigo tiene sus manías, pero después conversaste agradablemente con él.&lt;br /&gt;En aquellos momentos me sentía tan orgulloso de que le escuchases, asintieses y preguntases... Si haces memoria tienes que acordarte. Él contó entonces historias increíbles de la revolución rusa. Cómo, por ejemplo, en un viaje de negocios a Kiev, había visto en un balcón a un sacerdote que se había cortado una ancha cruz de sangre en la palma de la mano, la levantó e invocó con ella a la multitud. Tú mismo has contado de vez en cuando esta historia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Mientras tanto Georg había conseguido sentar al padre y quitarle cuidadosamente el pantalón de punto que llevaba encima de los calzoncillos de lino, así como los calcetines. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Al ver la ropa, que no estaba precisamente limpia, se hizo reproches por haber descuidado al padre. Seguro que también formaba parte de sus obligaciones el cuidar de que el padre se cambiase de ropa. Todavía no había hablado expresamente con su prometida de cómo iban a organizar el futuro del padre, porque tácitamente habían supuesto que él se quedaría solo en el piso viejo. Sin embargo, ahora se decidió, de repente y con toda firmeza, a llevárselo a su futuro hogar. Bien mirado, casi daba la impresión de que el cuidado que el padre iba a recibir allí podría llegar demasiado tarde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Llevó al padre en brazos a la cama. Una terrible sensación se apoderó de él cuando, a lo largo de los pocos pasos hasta ella, notó que su padre jugueteaba con la cadena del reloj sobre su pecho. Se agarraba con tal fuerza a la cadena del mismo, que no pudo acostarle inmediatamente. Apenas se encontró en la cama, todo pareció volver de nuevo a la normalidad. Se tapó solo y se cubrió muy bien los hombros con el cobertor. No miraba a Georg precisamente con hostilidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿Verdad que ya te acuerdas de él? -preguntó Georg, y asintió con la cabeza haciendo un gesto alentador. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿Estoy bien tapado? -preguntó el padre como si no pudiese asegurarse él mismo de que sus pies se encontraban tapados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Así es que te gusta estar en la cama -dijo Georg, y colocó mejor el cobertor a su alrededor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¿Estoy bien tapado? --preguntó el padre de nuevo, y pareció prestar especial atención a la respuesta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Estáte tranquilo, estás bien tapado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iNo! -gritó el padre de tal forma que la respuesta chocó contra la pregunta, echó hacia atrás el cobertor con una fuerza tal que por un momento quedó extendido en el aire y se puso de pie sobre la cama. Sólo con una mano se apoyaba ligera mente en el techo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Querías taparme, lo sé retoño mío, pero todavía no estoy tapado, y aunque sea la última fuerza es suficiente para ti, demasiada para ti. ¡Claro que conozco a tu amigo! Sería el hijo que desea mi corazón, por eso también le has engañado duran-&lt;br /&gt;te todos estos años. ¿Por qué si no? ¿Acaso crees que no he llorado por él? Precisamente por eso te encierras en tu oficina, el jefe está ocupado. Sólo para poder escribir tus falsas cartitas a Rusia. Pero, afortunadamente, nadie tiene que dar lecciones&lt;br /&gt;al padre de cómo adivinar las intenciones del hijo. De la misma manera que ahora has creído haberle subyugado, subyugado de tal forma que podrías sentarte con tu trasero sobre él y él no se movería, en ese momento mi señor hijo ha decidido casarse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg levantó la mirada hacia el espectro de su padre. El amigo de San Petersburgo a quien de repente el padre conocía tan bien, se apoderaba de él como nunca hasta ahora. Le vio perdido en la lejana Rusia. Le vio en la puerta del negocio vacío y desvalijado, entre las ruinas de las estanterías, entre los géneros hechos jirones, entre los tubos de gas que estaban caídos, él permanecía todavía erguido. ¿Por qué había tenido que irse tan lejos? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iPero mírame -gritó el padre, - Georg corrió, casi distraído, hacia la cama, con la intención de comprenderlo todo, pero se quedó parado a mitad de camino. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Porque ella se ha levantado las faldas -comenzó a hablar el padre-, porque se ha levantado así las faldas de cerda asquerosa -y para expresarlo plásticamente se levantó el camisón tan alto que se veía sobre el muslo la cicatriz de sus años de guerra-, porque se ha levantado así, y así las faldas, te has acercado a ella y, para poder gozar con ella sin que nadie molestase, has profanado la memoria de nuestra madre, has traicionado al amigo y has metido en la cama a tu padre para que no se pueda mover, pero ¿puede moverse o no? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Permanecía en pie sin apoyo alguno y lanzaba las piernas en todas las direcciones. sonreía con entusiasmo al comprenderlo todo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg estaba de pie en un rincón lo más lejos posible del padre. Desde hacía un rato había decidido firmemente observarlo todo con exactitud, para no ser indirectamente sorprendido de alguna forma por detrás o desde arriba. Entonces se acordó de nuevo de la decisión, ya hacía rato olvidada, y volvió a olvidarla tan deprisa como se pasa un hilo corto a través del ojo de una aguja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-No obstante el amigo no ha sido todavía traicionado&lt;br /&gt;-gritó el padre, y lo corroboraba su índice movido de acá para allá- yo era su representante en este lugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg no pudo evitar gritar: iComediante! Reconoció inmediatamente el daño y demasiado tarde, los ojos fijos se mordió la lengua hasta doblarse de dolor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iSi, por supuesto que he representado una comedia! iComedia! iBuena palabra! ¿Qué otro consuelo le quedaba al anciano padre viudo? Dime, y durante el momento que dure la respuesta sé todavía mi hijo vivo. ¿Qué otra salida me quedaba en mi habitación interior, perseguido por un personal infiel, viejo hasta los huesos? Y mi hijo iba con júbilo por la vida, ultimaba negocios que yo había preparado, se retorcía de la risa y pasaba ante su padre con el reservado rostro de un hombre de honor. ¿Crees tú que yo no te hubiese querido, yo, de quien saliste tú? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;«Ahora se inclinará hacia delante», pensó Georg, «¡si se cayese y se estrellase!» Esta palabra se le pasó por la cabeza como una centella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;El padre se echó hacia delante, pero no se cayó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Puesto que Georg no se acercaba como había esperado, se irguió de nuevo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iQuédate donde estás, no te necesito! Piensas que tienes todavía la fuerza suficiente para venir aquí, y solamente te contienes porque así lo deseas, iNo te equivoques! Todavía soy el más fuerte, iYo solo habría tenido quizá que retirarme pero así la madre me ha dado su fuerza, con tu amigo me alié maravillosamente y a tu clientela la tengo aquí en el bolsillo! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-¡lncluso en el camisón tiene bolsillos! -se dijo Georg, y creyó que con esta observación podría hacerle quedar en ridículo ante todo el mundo. Pensó en esto sólo durante un momento, porque inmediatamente volvía a olvidarlo todo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iCuélgate del brazo de tu novia y ven hacia mí! iTe la barro de al lado y no sabes cómo! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg hacía muecas como si no pudiese creerlo. El padre sólo asentía con la cabeza, ratificando la verdad de lo que decía y dirigiéndose al rincón en que se encontraba Georg. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iCómo me has divertido hoy cuando has venido y me has preguntado si debías contarle a tu amigo lo del compromiso! ¡Si lo sabe todo, estúpido, lo sabe todo! Yo le escribía porque olvidaste quitarme las cosas para escribir. Por eso ya no viene desde hace años, lo sabe todo cien veces mejor que tú mismo, tus cartas las arruga con la mano izquierda sin haberlas leído, mientras que con la derecha se pone delante mis cartas para leerlas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;De puro entusiasmo agitaba el brazo por encima de la cabeza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iLo sabe todo mil veces mejor! -gritó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Diez mil veces -dijo Georg con la intención de burlarse de su padre, pero todavía en su boca estas palabras adquirieron un tono profundamente serio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iDesde hace años estoy a la espera de que me vengas con esa pregunta! ¿Crees que me preocupa alguna otra cosa? ¿Crees que leo periódicos? iMira!-&lt;br /&gt;Y tiró a Georg un periódico que, de alguna forma, había ido a parar a su cama. Un periódico viejo con un nombre que a Georg le era completamente desconocido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-iCuánto tiempo has tardado en llegar a la madurez! Tuvo que morir tu madre, no llegó a ver el día de júbilo. El amigo perece en su Rusia, ya hace tres años estaba amarillo de muerte, y yo, ya ves cómo me va a mí, para eso tienes ojos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Entonces me has espiado -gritó Georg. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;El padre dijo como si tal cosa y en tono compasivo: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Probablemente eso querías haberlo dicho antes, ahora ya no viene a cuento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Y en voz más alta: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Ahora ya sabes lo que había además de ti, hasta ahora no sabias más que de ti mismo. Lo cierto es que fuiste un niño inocente, pero aún más ciertamente fuiste un hombre diabólico. Por eso has de saber que yo te condeno a morir ahogado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Georg se sintió como expulsado de la habitación, el golpe con el que el padre a su espalda había caído sobre la cama resonaba todavía en sus oídos. En la escalera, por cuyos escalones bajaba tan deprisa como si se tratase de una rampa inclinada, sorprendió a la criada que estaba a punto de subir para arreglar el piso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;-Jesús! -gritó, y se tapó la cara con el delantal, pero él ya se había ido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;Salió del portal de un salto, el agua le atraía por encima de la calzada. Ya se asía firmemente a la baranda como un hambriento a la comida. Saltó por encima como el excelente atleta que, para orgullo de sus padres, había sido en sus años juveniles. todavía seguía sujeto con las manos, que se iban abriendo poco a poco, divisó entre las barras de la baranda un ómnibus que cubriría con facilidad el ruido de su caída, exclamó en voz baja: «Queridos padres, siempre os he querido», y se dejó caer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;En ese momento atravesaba el puente un tráfico verdaderamente interminable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                     &lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;                 &lt;/blockquote&gt;            &lt;/blockquote&gt;                         &lt;table id="table4" border="0" height="163" width="55%"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;    &lt;td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;   &lt;/tr&gt;   &lt;tr&gt;    &lt;td background="../IMAGES/piedrainfe.jpg"&gt;      &lt;div align="center"&gt;        &lt;table id="table5" border="0" height="91" width="96%"&gt;         &lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;          &lt;td&gt;         &lt;div align="center"&gt;          &lt;p style="margin-top: 0pt; margin-bottom: 0pt;"&gt;            &lt;span style="font-family:Verdana;font-size:78%;color:#ffffff;"&gt;             &lt;object classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11CF-96B8-444553540000" id="obj4" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" border="0" height="50" hspace="0" width="530"&gt;             &lt;param name="movie" value="../IMAGES/botonera_inferior.swf"&gt;             &lt;param name="quality" value="High"&gt;             &lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;             &lt;embed src="http://www.lamaquinadeltiempo.com/IMAGES/botonera_inferior.swf" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" type="application/x-shockwave-flash" name="obj4" quality="High" wmode="transparent" height="50" width="530"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;              &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-5361143060892477706?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/5361143060892477706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=5361143060892477706&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/5361143060892477706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/5361143060892477706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/franz-kafka-la-condena.html' title='FRANZ KAFKA   La Condena'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-6643739250446814695</id><published>2007-06-22T11:26:00.000-07:00</published><updated>2007-06-22T11:44:34.805-07:00</updated><title type='text'>JUAN JOSE MOROSOLI         El Burro</title><content type='html'>&lt;table border="0" width="620"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;span style="font-size:+3;color:#666666;"&gt;Juan José Morosoli&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:+2;color:#666666;"&gt;(Uruguay, 1899-1957)&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt; &lt;tr&gt;&lt;td colspan="2"&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;img src="http://www.epdlp.com/fotos/pluma.gif" align="left" height="70" hspace="5" /&gt;   &lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;b&gt;N&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;ovelista y ensayista uruguayo nacido en Minas. En los años veinte fue propie&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.epdlp.com/fotos/morosoli.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.epdlp.com/fotos/morosoli.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;tario de un café donde se reunían intelectuales y a partir de 1925 inició su carrera literaria. Escribió &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;en los diarios El Día, Mundo Uruguayo y Marcha, aunque su reconocimiento llegó en 1936 cuando&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; aparece su obra &lt;b&gt;Los Albañiles de los Tapes&lt;/b&gt;.  Anteriormente había escrito &lt;b&gt;Hombres&lt;/b&gt; (1932) y posteriormente &lt;b&gt;Hombres y mujeres&lt;/b&gt; (1944), &lt;b&gt;Perico&lt;/b&gt; (1945), &lt;b&gt;Muchachos&lt;/b&gt; (1950) y &lt;b&gt;Vivientes&lt;/b&gt; (1955). &lt;b&gt;Tierra y tiempo&lt;/b&gt; (1959), &lt;b&gt;El viaje hacia el mar&lt;/b&gt; (1962) y &lt;b&gt;La soledad y la creación literaria&lt;/b&gt; (1971) fueron libros póstumos. Juan José Morosoli con el poder de su imaginación creadora, hizo sentir en sus obras el dulcísimo sabor de las horas ligeras en que la vida es un juego; cuando la subjetividad plasma con mitológica gracia todas las cosas del mundo. Arboles, animales, estrellas, en esa libertad animadora&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS, Tahoma, Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; tan parecida al arte, cuando todo puede ser. Murió el 29 de diciembre de 1957.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EL BURRO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Umpiérrez se levantaba, empezaba el mate, encendía el fuego y ponía un churrasquito en las brasas. Después desayunaba y se iba al horno de ladrillos donde trabajaba. Al mediodía se apartaba del grupo de "cortadores" que hacían un fuego en común, encendía su propio fuego, tomaba mate, ponía un churrasquito y almorzaba. De tarde, al rgresar del horno, pasaba por el matadero, levantaba achuras, las asaba, tomaba mate y cenaba. Luego se sentaba frente a la noche, fumando. Por el camino ciego que moría en el horno, no pasaba nadie. A sus espaldas las tunas y cinacinas borroneaban la noche. Después se iba a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez Anchordoqui le preguntó:&lt;br /&gt;-¿Pero vos no vas nunca al boliche?&lt;br /&gt;-¿Pa qué?&lt;br /&gt;-A jugar un truco... A tomar una caña...&lt;br /&gt;-¿Para salir peliando después?&lt;br /&gt;-¿Y las mujeres, no te gustan?&lt;br /&gt;-¿Pa qué? ¿Para llenarte de hijos?&lt;br /&gt;Anchordoqui seguía preguntando. Esperaba dejarlo sin respuesta.&lt;br /&gt;-¿Y perro no tenés?&lt;br /&gt;-¿Pa qué?&lt;br /&gt;-¿Como pa qué? -dijo Anchordoqui malhumorado-. ¿Pa qué...? Para tenerlos nomás, para lo que se tienen los perros!&lt;br /&gt;-Para tenerlos nomás, mejor no tenerlos...&lt;br /&gt;-Pero alguna diversión tenés que tener -dijo Anchordoqui en retirada.&lt;br /&gt;-¿Querés mejor diversión que vivir como yo vivo?&lt;br /&gt;Esta vez fue Anchordoqui el que no contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los vecinos se llevaban bien. A Nemesia la lavandera, vecina de metros más allá, la veía cuando se levantaba. Ella le daba los buenos días, arrimaba el carrito de mano, en el que llevaba las bolsas de ropa al arroyo y al fin las cargaba. Alguna vez Umpiérrez la ayudaba a levantar las bolsas.&lt;br /&gt;Con Vera -el guardia civil lindero del otro lado-, se veían a boca de noche, cuando regresaba de "el servicio", y solían cambiar algunas palabras. Una vez que este estuvo enfermo fue a acompañarlo. LLevó la pava y el mate y se sentó al lado de la cama, le preguntó si quería algo y luego se puso a tomar mate callado.&lt;br /&gt;Al rato Vera le dijo:&lt;br /&gt;-Yo no hablo porque tengo la garganta mal...&lt;br /&gt;-Quédese callao nomás -respondió él-, yo no vine a hablar. Vine a acompañarle.&lt;br /&gt;Así estuvo hasta que Vera se durmió.&lt;br /&gt;-El hombre está dormido -se dijo-. Y levantó la pava, puso el mate en un bolsillo y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día partió hacia la estancia de Ramírez. Iba a hacerle cuatro "quemas" de ladrillo "por un tanto" con techo y comida.&lt;br /&gt;Al terminar le dijo a Ramírez:&lt;br /&gt;-El trabajo está... Si no precisa algo más...&lt;br /&gt;Ramírez le contestó que no. Le dijo -además- que estaba muy contento con él y con el trabajo que había hecho.&lt;br /&gt;-Le voy a regalar una manta de charque, medio capón y una bolsa de boniatos.&lt;br /&gt;-La cuestión es llevarlo -comentó él.&lt;br /&gt;-Cargue en el burro y cuando llegue a su rancho lo echa al camino...&lt;br /&gt;-¿Y cabrestiará? -preguntó Umpiérrez.&lt;br /&gt;-Pruebe...&lt;br /&gt;Era un burro sin dueño y cansado de caminos, que había llegado allí un día que encontró la portera abierta. Era de pelo gris, con basteras que empezaban a pelechar, de orejas quebradas que le caían sobre las quijadas.&lt;br /&gt;El ensilló su caballo, cargó el burro y partió. El burro emparejó el trotecito del caballo sin dificultad. Cabrestiaba que daba gusto. Había marchado como una hora olvidado del burro, cuando se le ocurrió mirar para atrás. El cabestro se había desprendido de la asidera, pero el burro seguía la marcha como si nada hubiera ocurrido.&lt;br /&gt;-¡Mirá! -dijo Umpiérrez.&lt;br /&gt;Desmontó, sacudió la clinera del burro con simpatía, ató otra vez el tiro y siguió camino adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó, desensilló, y luego de refrescar el caballo lo soltó allí nomás en el potrero lindero al horno. Luego consideró que el burro tendría sed. Sacó la lata de lavarse los pies, la llenó de agua y esperó.&lt;br /&gt;-Sin duda el burro, después de beber -pensó-, tomará el camino. Hambre tiene que tener...&lt;br /&gt;Pero no. El burro bebió y luego se paró frente a él, mirándole con curiosidad llena de ternura.&lt;br /&gt;-¿Pero ha visto? -dijo Umpiérrez hablando para sí mismo a media voz. Y tras un silencio:&lt;br /&gt;-Umpiérrez, traéle un poco de chala... te trajo el charque y el capón y los boniatos.&lt;br /&gt;Y cuando él se aconsejaba, siempre aceptaba los consejos.&lt;br /&gt;Por eso fue a buscar un brazado de chala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día cuando volvió del trabajo, encontró a López -un español riquísimo dueño de medio pueblo-, parado frente al burro.&lt;br /&gt;-¡Qué lindo animal! -le dijo y agregó-: Cuando yo era niño y cuidaba ovejas en la montaña, tenía uno igual...&lt;br /&gt;Unpiérrez pensó que López se estaba riendo de él y del burro. Pero no, porque López siguió así:&lt;br /&gt;-Mañana traigo a mis nietos a verlo y te mandaré un saco de maíz y otro de afrecho.&lt;br /&gt;Umpiérrez se quedó cavilando. Halló que la actitud del burro con él, y la de López con el burro eran una cosa rara. Y aquella generosidad, conociendo a López, más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El iba al horno, venía. Se iba otra vez. El burro lo veía partir, de pecho al camino, como hace un perro cuando se va el amo. Al atardecer, cuando Umpiérrez volvía, el burro estaba allí esperándole.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde estaban López y Nemesia frente al rancho.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? -preguntó Umpiérrez.&lt;br /&gt;-Pasa que los muchachos casi matan al burro a pedradas. Si Nemesia no llega a tiempo... Mañana hacemos el alambrado y un galpón de cajones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un galpón abrigado, de piso seco, con olor a pasto. Cuando llovía, Nemesia iba allí a lavar y a secar la ropa. Umpiérrez cebaba mate para los dos. Un día ella se comidió para hacer la comida, y él aceptó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anchordoqui terminó el comentario:&lt;br /&gt;-No quería bichos ni mujer, pero el asunto es que los tres se la pasan mejor que yo...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-6643739250446814695?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/6643739250446814695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=6643739250446814695&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/6643739250446814695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/6643739250446814695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/juan-jose-morosoli-el-burro.html' title='JUAN JOSE MOROSOLI         El Burro'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-1521604165622185377</id><published>2007-06-22T09:27:00.000-07:00</published><updated>2007-06-22T09:55:21.420-07:00</updated><title type='text'>ARTURO SCHOPENHAUER               La Muerte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://ftp.vub.ac.be/%7Ecgershen/jlagunez/filosofia/schopenhauer.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://ftp.vub.ac.be/%7Ecgershen/jlagunez/filosofia/schopenhauer.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/13134.htm"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/13134.htm" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Arturo Schopenhauer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; (1788-1860). Filósofo alemán hijo de un rico comerciante de Dantzig. Pasó los primeros años de sus juventud viajando por toda Europa en viajes de comercios, tratandose con los eruditos más destacables de su época como &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Goethe" title="Goethe"&gt;Goethe&lt;/a&gt;. Estudió en la universidad de Gottinga, donde &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Schulze" title="Schulze"&gt;Schulze&lt;/a&gt; le introdujo en los textos de &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Kant" title="Kant"&gt;Kant&lt;/a&gt; y &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Plat%F3n" title="Platón"&gt;Platón&lt;/a&gt;. También estudió en Berlín, enseñando como docente privado en esta ciudad con poco éxito (1820), retirándose a Francfort hasta su muerte. Su obra capital es &lt;i&gt;El mundo como voluntad y representación&lt;/i&gt; (1814-1818). &lt;/p&gt;La &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Filosof%EDa" title="Filosofía"&gt;filosofía&lt;/a&gt; de Schopenhauer parte del &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Idealismo" title="Idealismo"&gt;idealismo&lt;/a&gt; reduciendo el &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Mundo" title="Mundo"&gt;mundo&lt;/a&gt; a &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Voluntad" title="Voluntad"&gt;voluntad&lt;/a&gt; y &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Representaci%F3n" title="Representación"&gt;representación&lt;/a&gt;, en el sentido de &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Godofredo_Guillermo_Leibniz" title="Godofredo Guillermo Leibniz"&gt;Godofredo Guillermo Leibniz&lt;/a&gt;. Sin embargo, lo que prima en el mundo es la voluntad, en tanto que cosa &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=En_s%ED" title="En sí"&gt;en sí&lt;/a&gt; originaria y última. La representación, en tanto que forma propia del &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Hombre" title="Hombre"&gt;hombre&lt;/a&gt;, permite la liberación de la voluntad. Es el &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Arte" title="Arte"&gt;arte&lt;/a&gt;, en tanto que nos permite descubrir las ideas de las cosas, los ejemplares eternos, anteriores a toda lucha de la &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Existencia" title="Existencia"&gt;existencia&lt;/a&gt;, lo que permite elevarse por encima del &lt;a href="http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Intelecto" title="Intelecto"&gt;intelecto&lt;/a&gt; individual. Sin embargo, la única forma de liberación definitiva es la constatación de la nulidad de toda existencia individual, originada por los actos libres de redimirse a uno mismo suprimiendo la voluntad de vivir.&lt;br /&gt;&lt;!-- fin bloques actualidad --&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:22;"  &gt;LA MUERTE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.8pt;"&gt;La muerte es el genio inspirador, el musagetes de la filosofía... Sin ella, difícilmente se hubiera filosofado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.8pt;"&gt;Nacimiento y muerte pertenecen igualmente a la vida y se contrapesan. El uno es la condición de la otra. Forman los dos extremos, los dos polos de todas las manifestaciones de la vida. Esto es lo que la más sabia de las mitologías, la de la India, expresa con un símbolo dando como atributo a Schiwa, el dios de la destrucción, al mismo tiempo que su collar de cabezas de muerto, el Lingam, órgano y símbolo de la generación. El amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial; se neutralizan, se suprimen el uno al otro. Por eso, los griegos y los romanos adornaban esos preciosos sarcófagos que aun vemos hoy con bajorrelieves figurando fiestas, danzas, bodas, cazas, combates de animales, bacanales, en una palabra, imágenes de la vida más alegre, más animada, más intensa, hasta grupos voluptuosos, y hasta sátiros ayuntados con cabras.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.8pt;"&gt;Su objeto era evidentemente llamar la atención al espíritu de la manera más sensible, por el contraste entre la muerte del hombre a quien se llora encerrado en la tumba, y la vida inmortal de la naturaleza.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.8pt;"&gt;La muerte es desate doloroso del nudo formado por la generación con voluptuosidad. Es la destrucción violenta del error fundamental de nuestro ser, el gran desengaño.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;La individualidad de la mayoría de los hombres es tan miserable y tan insignificante, que nada pierden con la muerte. Lo que en ellos puede aún tener algún valor, es decir, los rasgos generales de humanidad, eso subsiste en los demás hombres. A la humanidad y no al individuo es a quien e le puede asegurar la duración.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;Si le concediesen al hombre una vida eterna, la rigidez inmutable de su carácter y los estrechos límites de su inteligencia le parecerían a la larga tan monótonos y le inspirarían un disgusto can grande que para verse libre de ellos concluiría por preferir la nada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito. En el fondo, toda individualidad es un error especial, una equivocación, algo que no debiera existir; y el verdadero objetivo de la vida es librarnos de él.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;Prueba de ello que la mayoría de los hombres, por no decir todos, están constituidos de tal suerte que no podrían ser felices en ningún mundo donde sueñen verse colocados. Si ese mundo estuviera exento de miseria y de pena, se verían presa del tedio; y en la medida en que pudieran escapar de éste, volverían a caer en las miserias, los tormentos, los sufrimientos. Así, pues, para conducir al hombre a un estado mejor, no bastaría ponerle en un mundo mejor, sino que sería preciso de toda necesidad transformarlo totalmente, hacer de modo que no sea lo que es y que ligara a ser lo que no es. Por tanto, necesariamente tiene que dejar de ser lo que es. Esta condición previa la realiza la muerte, y desde ese punto de vista concíbese su necesidad moral.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;Ser colocado en otro mundo y cambiar totalmente su ser, son en el fondo una sola y misma cosa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.2pt;"&gt;Una vez que la muerte ha puesto término a una conciencia individual, ¿sería deseable que esta misma conciencia ¿seria deseable que esta misma conciencia se encendiese de nuevo para durar una eternidad?&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;¿Qué contiene, la mayor parte de las veces? Nada más que un torrente de ideas pobres, es, trechas, terrenales y cuidados sin cuento. Dejadla, pues, descansar en paz para siempre.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.5pt;"&gt;Parece que la conclusión de toda actividad vital es un maravilloso alivio para la fuerza que la mantiene. Esto explica tal vez la expresión de dulce serenidad difundida en el rostro de la mayo, ría de los muertos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.5pt;"&gt;¡Cuán larga es la noche del tiempo limitado si se compara con el breve ensueño de la vida!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.5pt;"&gt;Cuando en otoño se observa el pequeño mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el pendo y largo sueño del invierno, que otro hace su capullo para pasar el invierno en estado de crisálida y renacer un día de primavera con toda su juventud y en toda su perfección, y, en fin, que la mayoría de ellos, al tratar de tomar descanso en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en lugar favorable para renacer un día rejuvenecidos en un nuevo ser, ¿qué otra cosa es esto sino la doctrina de la inmortalidad, enseñada por la naturaleza? Esto quiere darnos a entender que entre el sueño y la muerte no hay diferencias radicales, que ni el uno ni la otra ponen en peligro la existencia. El cuidado con que el insecto prepara su celdilla, su agujero, su nido, así como el alimento para la larva que ha de nacer en la primavera próxima, y hecho esto, muere tranquilo, seméjanse en todo al cuidado con que un hombre coloca en orden por la noche sus vestidos y dispone su desayuno para la mañana siguiente, y luego se duerme en paz.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.4pt;"&gt;Esto no podría suceder si el insecto que ha de morir en otoñe, considerado en sí mismo y en su verdadera esencia, no fuese idéntico al que ha de desarrollarse en primavera; lo mismo que el hombre que se acuesta es el que después se levanta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;              &lt;/span&gt;Mirad vuestro perro: ¡qué tranquilo y contento está! Millares de perros han muerto antes de que éste viniese a 'la vida. Pero la desaparición de todos aquellos no ha tocado para nada la idea del perro. Esta idea no se ha obscurecido por su muerte. He aquí&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;por qué&lt;b&gt; &lt;/b&gt;vuestro perro está tan fresco, tan animado por fuerzas juveniles, como vuestro perro éste fuera su primer día y no hubiese de tener término. A través de sus ojos brilla el principio indestructible que hay en él, el &lt;i&gt;archaeus.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.4pt;"&gt;¿Qué es, pues, lo que la muerte ha destruido a través de millares de años? No es el perro; ahí está, delante de vosotros, sin haber sufrido detrimento alguno. Solo su sombra, su figura, es lo que la que la debilidad de nuestro conocimiento no puede percibir sino en el tiempo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.4pt;"&gt;Por su persistencia absoluta, la materia nos asegura una in, destructibilidad, en virtud de la cual quien fuere incapaz de concebir otra idea, podría consolarse con la de cierta inmortalidad. "¿Qué -se dirá- la persistencia de un puro polvo, de una materia bruta, puede ser la continuidad de nuestro ser?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.4pt;"&gt;¿Pero conocéis ese polvo, sabéis lo qué es y lo qué puede ser? Antes de menospreciarlo, aprended a conocerlo. Esta materia, que no es más que polvo y ceniza disuelta muy pronto en el agua, se va a convertir en un cristal, a brillar con el brillo de los metales, a producir chispas eléctricas, a manifestar su poder magnético, a modelarse en plantas y animales, y a desarrollar, en fin, en su seno misterioso esa vida cuya pérdida atormenta tanto a vuestro limitado espíritu. ¿No es nada, pues, el perdurar bajo la forma de esta materia?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify;"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.35pt;"&gt;No conocemos mayor juego de dados que el juego del nacimiento y de la muerte. Preocupados, interesados, ansiosos hasta el extremo, asistimos a cada partida, porque a nuestros ojos todo va puesto en ella, por el contrario, la naturaleza, que no miente nunca, la naturaleza, siempre fresca y abierta, se expresa acerca de este asunto de una manera muy diferente. Dice que nada le importan la vida o la muerte del individuo, y esto lo expresa entregando la vida del animal y también la del hombre a menores azares, sin hacer ningún esfuerzo para salvarlos. Fijaos en el insecto que va por vuestro camino: el menor extravío involuntario de vuestro pie decide de su vida o de su muerte. Ved el animal de los bosques, desprovisto de todo medio 'de huir, defenderse, engañar ocultarse, presa expuesta al primero que llegue; ved el pez, como juega libre de inquietudes dentro de la red aún abierta; la rana, a quien su lentitud impide huir y salvarse: el ave que revolotea a la vista del halcón que se cierne sobre ella y a quien no ve; la oveja, espiada por el lobo oculto en el bosque: todas esas víctimas, débiles, inertes, imprudentes, vagan en medio de ignorados riesgos que a cada instante las amenazan. La naturaleza, al abandonar así sin resistencia sus organismos, no solo a la avidez del más fuerte, sino al azar más ciego, al humor del primer imbécil que pasa, a la perversidad del niño; la Naturaleza expresa así, con su estilo lacónico, de oráculo, que le es indiferente el anonadamiento de esos seres, que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;no puede perjudicarla, que nada significa, y que en casos tales tan indiferentes en la causa como el efecto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 22.35pt;"&gt;Así, pues, cuando esta madre soberana y universal expone a sus hijos sin escrúpulo alguno a mil riesgos inminentes, sabe que al sucumbir es que caen otra vez en su seno, donde los tiene ocultos: Su muerte no es más que un retozo, un jugueteo. Lo mismo le sucede al hombre que a los animales. El oráculo de la naturaleza se extiende a nosotros. Nuestra vida o nuestra muerte no le conmueve `y no debieran emocionarnos, porque nosotros también formamos parte de la naturaleza.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.45pt;"&gt;Estas consideraciones nos traen a nuestra propia especie. Y si miramos adelante, hacia un porvenir muy remoto, y tratamos de representarnos las generaciones futuras con sus millones de individuos humanos diferentes de -nosotros en usanza y costumbres, nos hacemos estas preguntas: ¿De dónde vendrán todos? ¿Dónde están ahora? ¿Dónde se halla el amplio seno de la nada, preñado del mundo, que aún guarda las generaciones venideras?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.45pt;"&gt;Pero a estas preguntas hay que sonreírse y responder: No puede estar sino donde toda la realidad ha sido y será, en el presenté y en lo que contiene.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm -1.2pt 0.0001pt -17pt; text-align: justify; text-indent: 23.45pt;"&gt;Por consiguiente, en ti, preguntón insensato, que desconoces tu propia esencia y te pareces a la hoja en el árbol cuando, marchitándose en otoño pensando en que se ha de caer, se lamenta de su caída y no queriendo consolarse a la vista del fresco verdor con que se engalanará el árbol en la primavera, dice gimiendo: "No seré lo, serán otras hojas".&lt;/p&gt;  &lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:12;"  &gt;¡Ah, hoja insensata! ¿A dónde quieres ir, pues, y de dónde podrían venir las otras hojas? ¿Dónde está esa nada, cuyo abismo temes? Reconoce tu mismo ser en esa fuerza intima, oculta, siempre activa, del árbol, que a través de todas sus generaciones de hojas no es atacado ni por el nacimiento ni por la muerte. ¿No sucede con las generaciones humanas como con las de las hojas?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/790232065608988322-1521604165622185377?l=mimlioteca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mimlioteca.blogspot.com/feeds/1521604165622185377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=790232065608988322&amp;postID=1521604165622185377&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1521604165622185377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/790232065608988322/posts/default/1521604165622185377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mimlioteca.blogspot.com/2007/06/arturo-schopenhauer-la-muerte.html' title='ARTURO SCHOPENHAUER               La Muerte'/><author><name>el warren</name><uri>https://profiles.google.com/117556511090178725659</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh6.googleusercontent.com/-eE2dUin3a78/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAWA/hbGVSquBI4g/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-790232065608988322.post-7836422621931558533</id><published>2007-06-22T08:54:00.000-07:00</published><updated>2007-06-22T09:11:40.606-07:00</updated><title type='text'>ROBERT L. STEVENSON     La Isla Del Tesoro</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:130%;"  &gt;Robert    Louis Stevenson&lt;/span&gt; &lt;div style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:130%;"  &gt;(1850-1894)&lt;/span&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;"&gt;Escritor    escocés &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;"&gt;"Estos    son los predestinados; si un hombre ama su oficio, independientemente de cualquier    consideración respecto a la fama o al éxito, los dioses lo han    escogido". &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;"&gt;Nació    el 13 de noviembre de 1850 en Edimburgo. Criado en el seno de una familia acomodada,    su padre era ingeniero, cursó estudios en la universidad de su ciudad    natal. Desde su infancia sintió inclinación por la literatura.    Influido por la narrativa de Sir Walter Scott, muchas de sus historias están    ambientadas en la Edad Media aunque tal vez sea el Pacífico el espacio    literario que explorase con mayor fruicción. Enfermo de tuberculosis,    se vio obligado a viajar continuamente en busca de climas apropiados a su delicado    estado de salud. Sus primeros escritos publicados son descripciones de algunos    de estos &lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.sc.edu/library/spcoll/britlit/rls/rls5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.sc.edu/library/spcoll/britlit/rls/rls5.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;"&gt;viajes. Así, Viaje tierra adentro (1878) cuenta un recorrido    en canoa a través de Francia y Bélgica que había realizado    en 1876, y Viajes en burro por las Cevannes (1879) los avatares de un viaje    a pie por las montañas del sur de Francia, en 1878. Uno de sus viajes    posteriores le llevó, en un barco de emigrantes, a California (1879-1880),    donde, en 1880, contrajo matrimonio con la divorciada estadounidense Fanny Osbourne.    Otro de ellos consistió en un crucero de placer por el sur del Pacífico    (1889) hasta las islas Samoa, donde él y su esposa permanecieron hasta    1894, en un último esfuerzo por recuperar la salud del escritor. Los    nativos le dieron el nombre de Tusitala ('el que cuenta historias'). Allí    falleció a finales de ese mismo año, murió con 44 años    de una hemorragia cerebral el 3 de diciembre, y fue enterrado en la cima de    una montaña, cerca de Valima, su hogar samoano. Escribió al menos    tres obras maestras: La isla del tesoro, La flecha negra y El extraño    caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde. En dos de ellas creó sendos personajes    que han pasado a la galería de arquetipos de la literatura europea: Long    John Silver, el astuto pirata en cuyos tenebrosos planes hay siempre una gota    de humanidad que termina ganándose el corazón de los lectores;    y el doctor Jekyll, el sabio que vive al margen de todo y que cae en la tentación    faústica de experimentar las sensaciones más peligrosas y para    ello crea
